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Moquegua: Los Wari vivieron en el Cerro Baúl (FOTOS)

EJE VITAL. En el año 600 después de Cristo, los Wari se instalaron en la zona. Allí levantaron centros ceremoniales para adorar a los apus de Ayacucho y el Altiplano. (Rufino Motta/La República)
EJE VITAL. En el año 600 después de Cristo, los Wari se instalaron en la zona. Allí levantaron centros ceremoniales para adorar a los apus de Ayacucho y el Altiplano. (Rufino Motta/La República)
PRIMEROS PERUANOS. Hace 1,400 años, en la cima de este apu la cultura Wari se asentó y levantó recintos ceremoniales. Funcionaba como una embajada para recibir a otras culturas con las que mantenían relaciones comerciales, culturales y diferencias militares.

El Cerro Baúl (Moquegua) guarda una historia importante de la Patria

Hace más de mil 400 años esta colina fue escenario del desarrollo de nuestros antepasados. Aquí habitó y se desarrolló una colonia de la cultura Wari que tuvo interacción con la de Tiahuanaco.

Esta imponente montaña, que guarda una misteriosa e invalorable historia, está ubicada en el distrito de Torata, a unos 30 minutos de la ciudad capital de Moquegua. Su formación geológica  preserva la figura de castillo que emerge en medio del desierto. Su elevación natural lo torna suficientemente atractivo para los ojos humanos y su nombre se debe al caprichoso perímetro de la cima. Aparece cortado perpendicularmente y se asemeja a lo que es: un baúl. Ese mueble antiguo de uso común y popular donde los nobles peruanos del siglo  XIX conservaban sus joyas y objetos preciados.

ASCENSO HACIA EL BAÚL
El sitio es impresionante. Según los estudios arqueológicos del investigador Patrick Ryan Williams, es probable que hace mil 400 años haya sido una gran urbe precolombina. 

A primera impresión ascender a pie a la cumbre parece fácil, pero requiere de un esfuerzo físico. No hay señalización y las primeras cuarta partes del camino están en pésimo estado. Todo es un terreno agreste. En el trayecto hay quienes han sufrido el vértigo del cansancio a medio camino. Cerca al farallón hay una gruta donde todavía quedan restos de las velas derretidas, hojas de coca y restos de cigarrillos. El Cerro Baúl es también un apu donde los moqueguanos piden favores a cambio de ofrendas.

A poca distancia a la cúspide, el camino es menos agreste hasta que aparece una escalera de concreto. En el trayecto hay algunas barandas  y gradas que alivian el esfuerzo de subir. En la cumbre lo primero que aparece a la vista son cruces puestas sobre un montículo de piedras. Aquí también hay huellas oscuras de las velas derretidas.  Esta práctica se da con mayor frecuencia durante la Semana Santa. Es probable que muchos desconozcan el real significado de este majestuoso lugar. Por ello se han atrevido a deteriorarlo.

LA URBE MISTERIOSA
Alrededor del año 600 después de Cristo, los Wari llegaron a los valles interandinos del antiguo Perú a expandirse y buscar nuevo climas para el cultivo. Así establecieron en el cerro su capital, centro ceremonial y eje político. Ante estos inquietantes indicios, el investigador Patrick Ryan Williams se dedicó  a estudiar los vestigios por más de 20 años. Según los restos hallados, esta meseta fue una especie de embajada, un enclave y centro sagrado de rituales ceremoniales y de encuentro de los Wari y, paulatinamente, de otras culturas.

Aún hay muestras de las ruinas de una ciudad de unas 10 hectáreas de superficie. En esta se edificaron grandes templos, palacios para los jefes, residencias, centros de almacenamiento y extensas plazas ceremoniales.

El arqueólogo estableció que en la parte occidental había una plaza y un templo principal de los Wari. El santuario miraba hacia el nevado Pichu Pichu. Lo hicieron con vista a esa dirección para darle sentido a su origen: Ayacucho. Había otras tres zonas especiales más, entre ellas una erigida para los Tiahuanaco. Los Wari tuvieron una buena relación con ellos, a pesar de sus diferencias militares. Hoy ese santuario mira hacia el cerro Aruntani (Altiplano). De estos solo quedan vestigios de sus bases. En los palacios de la cima se supone que habitaron alrededor de 300 pobladores, entre ellos los jefes o curacas. 

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