Ana Núñez.
“Uno llega a Brasil o al Perú y dan ganas de quedarse...”. Juan Luis Cebrián, director fundador del prestigioso diario español El País –considerado uno de los maestros del periodismo en ese país ibérico–, busca graficar en clave de broma la dramática situación financiera que se vive en Europa y las buenas perspectivas que, por el contrario, encuentra en la economía de América Latina.
El auditorio ríe y el también miembro de la Real Academia sigue con su disertación. En la mesa lo acompañan el director de La República, Gustavo Mohme Seminario, y como comentaristas Laura Puertas, César Hildebrandt y Augusto Álvarez Rodrich.
Minutos antes, Mohme lo había presentado recordando su trayectoria y sus pergaminos, pero también su fugaz intención de convertirse en sacerdote, senda que lo condujo, al final, al periodismo.
Según Cebrián, nuestra región tiene serias oportunidades de salir airosa de la crisis global, no solo por el crecimiento económico de los países sino porque éstos cuentan con un adecuado liderazgo.
“Es impresionante el optimismo (en América Latina) no solo porque hay crecimiento económico, sino por la confianza de que el país podrá sortear la crisis. Aunque hay mucha injusticia social, se han dado pasos adelante y se han creado clases medias, lo cual da mucha estabilidad institucional”, afirma el prestigioso periodista español.
Sin afán de sonar más dramático de lo que la situación por sí misma ya lo es, el consejero delegado del grupo Prisa no puede dejar de recordar que Estados Unidos y la Unión Europea representan el 50 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) mundial, por lo que si “Europa no resiste a la crisis, Estados Unidos a su vez no aguantaría y con ello se vería afectado todo el proceso económico mundial”.
En el auditorio de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica y con la asistencia de personalidades políticas y sociales, y un nutrido grupo de estudiantes de periodismo, Cebrián explicó las razones de la crisis económica en Europa y sus consecuencias.
Al resaltar que esta llamada ‘crisis económica’ es en realidad una ‘crisis política y moral’, el periodista español explicó que ello significa que la democracia representativa está en crisis también.
“La democracia representativa está perdiendo prestigio en Europa porque no puede resolver el problema. La democracia no es una ideología, la democracia es un método político. Tal como está, no funciona y hay que reformarla”, comenta.
Una sola de las tantas cifras que dio el cofundador del diario El País sirve para entender a 10 mil kilómetros de distancia lo que se vive en su país y en Europa en general. “El 40 por ciento de los jóvenes menores de 25 años, y que han recibido la educación que debieron recibir y que saben lo que deben saber, está en paro (desempleado) y sin posibilidad de encontrar empleo en los próximos años”, lamenta.
En seguida, Cebrián subraya que la principal consecuencia de la crisis en el Viejo Continente es el aumento galopante del desempleo, sin que esta situación haya podido ser frenada con medida alguna.
Y para definir la grave situación económica que enfrentan los países de la Unión Europea, el experimentado periodista afirma que se trata de una crisis sistémica, política y moral, que tendrá como consecuencia el desplazamiento del poder económico hacia países asiáticos como China.
Critica, además, que tratándose de “una crisis global” se haya tratado de enfrentar esa situación con soluciones nacionales. “Una crisis global necesita soluciones globales. La volatilidad de mercados y la ausencia de futuro nos revela que las políticas aplicadas hasta el momento son desacertadas”, afirma, y agrega que los acuerdos y promesas adoptados en la última reunión del G-20 para atacar la crisis “quedaron en papel mojado”.
Para el también empresario, la solución a la crisis pasa por una mayor coordinación en la regulación de los mercados, medidas que “traspasen fronteras”, pues insiste en que se trata de una crisis tan global como lo son el cambio climático, la inseguridad y la inmigración.
Cebrián considera como parte del origen de la crisis la falta de regulación de los mercados y del capitalismo, por lo que –añade– implica fallos del Estado y de los organismos reguladores.
“Estamos ante un fallo de los políticos, de los gobiernos, más que ante un defecto del mercado propiamente dicho. El proyecto de la Europa Unida está en riesgo”, alerta. Finalmente, dice que el tiempo oportuno para tomar medidas adecuadas para enfrentar la crisis ya pasó, por lo que “es preciso recuperarlo a toda prisa, antes de que el edificio en llamas se consuma en cenizas”.
