Mario Vargas Llosa cumple hoy 74 años de vida. Lo celebra en actividades culturales. Esta semana visitó Arequipa, su tierra natal. La República le tomó la palabra en esta ciudad que, según él, es parte de sus nostalgias.
Juan Carlos Soto. Arequipa.
Los libros envejecen. Usted decía que ya no le interesaba Hemingway porque le parecía un autor obsoleto.
Fue un gran escritor. Algunos de sus cuentos son obras maestras y también novelas como Fiesta y El sol también se levanta. Pero comparado con escritores como Faulkner o Dos Passos, más o menos de su generación, o incluso Fitzgerald, me parece que estos resistieron mejor el paso del tiempo que Hemingway.
¿Y Sartre?
Sartre envejeció muy rápido. Fue enormemente influyente para mí, importantísimo cuando era estudiante universitario. Sin haberlo intentado, ahora yo no podría volver a leer a Sartre. Sus novelas me acercaron mucho a la literatura moderna porque yo no había leído a
Dos Passos, gran modelo de Sartre en técnica y estructura. Por otra parte, tanto la novela como el teatro en Sartre carecían de espontaneidad. Historias absolutamente intelectuales, premeditadas racionalmente. Faltaba ese elemento vital, espontáneo, inesperado, la impredecibilidad de la vida. Ese es un elemento fundamental en toda gran literatura. En Sartre eso no existió nunca.
¿O era su excesivo compromiso político?
Coincido con Sartre en el escritor comprometido. El ejercicio del escritor no puede agotarse en lo literario, sobre todo si perteneces a países con problemas esenciales y hay una lucha sobre el tipo de sociedad que va a prevalecer. Entonces en eso sí. Yo creo que el tipo de literatura que hago responde un poco a algunas ideas que aprendí de joven de Sartre. Sin embargo, su línea política fue confusa.
Contribuyó a devaluar los valores democráticos. Yo entré en un desencanto con él a mediados de los 60. En ese sentido me parece más vigente el pensamiento de Camus en su defensa del elemento moral como algo inseparable de la política: que el puro pragmatismo en la política al final a lo que conduce es a la dictadura, a la violencia.
¿Cuáles de sus libros soportaron mejor la prueba del tiempo y cuáles no?
Para mí es difícil decirlo. No tengo la distancia ni objetividad suficiente para juzgar. Le corresponde al lector hacer ese juicio. Cuanto me preguntan, entre los libros que he escrito, cuáles salvaría del incendio, siempre me refiero a los que más trabajo me costaron escribir: Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, El sueño del celta.
Hablemos de sus personajes. Muchos están anclados en la realidad. Santiago Zavala de Conversación en La Catedral, el cadete Alberto o Poeta de La ciudad y los perros o Mario en La tía Julia y el escribidor son bastante autobiográficos.
Seguramente y es inevitable. Un escritor escribe a partir de su memoria. Incluso los más imaginativos utilizan como materia prima imágenes de la memoria, ese es el punto de partida. Unos lo hacen con deliberación y otros de una manera poco consciente (…). En algunos casos, lo hice de una manera muy deliberada. Por ejemplo, en Conversación en La Catedral, son experiencias que viví de universitario, la época de la dictadura de Odría, como aprendiz de periodista, etc. Pero siempre he negado que mis novelas sean autobiográficas, es decir, que haya en ellas la intención de contar una vida disimulando nombres. Siempre el elemento inventado es muchísimo mayor. Incluso lo autobiográfico está tan enredado, mezclado con elementos puramente imaginativos que a mí mismo me costaría mucho trabajo hacer una discriminación, decir bueno esto es autobiográfico y esto es inventado.
Hay personajes, por ejemplo, que lo persiguen. El cabo Lituma aparece en La Casa Verde, después se va a los Andes y reaparece en
¿Quién mató a Palomino Molero?
Es para mí un misterio, por qué ese personaje que aparece desde mis primeros cuentos siempre regresa, se ofrece como personaje para las historias que estoy escribiendo. No sé por qué ha ocurrido. No tengo explicación. Tal vez no lo aproveché suficientemente.
También creó personajes absolutamente repugnantes, el Chivo que encarna a Rafael Leonidas Trujillo, el dictador dominicano.
El personaje real fue peor, más cruel, sanguinario y frío. Capaz de unas crueldades poco creíbles que eran difíciles de convertirlas en literatura. Quienes leyeron La fiesta del Chivo piensan que exageré. En realidad me quedé corto.
Algunos escritores son fieles a sus fantasmas. Usted ha picado todo. Novela policial, erótica, humor en Pantaleón y las visitadoras y lo épico…
Roland Barthes dice que un escritor es un tema y sus variaciones. Pero hay otros escritores que no, y yo estoy entre ellos, que exploran temas y técnicas distintas sin que eso signifique que se traicionen a sí mismos. Hay una división muy famosa que hizo un ensayista llamado Isaiah Berlin entre el escritor erizo y el zorro. El primero sabe una cosa que es una gran cosa y el zorro muchas cosas distintas entre sí.
Las diferencias entre Tolstoi y Dostoievski: Tolstoi escribía historias cómicas, grandes frescos épicos, novelas líricas y románticas. En cambio Dostoievski, era de un solo mundo coherente. Diría que pertenezco a lo que se llamaría un escritor zorro.
¿El cadete Alberto apodado el Poeta en La ciudad y los perros y su afán de escribir novelitas eróticas es su álter ego e interés precoz por el género?
En un colegio que reivindicaba el machismo, la vocación literaria estaba en contra de la cultura reinante. A menos que reflejara también esa filosofía de la exaltación de lo viril. Escribir poemas románticos podría parecer cosa de maricas, en cambio novelitas eróticas, cosa de machos. Yo tenía claro de mi vocación de escribir, pero adaptar la vocación a ese medio militar debió ser un incentivo para hacer ese tipo de literatura bien recibida por los cadetes.
Además era un escritor bien rentado.
Me convertí en un escritor profesional. Cuando se inauguró en Lima una exposición sobre mí, volví a ver a un compañero del Leoncio Prado (no lo veía desde el 50), Víctor Flores. Él me recordó que era él quien negociaba mis novelitas eróticas. Porque yo era muy malo para eso (ja,ja,ja).
¿Ahí comenzó el interés por el erotismo?
Bueno comencé a leer literatura erótica cuando me casé por primera vez. Por mi maestro Porras Barrenechea conseguí un trabajo de ayudante de bibliotecario en el Club Nacional. Iba dos horas al día. Me pagaban 500 soles. Mi tarea era fichar los nuevos libros. Pero como el club no compraba nuevos libros me dedicaba a leer. Allí descubrí escondida una colección maravillosa de libros eróticos. No vulgares sino de gran calidad. Por ejemplo, la colección completa de Les maitres de l’amour, el marqués de Sade, Andrea de Nerciat, el Aretino. Literatura del siglo XVII. Llegué a creer muy ingenuamente que el erotismo en esos tiempos era un gran instrumento de liberación sexual y social. Los grandes escritores eróticos se consideraban revolucionarios, libertinos, se rebelaban contra Dios y las iglesias y exigían una libertad irrestricta a partir de la libertad sexual para reformar el mundo. Pero eso no es así. Y además una literatura centrada sobre el sexo siempre es monótona y da una visión infiel de lo que es la vida.
¿El erotismo está desapareciendo?
Curiosamente sí en el mundo occidental con la libertad. Hay un abaratamiento, vulgarización del sexo (…). El erotismo es desanimalizar el sexo, convertirlo en un ritual, ceremonia y obra de arte. Cuando el hombre comenzó a hacer el amor lo hacía como los monos y perros, con la cultura eso refina y es una fuente extraordinaria de placer. Con la libertad eso fue desapareciendo. Ahora es gimnasia, ayuntamiento sin misterios ni amor. Georges Bataille advertía: Cuidado con la permisividad sexual, hay que mantener ciertos ritos, porque morirá el erotismo.
¿Sus libros se convirtieron en películas? ¿Se quedó conforme con esas adaptaciones?
Algunas adaptaciones son fieles al espíritu de la historia. Por ejemplo la versión de La ciudad y los perros que hizo Lombardi a pesar de su formato modesto. También es el caso de La fiesta del Chivo. En cambio otras no, como La tía Julia y el escribidor de Jon Amiel, prácticamente allí no reconocí nada. Reconozco con cierta vergüenza el fracaso de la primera versión de Pantaleón y las visitadoras que yo dirigí (ríe), esa adaptación la hice yo, no fue muy buena (ríe).
El cine peruano ha adquirido relevancia con La teta asustada. Algunos piensan que esta película desprestigia al Perú.
Esa es la idea de que hay que matar al mensajero para que no lleguen las malas noticias (ríe). Las dos películas de Claudia Llosa tienen mucho encanto. Son películas de autor, parten de una realidad expuesta genuinamente con respeto y solidaridad y la transforman en una ficción. No tienen por qué ser documentales. El Perú no solo es eso, también eso. Un escritor y cineasta tienen derecho a elegir una porción de la realidad de acuerdo con su temperamento, fantasmas, obsesiones...
En defensa de las libertades se ha comprado varios líos en el continente. En Venezuela, Chile, Bolivia, etc. Le viene de las novelas de caballería el andar desafiando a los molinos de viento de la realidad.
No, no es mi vocación desafiar cosas. Defiendo ciertos valores, critico otros, y lo hago con mucha claridad. Eso forma parte de la vida de un escritor, a eso me refería que quiero ser fiel a la idea de la literatura comprometida de Sartre. En América Latina y mi país aún no está definida la sociedad a la que aspiramos tener. Me gustaría una sociedad democrática, liberal y antiautoritaria, abierta e integrada al mundo.
Estas sociedades progresaron más, redujeron la violencia, elevaron los niveles de vida de la gente. Lo sé porque he vivido en esos países. Y esas cosas en las que yo creo me llevan a conflictos y polémicas con regímenes como Fidel Castro o Chávez, y antes con Pinochet. Intento ser coherente con las cosas que creo. Y cuando me equivoco intento corregir. La única manera de no equivocarse es mantenerse mudo.
Esa no es mi manera de ser. Y también una manera de sentirse vivo como escritor. Quien se encierra con sus libros y fantasmas corre el riesgo de perder ese cordón umbilical con la vida (...). Hoy los jóvenes escritores no creen en eso, hay mucho desprecio por la política. Y eso no me parece, si la política se queda en manos solo de políticos se corre el riesgo de que se pudra.
El Perú está orientado
¿Sigue siendo optimista del Perú?
Por primera vez en muchos años lo veo orientado. No están resueltos todos los problemas. Pero me parece que en el Perú hay consenso amplio por esas fórmulas que llevaron al desarrollo de otras sociedades. La libertad política y las políticas de mercado, que han traído modernidad, justicia, etc. Mi impresión es que se mantengan por lo menos dos periodos más.
Pero muchos creen que este modelo está agotado.
Este modelo es el único que hizo prosperar a los países pobres. Mire en la condición que estaban las llamadas democracias populares (Checoslovaquia, Polonia Hungría) y como están ahora.
Pero la economía norteamericana colapsó.
No colapsó. Es una de las tantas crisis que periódicamente sufre. La tuvo mucho más dramáticas. El sistema capitalista es traumático, permite enormes desarrollos, pero como hay una mecánica en el perfeccionamiento de las libertades de empresa y la competencia en un momento dado produce contradicciones muy fuertes. Pagan los que están menos preparados y cometen errores. No es un sistema perfecto sino perfectible. Esa es su gran superioridad con los sistemas totalitarios que no admiten la idea del error. Hay un caso interesante de China que pasa a ser de un Estado totalitario a dictatorial, pero con una economía abierta con empresa privada.
Por las libertades políticas
¿Muchos escritores sostienen que a usted no le dan el Premio Nobel por su militancia liberal?
No sé si eso es cierto. Pero si es así, no cambiaré mis convicciones por premios literarios.
Hay frases que marcaron, por ejemplo, la famosa pregunta que se hace Zavalita en Conversación en La Catedral: En qué momento se jodió el Perú.
Nunca pensé que esa frase iba a tener esa vigencia.
Usted dice que China pasó de un Estado totalitario a un Estado dictatorial, con una economía abierta con empresa privada. ¿Pero no hay libertades políticas?
Eso irremediablemente te lleva a una contradicción de la que ya hay manifestaciones. El surgimiento de una clase media que no solo quiere tener autos sino la diversificación de gustos, lecturas, espectáculos. O esa sociedad se abre políticamente o va a tener serios problemas.
