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Poesía en La Escuela de Cusco

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Odi Gonzales, el reconocido poeta cusqueño, acaba de publicar un poemario donde una serie de pinturas de origen colonial se convierte en un pretexto para reflexionar sobre la realidad y la historia nuestro país.

EN LIMA. Odi Gonzales en el pasaje Santa Rosa. Su libro reflexiona sobre nuestro país a través de pinturas cusqueñas.

Perfil

NOMBRE. Odi Gonzales.
NACIMIENTO. En Cusco, 1962.
FORMACIÓN. Literatura en la Universidad San Agustín, posgrado en la Universidad de Maryland.
OBRA POÉTICA. Juego de niños (1988), Valle sagrado (1993), Almas en pena (1998), Tunupa/ el libro de las sirenas (2002) y La Escuela de Cusco .


ODI GONZALES • El reconocido poeta cusqueño acaba de publicar un poemario donde una serie de pinturas de origen colonial se convierte en un pretexto para reflexionar sobre la realidad y la historia nuestro país.

Por Javier Ágreda.
Foto: Rafael Cornejo.

En los primeros años de la Colonia las órdenes religiosas católicas establecidas en el Perú trajeron a una serie de pintores europeos (entre los que destacaron los italianos Bernardo Bitti y Angelino Medoro) para que ayudaran, con sus cuadros, a la evangelización. Pronto esos pintores establecieron talleres en las principales ciudades, “escuelas” en que los aprendices eran muchas veces los propios indios. En el poemario La Escuela de Cusco , Odi Gonzales dialoga con las obras de artistas como Diego Quispe Tito, Basilio Santa Cruz Pumaqallo, Antonio Sinchi Roca y maestros anónimos.

Divididos en tres secciones (“Pintureros”, “Museo de Indias” y “La Sixtina de América”), los poemas están inspirados en cuadros específicos, de los que toman título. El primer texto es “La última cena. Catedral del Cusco”, lienzo famoso porque incluye en la mesa bíblica alimentos andinos: papaya, rocoto y hasta un cuy guisado. “El lienzo/ salió de mi mano: yo/ pinté, doré y estofé la Santa Cena”, reconoce el artista en los versos de Gonzales. Pero esa voz se presenta en contrapunto con otra que parece representar a los juicios académicos más vetustos: “Aquí/ el taimado pintor indio.../ en un rapto delirante/ añadió por cuenta propia/ potajes y viandas de su cosecha”.

Hay dos tipos más de voces presentes en los poemas, la de los personajes representados en las pinturas (“Soy el arcángel apócrifo/ soy el paria al que los legos llaman/ Ángel y príncipe del granizo”) y otra, identificable con el autor de los poemas, que describe con objetividad e imparcialidad ciertos detalles de los cuadros. Gonzales no intenta reproducir con esta polifonía la estética manierista de la escuela cusqueña; más bien opta por un lenguaje simple y coloquial, y una retórica que remite –especialmente en la “voz” del autor– a la ironía y al tono poético de Antonio Cisneros: “El lucero del amanecer/ brilla/ como el ataúd de un párvulo/ en un camposanto remoto”.

Con estos recursos se logra hacer una reflexión poética sobre la identidad peruana partiendo de su origen, el encuentro y la fusión (mestizaje, sincretismo) entre lo andino y lo europeo. Un sincretismo fácil de comprobar en estos cuadros con motivos católicos y también de una gran complejidad, pues detrás de ciertos elementos de esta iconografía católica pueden encontrarse mitos y deidades andinas. Ya Ramón Pinilla ha señalado –en Ángeles apócrifos de la América Virreinal (1992)– el vínculo entre los ángeles arcabuceros, característicos de la escuela cusqueña, y ciertos guerreros alados del panteón prehispánico.

Vate dialogante

Gonzales prefiere no profundizar en esas complejidades y mantenerse dentro del ámbito de la experiencia estética. Su labor como traductor para National Geographic y el Museo Smithsoniano lo ha llevado a abandonar la narratividad y el testimonio personal –dominantes en sus libros Valle Sagrado y Almas en pena – por una nueva poética más culturalista, basada en el juego de referentes textuales y el diálogo interdisciplinario. Aunque en algunos pasajes se note demasiado la búsqueda de la eufonía y del efecto humorístico, La Escuela del Cusco resulta un buen poemario, que parte de una idea original y sugestiva y logra desarrollarla con acierto y oficio literario.