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Bo, el perro de los Obama

Obama y su hija Malia juegan con Bo en el jardín sur de la Casa Blanca el día de la presentación de la mascota a los medios.
Obama y su hija Malia juegan con Bo en el jardín sur de la Casa Blanca el día de la presentación de la mascota a los medios.
La mascota presidencial inició "su segundo mandato" como "primer engreído" de una nación que, a pesar de la crisis, no escatima en gastos cuando se trata de sus animalitos.

Texto: Alejandra Cruz Cuevas
Fotografía: Agencias

Este perro de agua portugués siempre está listo para las cámaras. Su pelaje negro con pecho y patas blancas hace pensar que se ha puesto un esmoquin. Incluso para salir a correr batiendo la cola por el jardín sur de la Casa Blanca frente a los lentes y grabadoras de los periodistas, como lo hizo el día de su debut oficial en abril del 2009.

Por aquel entonces, Bo –aún un cachorro de 6 meses– no había terminado su entrenamiento en buenos modales. Así que, cuando un periodista se arrodilló y le preguntó si en verdad era un perro hipoalergénico (Malia, la hija mayor de los Obama, es hipersensible al pelo animal), Bo se negó a responder. 

Se limitó a morder el micrófono, lo que desató la risa entre los presentes. "Es un perro guapo y tiene calidad de estrella", dijo entonces el presidente Barack Obama. Y no estaba equivocado.

La mascota de la familia presidencial ha sido la protagonista de libros para niños, apareció en una edición del cómic  de Los Vengadores y en varios programas de televisión e incluso se ha convertido en un popular muñeco de peluche. 

Además, fue la estrella de las decoraciones de las pasadas navidades en la Casa Blanca, que incluyeron cinco réplicas del perro en diferentes materiales como dulces y bolsas plásticas.

Bo también ha robado protagonismo en importantes reuniones en el Despacho Oval, la oficina de Obama. Entre ellas, la que sostuvo Obama en septiembre del año pasado con Aung San Suu Kyi, lideresa opositora de Birmania y Premio Nobel de la Paz.

Esta semana, cuando aún estaban terminando de barrer el confeti de las calles de Washington DC, la mañana después de la toma de posesión, Bo hizo su primera aparición pública en el segundo mandato de su amo.

Ese día una docena de turistas visitaba la Casa Blanca. Cuando llegaron a la Sala Azul –donde se realizó el acto privado de posesión– quedaron boquiabiertos. Allí los esperaban Barack Obama y su esposa, Michelle. Sentado a su lado, batiendo la cola, estaba Bo.

Michelle llevaba el pelo recogido y un vestido color crema, y Obama un terno negro y corbata gris. Sonreían al estrechar manos con sus invitados y al preguntarles de dónde eran y a qué se dedicaban.

Bo seguía toda orden que los Obama le daban. Pero le permitieron divertirse un poco y el perro se dejó acariciar por algunos de los visitantes, entre ellos personal y voluntarios del Comité Nacional Demócrata.

"Mi gran broma esta mañana fue que iba a pasar un rato con la familia presidencial cuando visitara la Casa Blanca. ¡Resulta que lo hice! Hasta Bo es tierno", cuenta Aaron U. Salmon, uno de los afortunados.

Pero a pesar de que Salmon y los demás miembros del grupo nombraron a Bo el perro más educado del mundo, en varias ocasiones la primera dama ha revelado que en el fondo es igual que cualquier otra mascota. 

"Una noche, a eso de las 10 pm, todo el mundo estaba dormido y oímos ladridos y golpes. El presidente y yo salimos pues pensamos que nos quería advertir de que alguien estaba allí. Era Bo y solo Bo jugando con su pelota", narró  en una ocasión Michelle.

Pero ella no se quejaba. De hecho, en repetidos momentos se ha referido a Bo como su "hijo, a quien ama de verdad". Lo quiere tanto que, cuando el presidente está de viaje, rompe la única regla en que su esposo insistió desde un principio: le permite dormir con ella en la cama.

Bo es una de las promesas cumplidas de Obama. Después de ganar las elecciones en noviembre del 2008, ante las miles de personas que se concentraron en el centro de Chicago para celebrar la victoria, el entonces recién electo presidente aseguró a sus hijas, Sasha y Malia, que podrían tener un perro en la Casa Blanca.

Casi enseguida, embajadas, ciudadanos particulares y refugios de perros ofrecieron posibles candidatos para entrar a formar parte de la familia Obama. Muchos querían que el 'primer engreído' fuera un perro rescatado. 

No fue una tarea fácil. De hecho, en su momento el presidente aseguró en una entrevista que había sido "más difícil que encontrar un secretario de Comercio".

Finalmente, las alergias de Malia hicieron que los Obama prefirieran un perro de raza pura que desprendiera poco pelo. Así llegó Bo, como regalo del fallecido senador demócrata Edward Kennedy.

Las niñas decidieron llamar al perro Bo porque sus primos tienen un gato con el mismo nombre y porque su abuelo materno tenía el apodo de Didley (por Bo Didley, el cantante de rock estadounidense que murió en el 2008). 

Y este can que fue promesa en su campaña terminó por convertirse en una de sus armas en la carrera por la reelección. Bo apareció en varios de los anuncios oficiales de la campaña y en los esfuerzos de recaudación de fondos. 

A la vez, su rival republicano Mitt Romney enfrentaba una controversia con los activistas por los derechos de los animales luego de que se conociera que en la década de  los 80 transportó a su perro, Seamus, en una caja atada al techo de la camioneta de la familia para un viaje de 12 horas a Canadá.

Además, la campaña de Obama ofrecía casi una docena de productos para animales con Bo como personaje. Entre ellos, collares para gatos y perros a US$ 12 y ropa para perros a US$ 35. 

"Ese protagonismo de Bo le permitió a Obama hacerse sentir más cercano a la clase media y ganar votantes indecisos", asegura la analista política Francesca Chambers.

El arca blanca

Y aunque ya esta semana Bo ha iniciado el quinto de los ocho años que llegará a vivir  en la Casa Blanca, no es la primera mascota en reinar sus pasillos. Casi todos los presidentes de EEUU se han mudado a la residencia con, por lo menos, un animal.

George Washington, el primer presidente de ese país entre 1789 y 1797, tuvo un establo de caballos y una manada de perros: Borracho, Catador, Mareado, Tipler, Mopsey, Cloe, Forester, Capitán, Lady, Rover, Vulcan, Buscador y... Dulces Labios. 

Y su esposa Martha Washington tenía un loro.

Después de Washington, Teddy Roosevelt ha sido el mandatario en llegar a la Casa Blanca con más animales: 23. Entre ellos Algonquin, un pony que al parecer una vez se tomó un paseo en uno de los ascensores del lugar.

Entre los demás amigos peludos de la familia de Roosevelt también estaban un grupo de conejillos de India, un pequeño oso negro llamado Jonathan Edwards, un tejón llamado Josías, un guacamayo azul llamado Eli Yale, una gallina llamada Barón Spreckle y un lagarto llamado Bill. 

Además, su hija Alice Roosevelt tuvo una culebra llamada Emily Espinaca, a quien bautizó así porque era tan verde como el vegetal y tan delgada como su tía Alice Emily.

Engreídos a morir

Por ahora es el turno de Bo en la Casa Blanca, y tiene algo que ningún "primer engreído" ha tenido antes: a su casita en el jardín le acaban de instalar paneles solares. Pero los 78,2 millones de perros y 86,4 millones de gatos que viven en el 62% de los hogares de su nación no la pasan nada mal a pesar de la crisis económica.

En Estados Unidos el gasto en mascotas en el 2010 fue de US$ 47,7 billones, cifra que es mayor que el PBI de 108 de los 181 países listados por el Fondo Monetario Internacional.

Esa cifra solo ha crecido con el tiempo. De acuerdo con la Asociación Estadounidense para Productos de Mascotas (APPA, por sus siglas en inglés) en el 2011, al registrar US$ 50.960 millones en ventas, esta industria alcanzó marcas históricas.

Solo en el día de Halloween los consumidores estadounidenses gastan US$ 370 millones en disfraces para sus engreídos.

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