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Uriel García. Retrato

Elogio de una mente brillante

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 Uriel García Cáceres ya roza las nueve décadas pero acude a diario a su consultorio en una clínica, va a reeditar un libro de su padre y anda al día con la tecnología. Profesor universitario, epidemiólogo reconocido, ex ministro de Salud, dice que no siente la edad que tiene. Esta semana le entregarán la medalla José Antonio Encinas por toda una vida de estudios. 

 

Cumplió 89 años la primera semana de noviembre y la idea del retiro no asoma por su mente. El doctor Uriel García Cáceres es jefe del área de Patología de una clínica limeña, llega a las 8.30 de la mañana a su trabajo y ahí dedica el día a realizar análisis que ayudarán a sus colegas a diagnosticar con precisión una enfermedad. A despecho de su edad, no está quieto nunca y no tiene problemas con la tecnología: usa programas de computación y microscopios de última generación con la facilidad de un estudiante universitario. 

 

“Hay cosas que me parecen complicadas, pero soy muy bueno haciendo power point”, dice, sin jactancia, mientras nos muestra una presentación cargada de fotografías. Tiene cientos de archivos con diagnósticos, ponencias, estudios y hallazgos científicos en la laptop que (nunca) descansa sobre su escritorio. Allí también guarda los originales de su libro La magia de Unanue, que diagramó íntegramente en su computadora. “Los editores lo pulieron un poco, lo hicieron más sobrio y lo mandaron a la imprenta. Se publicó el año pasado”, cuenta. 

 

Otra laptop sobre su escritorio aparece conectada a un microscopio con una cámara en un extremo. En ese aparato hace análisis patológicos que le dan resultados con imágenes. “Cuando tengo alguna duda envío la imagen a un colega en cualquier parte del mundo, prendo el Skype en la otra computadora y tengo una segunda opinión en minutos”, dice. Después explica con paciencia de profesor de qué trata la patología. Tiene la mirada serena, la sonrisa fácil y la voz atildada de quien sabe de lo que está hablando. 

 

Ex ministro de Salud de Fernando Belaunde en los años 80, creador de la ‘bolsita salvadora’ contra el cólera, estudioso apasionado de temas históricos y médicos, Uriel García también anda por estos días enfrascado en una investigación para actualizar y reeditar el documento Machu Picchu, un centro incaico de trabajo femenino, escrito por su padre José Uriel García. El día que lo visitamos andaba revisando unos documentos del siglo XVIII sobre los propietarios primigenios de los terrenos donde se asienta la ciudadela.

 

Quiere revalorar la figura y las investigaciones de su padre, reconocido intelectual cusqueño, representante del indigenismo en las ciencias sociales. Ayudándose con los anales originales de una notaría cusqueña del siglo XVIII –encuadernados en piel de bovino– trazará la historia de los ‘propietarios’ de la ciudadela y precisará datos ausentes en la investigación de su padre porque entonces se ignoraban. “La ciudadela se conocía desde siglos antes de que la encontrara Bingham, y estos documentos lo prueban sin dejar dudas”, dice.

 

El inacabable Uriel

 

Esta mañana, sentado frente a su escritorio, Uriel García Cáceres asegura que no sabe hasta cuándo seguirá trabajando y que quizá la muerte lo alcance “con los ojos sobre el microscopio”. Dice que no siente la edad que tiene, que no sufre de achaques propios de la edad y que hasta hace unos años subía a paso ligero las escaleras hasta el sétimo piso de la clínica Javier Prado, donde queda el laboratorio de Patología y su consultorio. “A veces incluso les hacía competencia a mis nietos y les ganaba”, dice sonriendo.

 

Hasta hace unos años también realizaba sus trotes mañaneros alrededor del Pentagonito, cerca de su casa. “Allí hice un montón de amigos”, recuerda. Cuando cumplió 80 años Caretas lo sacó con el torso desnudo, brazos en alto, todavía sólido y campante. “Ahora ya no hago mucha actividad física, pero no me he alejado de los libros ni de la investigación”, comenta. Su consultorio es prueba de ello: hay libros por todo lado, files, discos compactos y sus consabidas laptops, donde guarda gran parte de su trabajo.

 

A una edad en que muchas personas luchan contra las dolencias, o ya están descansando de toda una vida de responsabilidades, Uriel García todavía tiene proyectos y resiste con buen ánimo el paso del tiempo. “A veces me he cruzado con personas en la calle y me dicen: Don Uriel, usted ha sido mi profesor en la universidad. A muchos los veo ya deteriorados por el tiempo, mucho más que yo”, cuenta divertido. Hasta ahora no usa lentes ni bastón, pero sí ha necesitado de audífonos porque desde hace un tiempo ya escucha un poco menos.

 

Un hombre valioso

 

Si por algo se recuerda a Uriel García es por su eficaz gestión al frente del Ministerio de Salud, a principios de los años 80.  Fue en ese  periodo que creó las llamadas “bolsitas salvadoras”, un envase gratuito de sales rehidratantes que resultaría clave para salvar la vida de miles de peruanos cuando el Perú sufrió una epidemia de cólera, una década después. En otros países la misma epidemia causó la muerte de miles de personas; en el Perú, en cambio, sus efectos mortales no fueron catastróficos. Hubo víctimas, sí, pero la epidemia no se convirtió en una tragedia nacional. 

 

Médico graduado en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, patólogo con estudios en la Universidad de Cincinatti, epidemiólogo conotado, Uriel García también desarrolló una vocación política: militó durante 40 años en Acción Popular, aunque en 1994 se alejaría de este partido. Desde entonces se ha dedicado sobre todo a la investigación y a la docencia. No estamos frente a un médico a secas; la vocación científica e intelectual de Uriel García lo ubica dentro de esa estirpe de humanistas cusqueños que brilló a lo largo del siglo XX. 

 

Ha escrito artículos sobre la salud y la injusticia social, y ha abogado por una mejor distribución del crecimiento porque para él la tuberculosis no se cura solo con antibióticos. “Una persona que tiene buena alimentación, acceso a vivienda y condiciones dignas de trabajo no se enfermaría tan fácilmente”, comenta. Esa vena social ha marcado gran parte de su trabajo. Fue él, por ejemplo, uno de los primeros en plantear el uso de medicamentos genéricos como alternativa a los de marca, que son mucho más caros. “En el Perú la enfermedad tiene que ver con la pobreza”, sentencia.

 

Uriel, el escritor

 

 Pero hay más. Uriel García Cáceres ha escrito dos libros esclarecedores sobre la medicina peruana, y ha demostrado también ser un gran investigador histórico. En 1999 publicó Juan del Valle y Caviedes, cronista de la medicina. En esa investigación hace un análisis de la producción literaria de dicho autor y traza una imagen desoladora de la medicina peruana en la Colonia. “Hasta fines del siglo XIX no se curaban las enfermedades. Llegaba una mujer con sangrado vaginal y el médico le hacía una sangría. Y la mujer se moría”, explica.

 

En la Colonia los únicos que curaban eran los cirujanos, porque atendían emergencias extremas. “Si alguien llegaba con un miembro gangrenado, cortaban y solucionaban el problema, pero no hacían más. Todo eso lo explica del Valle y Caviedes en sus escritos. Pocos han reparado en el valor que tienen para la historia de la medicina. Él puede estar a la altura de Quevedo como cronista de su tiempo”, cuenta.

 

En el 2010 publicó La magia de Unanue, un libro desmitificador de la figura del llamado ‘padre de la medicina peruana’. García ubicó el único retrato que le habían hecho en vida, pintado en una lámina de marfil. Ese retrato está en la portada de su libro. Cuenta allí que Unanue pasó por encima de mucha gente, y no siempre de la mejor manera, para llegar al lugar que ocupa en la historia. También revela, entre otras cosas, que el personaje confundió la verruga con la sífilis. “Eso me ganó las críticas de algunos fans de Unanue, pero esa es la historia”, concluye. Queda claro que Uriel García habla con la pasión de quien conserva intacta su pasión auroral por el conocimiento. 

Hay 3 Comentarios
28 de noviembre de 2011 | 18 hrs
Hubert Cordova escribe:

Es la primera vez que hago un comentario en Facebook y no podria tener mejor motivo que este.Dar mi opinion sobre este gran peruano que tengo la suerte de conocer,he hablado con el en no muchas oportunidades pero percibo en el las dotes de un gran intelectual.Lo mas impresionante es su voluntad y entrega sobre temas sociales de nuestro pais a pesar de su no corta edad.Le repito lo que ya una vez le dije cuando lo veo dando sus conferencias o emitiendo opiniones sobre temas importantes,cuando lo veo en la TV.aca en Miami,que bien se siente uno,teniendo amigos de este nivel

28 de noviembre de 2011 | 00 hrs
Ines Teresa escribe:

Doctor, estoy impresionada con su intelegencia, su ganas de vivir,
y aprender, de usted, creo no debe haber un maestro como usted,
Es un orgullo para el Peru,

27 de noviembre de 2011 | 10 hrs
Brenda escribe:

Que inteligente doctor :)quiero leer su libro sobre la medicina en la Colonia

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