Milagros Crisanto/
Un pequeño que lucía una llamativa camiseta celeste no dejaba de saltar en su butaca. A pesar de sus bisoños 7 años, el niño era consciente de que estaba presenciando una fiesta. Este chico anónimo reía imitando a los miles de hinchas que veía delirar a su alrededor. ¿Pero qué despertaba semejante encanto en el niño y en los hinchas? ¿Cuál era el motivo de tanta emoción? No se trataba de las semifinales de la Champions. Ni el concierto de una megaestrella del rock. El delirio lo desataba un petiso, con bigotitos semejantes a los de Cantinflas, a quien cariñosamente lo llaman ‘El Chorri’, pero que aparece en su DNI con el nombre de Roberto Palacios Mestas.
Era ‘La noche del Chorri’ y había que vivirla y también disfrutarla. Y cómo no aplaudir y ser feliz si en ese rectángulo verde se encontraban César Cueto, Carlos ‘Pibe’ Valderrama, Pablo Bengoechea, Ronald De Boer, Alex ‘Güero’ Aguinaga, ‘Pájaro’ Hernández, Óscar Aguirregaray, Sebastián Rozenthal, ‘Bam Bam’ Zamorano, ‘Chicho’ Serna y siguen firmas. Todos luciendo camisetas azules con el ‘10’ en la espalda. Toque, gambeta y fútbol de galera y bastón eran lo que sobraba anoche en el Estadio Nacional. También mencionar a los hermanos Jorge y José Soto, Percy Olivares, Miguel Miranda, Miguel Rebossio, Juan Jayo, Óscar Ibáñez, Julinho, casi todo el equipo que raspó la clasificación al Mundial Francia 98 dirigidos por Juan Carlos Oblitas, quien ayer estuvo en el banco de suplentes. Y hasta jugó Brandon Palacios, el hijo del ‘Chorri’, quien se atrevió a hacer algunas ‘paredes’ con su emocionado padre. No había más lugar para la emoción. Hubo ocho goles con el score a favor de los amigos del ‘Chorri’ (6-2) sobre las estrellas internacionales.
De ahí el pitazo final. El Nacional explota a pesar de que no lució lleno. Y ‘El Chorri’ que da la vuelta olímpica. Y llora. Con Markarián que lo aplaude desde el palco 7015. Que camina al lado de mamá Marcela y Papá Roberto. Que recibe homenajes de los representantes del Barcelona y el Real Madrid. Que le regala unos botines a su hijo Brandon. Que no deja de mirar la camiseta del cuadro ‘galáctico’ que le obsequiaron con la firma de todos los jugadores. Que agarra el micrófono y dice: “Estoy orgulloso de ser peruano.
Gracias a la vida por dejarme jugar al fútbol. Gracias a mi país por el apoyo incondicional”. Y todos aplauden y sonríen como ese niño que no deja de saltar en su butaca.
Era ‘La noche del Chorri’ y había que vivirla y disfrutarla. ‘El Chorri’ no se va.