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Precisiones.

El acuerdo de pesca que se busca presentar como tratado de límites

Historia. Sesenta años atrás, flotas pesqueras como la del magnate Onassis depredaban los recursos hidrobiológicos en los mares de Ecuador, Perú y Chile.
Historia. Sesenta años atrás, flotas pesqueras como la del magnate Onassis depredaban los recursos hidrobiológicos en los mares de Ecuador, Perú y Chile.
La Declaración de Santiago firmada en 1952 por Ecuador, Perú y Chile tenía un solo propósito: impedir que poderosas flotas de pesca extranjeras extraigan los recursos naturales en las aguas territoriales de estos tres países. Durante décadas la reunión que se celebró en Santiago en agosto de 1952 fue conocida como la “Conferencia Ballenera”.

II. Los años  Maravillosos (1947-1954)



Los años siguientes a 1945 no solo fueron los de la Guerra Fría. Nuevos intereses se instalaban en las naciones apenas terminado el enfrentamiento más brutal de la historia de la humanidad. Uno de ellos era el de las reivindicaciones marítimas. Existía una gran preocupación por proteger y asegurar la soberanía sobre las zonas adyacentes a las costas.



Por siglos, el Derecho del Mar había sido una amalgama de principios básicos ya obsoletos, como el que relacionaba el mar territorial con el máximo de distancia al que llegaban las balas de cañón (3 millas). El 28 de septiembre de 1945 el presidente de los Estados Unidos Harry Truman emitió una declaración que marcará la pauta para que otras naciones hagan lo mismo: extender la soberanía a los espacios marinos y la plataforma continental. Como pensaban también otros estadistas de aquellos tiempos, Truman era consciente de la riqueza que guardaban los espacios marinos (hidrocarburos y minerales además de recursos marinos).



Al año siguiente,  Argentina y México hacen declaraciones similares. En 1947 el presidente de Chile hace una proclama en el mismo sentido. Y el 1° de agosto de 1947 el entonces presidente José Luis Bustamante y Rivero (el mismo que sería posteriormente magistrado y presidente de la Corte Internacional de Justicia entre 1967 y 1969) emite el Decreto Supremo N°781 que declara las 200 millas de dominio marítimo peruano. A estas acciones seguirían otras y poco a poco los países del Pacífico Sur se hacen protagonistas del surgimiento de los nuevos principios del Derecho del Mar.

 

Es así como, en 1952, preocupados por las grandes flotas pesqueras –y especialmente balleneras– que depredaban el extenso y pródigo mar frente a las costas de Ecuador, Chile y Perú, los gobiernos deciden aceptar la invitación para que un grupo de diplomáticos y juristas de los tres países se reúnan en Santiago y establezcan algunos principios básicos que permitieran una defensa común de sus intereses. La invitación que cursó Chile fue muy elocuente en torno al objetivo de la reunión, tanto que por mucho tiempo se conoció a esta como la “Conferencia Ballenera”. Fruto de la cooperación entre los tres países, unidos ahora en torno a un objetivo común pese a que heridas de conflictos previos quizás no estaban del todo restañadas, es que surge la Declaración de Santiago. El fin era doble: establecer el principio de la soberanía de los Estados ribereños sobre las 200 millas marítimas, al tiempo que proteger la extracción y depredación de los recursos marinos en esas aguas, lanzando así un manifiesto contraataque contra flotas como las del magnate Onassis. El logro diplomático fue celebrado por los tres países y no pasó mucho tiempo para que las grandes potencias reclamaran frente a este acto que sin duda ponía en jaque a las flotas de sus connacionales, quienes perdían así la carta blanca que tenían para continuar su labor depredadora y pescar –literalmente– a mar revuelto.

 

Los esfuerzos de los tres países y la respuesta internacional –muchas veces opuesta como hemos visto– al contenido de la declaración obligó a que los países decidieran reunirse nuevamente, esta vez en Lima, en 1954. Esta conferencia fue mucho más sustantiva aún y culminó con la suscripción de una serie de documentos, incluida la creación de la Comisión Permanente del Pacífico Sur. Uno de estos documentos es el Convenio Especial de Zona Fronteriza Marítima, cuyo objetivo –lo dice claramente el preámbulo– es establecer un régimen que permita a embarcaciones de poco porte y tripuladas por gente de escasos conocimientos de náutica gozar de una suerte de salvaguardia para que no sean detenidas en caso se perdieran al hacer sus faenas.

 

¿Por qué se habla tanto de los instrumentos de 1952 y 1954?



Ecuador, Chile y Perú se anotaron una gran victoria diplomática cooperando y trabajando juntos para defender sus mares de los intereses económicos extranjeros. Ese fue el objetivo de los instrumentos de 1952 y 1954, suscritos en una época en que recién iban surgiendo algunos de los principios que formarán parte –treinta años después, a principios de los años ochenta– del moderno Derecho del Mar recogido en la Convemar y convertido además en la costumbre internacional vigente. 

 

Es cierto que tanto en 1952 (artículo IV de la Declaración de Santiago) como en 1954 (artículo 1 del Convenio Especial de Zona Fronteriza Marítima) se utiliza la referencia al “paralelo”, aunque de manera que establece un criterio para la navegación. En aquellos años, el Derecho del Mar estaba en estado incipiente y poco desarrollado. La posición chilena es que estos instrumentos, cuando se refieren al paralelo, lo hacen estableciendo de manera definitiva el límite marítimo, como si fueran modernos instrumentos de delimitación. Chile “corta y pega” un poco a su propia conveniencia y gusto estos instrumentos, y forma un continuo al cual pretende otorgar lógica suficiente como para que se conviertan ambos en ese acuerdo de límites marítimos que –a todas luces– no existe. "Para el Perú es evidente que no se trata más que de arreglos provisionales de carácter práctico, una figura que existe en la costumbre internacional y que la Convemar recoge en su artículo 74°".



¿Y el paralelo con el Ecuador no es el criterio de la Declaración de Santiago?



En el artículo IV de la Declaración de Santiago se establece un principio importante –incluido a pedido expreso del Ecuador en aquella Conferencia–. Este dice: “en el caso de islas” se utiliza el paralelo como un criterio para la delimitación. Perú y Ecuador, sin embargo, solo cuentan con un tratado de límites marítimos, desde el 2 de mayo del 2011, cuando mediante intercambio de notas se estableció clara y específicamente –como hacen los acuerdos de límites– la frontera marítima entre ambos países. Dicho instrumento tiene claramente establecido su objeto y fin, las referencias a todos los espacios marítimos, las coordenadas precisas y una cartografía (mapas) coincidente en la que tanto Perú como Ecuador fijaron nítidamente el punto de inicio y fin de la frontera marítima.



Con esto se hizo evidente, por si quedaban dudas, que la Declaración de Santiago fue a todas luces una declaración de carácter político y reivindicativo, un esfuerzo común en aquellos maravillosos años cincuenta en que Chile, Ecuador y Perú fueron capaces de imponer la diplomacia y los intereses comunes sobre cualquier otro tipo de diferencias. El resultado, como se puede ver, fue positivo. Cabe esperar que, dictado el fallo de la Corte Internacional de Justicia, trazado el límite marítimo entre Chile y Perú, y superado el diferendo marítimo con Chile, nuevamente nuestros tres países sepan continuar su cooperación por aire, tierra y mar. Que el espíritu de la Declaración de Santiago sea, sesenta años después, el mismo que permita luchar juntos por la paz en el sur del nuevo continente.



Ayer: La primera propuesta para hallar solución negociada al diferendo

Mañana: Las negociaciones frustradas

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