Base Machu Picchu en la Antártida: los peruanos exploradores del hielo

Misión. Edgar Huarajo (de espaldas) junto a sus compañeros de la expedición dando instrucciones de los puntos a ubicar en terrenos de la Antártida.
Misión. Edgar Huarajo (de espaldas) junto a sus compañeros de la expedición dando instrucciones de los puntos a ubicar en terrenos de la Antártida.

Investigadores. Desde diciembre pasado, realizan estudios de impacto ambiental en la base Machu Picchu y en la cual registran los cambios que se producen en la Tierra.

 

Denisse Sotomayor,
desde la Antártida

Edgar Huarajo Casaverde es un experimentado ingeniero cartógrafo que tiene una de las misiones más importantes en la vigésima expedición del Perú en la Antártida: rastrear con un GPS el terreno en el que se ubica la base Machu Picchu y bautizar los accidentes geográficos naturales y artificiales antárticos con nombres peruanos.

Huarajo forma parte del equipo de 32 expedicionarios peruanos (científicos, biólogos, entre otros) que permanecen en el continente antártico desde hace dos meses. Allí realizan programas de investigación científica, estudios de impacto ambiental y levantamiento cartográfico de la zona.

"Mi objetivo es elaborar un mapa en la escala de uno a cinco mil del perímetro donde trabaja el Perú en la Antártida. Esto significa que cada centímetro en el mapa equivale a cincuenta metros del territorio real", explica Huarajo, quien es teniente coronel del Ejército Peruano e hizo una especialización en cartografía durante  cinco años en Brasil.

Registrar los cambios

"Un mapa no solo sirve para saber dónde estás y cuál es tu área de trabajo. Con un conocimiento del terreno puedes crear una estrategia de crecimiento, saber de dónde extraer el agua y cuál es el lugar indicado para los refugios", explica el compatriota.

Por otro lado, también se puede hacer un seguimiento de los cambios que ocurren en la Tierra. "Por ejemplo, puedes saber cuál es el área de deshielo en la Antártida anualmente. Podremos decir que en el año 2012 los glaciares disminuyeron 300 km2 y que la costa retrocedió cuarenta metros, así tendríamos la capacidad de hacer predicciones en el área de la base Machu Picchu", comenta.

Sobre el terreno

En esta latitud del planeta los puntos extremos lo determinan Loreto y Tumbes. Huarajo ahora los conoce bien, pero no siempre fue así: "Yo no tenía idea de cómo era la Antártida. Buscaba en Google, en mapas, pero nunca encontré una referencia de la base. Tuve que venir hasta aquí y ver el terreno donde iba a trabajar", confiesa.

Fue entonces que recién pudo aplicar allí su pericia en cartografía, una carrera que siempre lo encandiló y que considera muy importante en nuestros días, ya que sin darnos cuenta hoy rige toda nuestra vida. Tenemos sistemas de GPS en nuestros autos, celulares, ipods, enumera.

Mientras continúa en sus labores, Huarajo nos cuenta que su sueño como cartógrafo es ver algún día a los científicos utilizando un GPS para ubicar sus puntos de estudio. "Que digan, me quiero ir al cerro Huayna Picchu y que se les dicte el camino: 'sigue en línea recta, sube 200 metros por la cuesta derecha. Te faltan cinco metros para llegar al punto. Este es el lugar que buscabas'”. El sueño quizá no esté muy lejos de lograrse.
 

 

En cifras

 

40 mil elefantes marinos viven en la Antártida.

5.700 kilómetros separan a Lima de la Antártida.

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