Los últimos seis meses han sido críticos para la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Cinco de sus ministros tuvieron que renunciar tras ser acusados de corrupción. Ahora que Brasil es el espejo en el que se refleja el presidente Humala, vale la pena echar una mirada a los escándalos que jaquean a la sucesora de Lula.
Todo empezó en junio con la caída de Antonio Palocci, el jefe del gabinete ministerial y mano derecha de la presidenta Dilma Rousseff. Una investigación del diario Folha de Sao Paulo demostró que su patrimonio se había multiplicado por veinte gracias a los negocios de Projecto, su consultora en finanzas e inversiones. Palocci creó Pojecto en el 2006, cuando era parlamentario. Ese primer año tuvo una facturación de 160 mil dólares, pero en el 2010 sus ganancias fueron de 20 millones de dólares. El ministro no pudo explicar tamaño salto y tuvo que dimitir. Desde entonces la presidenta de la octava economía del mundo ha perdido a un ministro por mes, y siempre por la misma causa: acusaciones de corrupción.
La caída de Palocci fue la más significativa para el gobierno de la primera presidenta mujer de Brasil porque se trataba de un cuadro del Partido de los Trabajadores (PT) y hombre de confianza del ex presidente Lula. Fue ministro de Hacienda en su primer gobierno, pero una acusación de corrupción lo obligó también a renunciar. Esta, su segunda oportunidad en el Ejecutivo, le duró apenas 6 meses. Las investigaciones periodísticas revelaron que entre sus clientes había empresas públicas –Petrobras es una de ellas– y privadas, varias de las cuales aportaron para la campaña de Dilma. Palocci fue jefe de esa campaña.
La presidenta estaba recuperándose de este golpe político cuando en julio el ministro de Transporte, Alfredo Nascimento, también se vio obligado a renunciar. Se descubrió que altos funcionarios de este ministerio en manos del Partido de la República (PR), aliado del PT, negociaban licitaciones. El ministro destituyó a los responsables, pero días después él mismo tuvo que irse cuando se hizo público un video en el que se le observa, junto al propio presidente del PR, en medio de una discusión para arreglar una licitación.
Un mes después, el 18 de agosto, llegaron las acusaciones de corrupción al Ministerio de Agricultura, controlado por el Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el mayor aliado del PT. Para entonces la presidenta llevaba 8 meses en el gobierno. Primero se acusó al número 2 del ministerio, Milton Ortola, de haber manejado la entrega de obras desde una oficina en el propio ministerio operada por un puñado de lobistas. Ortola tuvo que renunciar. Pero luego las acusaciones tocaron al propio ministro Wagner Rossi. Se le atribuyó haber pedido una millonaria coima por una licitación, crear cargos para sus partidarios y familiares, y haber usado el avión privado de una empresa que tiene contratos con el gobierno. Cuando la policía anunció que lo iba a investigar, Rossi también presentó su renuncia. Se fue acusando a la prensa de cometer “asesinato político” en su contra.
La caída de Rossi era en realidad el cuarto cambio en el gabinete ministerial –el ministro de Defensa, Nelson Jobim, se fue por discrepancias políticas– desde que la retahíla de acusaciones empezó a desmoronar ministros como piezas de dominó. El siguiente, y más escandaloso, caso fue el del ministro de Turismo, Pedro Novais, también del PMDB. Folha do Brasil denunció que su esposa tenía como chofer a un funcionario de la Cámara de Diputados y que su empleada doméstica también fue pagada por el parlamento entre el 2003 y el 2010. Poco antes el ministro había salido ileso de una grave denuncia de corrupción que terminó con la detención de su viceministro y de 38 funcionarios. A Novais no le quedó más que presentar una carta de renuncia de 41 palabras en la que decía: ”cumplo mi deber de pedir mi salida del cargo”.
Y la tormenta continuó. El 26 de octubre tuvo que dimitir el ministro de Deporte, Orlando Silva, del Partido Comunista de Brasil y encargado de los preparativos del Mundial de Fútbol 2014. Se le acusó de haber desviado 23 millones de dólares para financiar la campaña electoral de su partido. Lo más escandaloso es que se trataba de fondos para proyectos deportivos que iban a beneficiar a niños de zonas pobres.
La herencia de Lula
Los ministros renunciantes fueron una suerte de herencia política que Lula le dejó a su sucesora. Con excepción de Palocci, todos fueron ministros del líder histórico del PT y continuaron en el gabinete de Dilma a pedido suyo. Pero tal vez el peor legado que recibió la presidenta fue la política de alianzas que le permitió al PT continuar en el gobierno. Son más de veinte los partidos que forman parte de la coalición liderada por el PT, y al menos diez tienen cuotas de participación en el Ejecutivo. Si bien Dilma no blindó a ninguno de los denunciados, tuvo que nombrar como reemplazantes a cuadros del mismo partido aliado para no deteriorar la plataforma de agrupaciones que la ha respaldado hasta ahora.
El internacionalista peruano Óscar Vidarte advierte que, si bien esa política de alianzas en el Ejecutivo brasileño fue funcional a Lula, ya no lo es para Dilma, quien no tiene el carisma ni el liderazgo de su antecesor. Y allí radica buena parte de los problemas que enfrenta. Los ministros, dice Vidarte, responderían más a los designios de sus cúpulas partidarias que a los de la presidenta. Una muestra de ello es el caso del ex ministro Orlando Silva, quien en un principio se resistió a dejar el cargo. Sin embargo, tras su renuncia la presidenta mantuvo en su gobierno al Partido Comunista de Brasil, a pesar de que los actos de corrupción involucraban directamente a la organización política.
Por ello, asegura Vidarte, Dilma necesita cambiar su modelo de alianzas si quiere garantizar el futuro de su gobierno y combatir a fondo la corrupción. En enero, cuando cumpla su primer año de gestión, ella aprovecharía para desmarcarse de la herencia que le dejó Lula en el gabinete. Uno de los primeros pasos en ese sentido fue la designación de Gleisi Hoffmann (PT) en reemplazo de Palocci, una persona de su confianza y no del entorno de Lula. Lo que tiene a su favor la presidenta es que las acusaciones de corrupción todavía no le han pasado la factura. En octubre su aprobación fue de 71%.
El gran aliado
¿Qué interés puede tener lo que pasa en Brasil para el Perú? Parece que mucho. Brasil es el principal aliado político del gobierno de Ollanta Humala en la región. Y varias empresas de ese país que han estado involucradas en denuncias por corrupción tienen inversiones comprometidas en el Perú, especialmente en hidroeléctricas. La periodista Jacqueline Fokws, corresponsal en el Perú de Opera Mundi, considera, por ejemplo, que se debe mirar con atención las actividades de la empresa Odebrecht. Esta tuvo un trato preferente durante el gobierno de Alan García. Lula, dice Fokws, hasta antes de su tratamiento por el cáncer, era remunerado por la empresa Odebrecht para dar conferencias en el mundo. No hay que olvidar además la gran amistad que une al presidente Humala con Lula y que uno de sus principales asesores es Luis Fravre, un viejo conocido de la cúpula del PT que ahora tiene el poder en Brasil.
Los ministros que cayeron por actos de corrupción
Antonio Palocci (Jefe Gabinete)
Partido de los Trabajadores (PT)
Su patrimonio se multiplicó por 20 en cuatro años, gracias a una consultora en finanzas e inversión que fundó en el 2006. Entre sus clientes estaban empresas del Estado.
Alfredo Nascimento (Transporte) Partido de la República
Aparece en un video, junto al jefe de su partido, negociando una licitación. Su viceministro dejó el cargo acusado de liderar una red de corrupción para la entrega de obras.
Wagner Rossi (Agricultura)
Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB)
Se le atribuye haber pedido coimas a cambio de licitaciones y de haber creado puestos, en una entidad del Estado para partidarios y familiares.
Pedro Novais (Turismo)
Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB)
Su esposa usaba como chofer a un funcionario de la Cámara de Diputados. Su empleada doméstica fue pagada también por el Estado.
Orlando Silva (Deporte)
Partido Comunista de Brasil (PCdoB)
Desvió recursos públicos de un programa deportivo en zonas pobres que habría permitido financiar la campaña de su partido. Se estima que fueron 23 millones de dólares.
Carlos Luppi (Trabajo)
Partido Democrático Laborista (PDL)
Se le acusa de haber usado para un viaje oficial un jet contratado por una ONG que tiene negocios con el ministerio. Hay presiones para su renuncia pero aún está en el gabinete.