Carlos Villanes Cairo.
Desde Madrid
Ya lo decía César Vallejo: “Cuídate España de tu propia España”, y lo refrendaba Paco Umbral parodiando a Machado: “Siempre, una de las dos españas te hará llorar”. Estamos en 1947 y la Guerra Civil terminó hace 8 años, pero en el monte hay guerrilleros luchando en una guerra interminable, dividiendo a este país en dos mitades irreconciliables.
Y el testigo de excepción es un niño de 9 años, recluido en la casa cuartel de la policía, porque su padre es guardia civil y anda buscando a Cencerro, el jefe de los alzados en el monte, y aunque ya lo han visto morir y un requeté ha bailado sobre su cadáver, sigue vivo.
La estrategia de Almudena Grandes para la segunda novela de la serie “Episodios de una Guerra Interminable”, El lector de Julio Verne (Alfaguara, Madrid, 2012, 417 pp.), es presentarnos las acciones desde la óptica de un mocito, del bando ganador, pero con ideas progresistas y víctima del acoso de amigos por su estatura pequeña para su edad y de “enemigos” del bando perdedor, en un pueblo de Jaén en el que casi todos los hombres se han ido al monte a continuar la guerra.
En Inés y la alegría, primera de la serie, el punto de vista discurre en los interiores de la guerrilla antifranquista y el tono es épico y realista, usando como referente las lecturas de la protagonista a Pérez Galdós; en esta novela, el compás es más lírico, tiene partes intimistas, poéticamente bellas, pero también son los hechos históricos los que se mueven desde la sombra para la creación de algunos personajes inolvidables, como Nino el protagonista, Pepe el Portugués, héroe a seguir del niño y el sargento Sanchís, torturador y asesino como los demás policías, incluido el padre de Nino, y las Rubias, mujeres solas que obsequian un gran verano al chico -descubrirá el mundo a través de lecturas de Julio Verne- pero también la repulsa de quienes viven huérfanas de amor porque sus hombres han sido asesinados, por la ley de fuga con un tiro en la espalda, o están alzados.
“Así era el mundo, mi mundo…una ciénaga donde los valientes, los leales, los inteligentes, tenían que dejar de serlo si no querían morir jóvenes, y la autoridad se apoyaba en la traición, y los traidores lo eran siempre por dinero, y los héroes vivían como animales…”(p.126), describe Nino su micro universo de la otra España, que lo incentiva a jurarse no ser policía como su padre y por qué éste, para facilitar su fuga, le obliga a aprender mecanografía.
A los 52 años de edad, la autora madrileña ha conseguido una extraordinaria madurez narrativa. Su esmerada profesionalidad en las letras le ha valido premios y el reconocimiento de pertenecer a la élite de la novelística española de nuestro tiempo.
