Por Claudia Cisneros, con cámara y edición de Fernando Vílchez.
Ha sido todo un éxito. El foro "Invertir en el Perú" se ejecutó como una exquisita partitura, con armonía y exactitud. El escenario, inmejorable: el Casino antiguo de Madrid, un edificio histórico de comienzos del siglo XX que hoy funciona como centro de eventos y convenciones y que tiene el lujo de contar con el famoso chef del Bulli, Fernán Adriá (tres estrellas Michelin) como asesor gastronómico.
La "vedette" de la jornada, sin embargo, fue el Perú. Al presidente Humala no lo habíamos visto sonreír tanto y tan a gusto desde sus spots de campaña.
En el único acto fuera del programa, Ollanta Humala ha pedido la palabra inaugural y le ha dicho al empresario español: "La relación con las empresas ha cambiado, queremos empresas que pagen tributos, respeten el medio ambiente, generen empleos, que se lleven bien con la población, que establezcan cadenas de producción nacionales".
Les cuenta que quiere "llevar el Estado a la punta del cerro, a las zonas más recónditas del país" y que el déficit de infraestructura que tenemos es un mundo de oportunidades para ellos. "Abre un espacio para inversiones en carreteras, ferrocarriles, puertos y aeropuertos". Habló de la necesidad de una mayor transferencia tecnológica de las empresas que invierten en Perú y de apertura en los sectores de energías renovables y petrolíferos.
Los Directores de los diarios El País y La República, Javier Moreno y Gustavo Mohme, inauguraron el foro con agudos discursos. Los ministros de Economía de España y Perú, Luis de Guindos y José Castilla, dieron cátedra numérica. Y el joven escritor peruano reconocido en España, Santiago Roncagliolo, en una entrevista sui generis, le hacía preguntas a su padre, el Canciller Rafael Roncagliolo.
Más de tres horas de charlas magistrales, discursos y estadísticas azules de nuestra economía y todo quedó listo para el almuerzo en el que le presidente sería entrevistado por Juan Luis Cebrián, fundador del diario El País.
El salón de techos abovedados de la segunda planta se llenó de la crema y nata del mundo financiero y empresarial español. Millones de euros en facturación anual contando a los directivos de algunas gigantes multinacionales como Telefónica, BBVA y Repsol.
En la mesa principal, el presidente se alista para el discurso. La primera dama imparte indicaciones que él escucha con conmovedora atención (ver video). Todos le aplauden. Juan Luis Cebrián, Presidente de El País, le ha preguntado sobre su compromiso con la libertad de expresión.
Se pone serio y recuerda la dura campaña. La suya y la de algunos medios de comunicación. "Mi compromiso con la libertad de expresión es tan fuerte que queda por encima de pasiones y no tengo tiempo de acciones arbitrarias". Quizás está pensando en la Ley Mordaza, que enseguida menciona para explicar por qué no la aprobó “...en la práctica podía permitir que muchos corruptos y mucha gente deshonesta la utilizara y se amparara en esa ley para evadir la sanción pública y la justicia peruana, no era correcta”.
Un empresario español algo confundido, le ha preguntado qué hará con toda la franja costera para que no pase lo "que está pasando con La Herradura". Y claro, sólo los peruanos nos hemos reído. Pero entonces viene el cuestionamiento de rigor, ese que a analistas políticos, periodistas e inversionistas potenciales inquieta y desconcierta por igual: ¿es de derecha o de izquierda? o en peruano ¿de la gran transformación o la gran continuación?
Humala responde magistralmente sin responder, contando que antes de llegar a España, en un pueblo del Perú, Caballococha, debía poner aguay desagüe. "Les pregunté: si yo pongo agua y desagüe, ¿soy de izquierda o soy de derecha? Y me respondieron: no se preocupe usted, ponga nomás." El auditorio estalla en risas. Cuando terminan de aplaudir se dan cuenta que la interrogante permanece. Pero ahora no importa. Están encantados con Humala. O eso parece.
Una rápida encuesta, recoge sólo adjetivos elogiosos: "Fantástico, se le cree, es sencillo, le veo bien..." y así van entrando los mozos con las bandejas llenas a servir los platillos de Adriá. El mandatario termina diciendo que él es presidente "de los que votaron y de los que no votaron por mí".
Ovacionado, baja del escenario dando un salto juguetón, como un niño feliz (ver video). La vicepresidenta del gobierno de España, María Soraya Sáenz de Santamaría Antón, sentada a su diestra lo felicita, Nadine Heredia, a su izquierda, lo ha hecho con la mirada, encendida. Todo va saliendo bien por aquí. Buen provecho. Y, pues venga, a invertir.
