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Ciudadanos disfrutaron de la Gran Parada y Desfile Militar

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Asistencia masiva. Avenida Brasil se llenó de peruanidad y espíritu patriota desde muy temprano. Con vinchas puestas y el flamear de banderas, muchos ciudadanos disfrutaron de esta fiesta patriótica. Hasta extranjeros celebraron como peruanos.


Carlos Contreras C.


"No sea malo pe’, jefe, déjennos entrar. Solo queremos ver a los militares con sus tanques”, pronunció Pedrito, a duras penas, entre fuertes forcejeos de hombres y mujeres. El reloj marcaba las 8 de la mañana y el frío desanimaba a muchos peruanos que buscaban disfrutar en primera fila de la Gran Parada y Desfile Militar.

El delgado niño, de 9 años, cogía, con sus descuidadas manos, las grandes rejas negras que dividían la cuadra 19 de la avenida Brasil. Para muchos, esas bases metálicas eran vistas como murallas verdes debido al buen número de policías que resguardaban el selectivo ingreso de los invitados.

“Uno solo quiere ver de cerca al Presidente y a nuestros héroes y nos botan, no es posible”, respondió Carlota Callocsa, abrigada con su manta del Ande, llena de vistosos colores.

En el ambiente se percibía el olor del café preparado en el acto, emolientes y bebida de quinua y maca al paso. No se quedaba atrás el aroma de las humitas, los tallarines enjuagados en un condimento rojizo y la sabrosa chanfainita.

A esa hora estaba listo el desayuno. Paraditos, pero con mucho gusto, los presentes devoraban los panes con pollo, lechón y relleno. Siempre acompañado de un café calientito para mantenerlos despiertos.

Desde primeras horas del día

A pocos metros se ubicaba el estrado principal. Allí, donde el presidente Ollanta Humala horas después saludó al público –subido en un auto negro– ya como Presidente de la República. En ese lugar, un reducido número de ciudadanos (excepto Pedrito, su madre y otros más) tuvo fácil acceso para ingresar y deleitarse de la marcha andante de botas, sonido de armas, el coro a viva voz de los marinos, aviadores, militares y policías.

Dos horas antes –cuando todavía no alumbraba el día, ni se formaba el color gris panza de burro característico del cielo limeño– ya se observaba a numerosas familias llegando a la zona. Muchas madres ni le dieron importancia a la llovizna que empapaba nuestra ciudad a esas horas.

Con sus pequeños hijos en brazos, bien abrigados ellos, las señoras buscaban sus mejores posiciones, mientras los padres cargaban bolsas de improvisados desayunos, bancas y asientos.

Los estrados para los invitados quedaron casi repletos luego de que un grupo de enardecidos asistentes irrumpieran y vencieran el cordón policial para poder llegar hasta ese privilegiado lugar. Para otros les fue fácil conseguir una buena posición para ver el vistoso panorama de la marcha saca polvo de los integrantes de las Fuerzas Armadas y otras delegaciones. Solo les costó entre 20 y 10 soles. Se trataba del alquiler de sillas. Todo un negocio que generó problemas.

Vinchas, vuvuzelas y más

Asimismo, a la espera del inicio del desfile, gritos de habilidosos vendedores de vinchas con ¡Viva el Perú! y algunas con la imagen de los seleccionados Guerrero y Vargas lograron que las horas pasaron en un dos por tres. Eran las diez y media de la mañana, y toda la tradicional Av. Brasil (en sus primeras 30 cuadras) lucía abarrotada de compatriotas. Todos mostrando sus banderitas rojiblancas, tocando bulliciosas vuvuzelas y formando grandes olas como si se tratase de un encuentro de la selección.

Así empezó la gran marcha de los uniformados con caras pintadas, bien armados o con ternos bien planchados. Sobre los edificios, cines, institutos, universidades y hasta en algunas iglesias, los vecinos no se perdían de la fiesta y se unían al espectáculo nacional.

Disfrutaron como peruanos

Aunque no fue la tierra que los vio nacer, celebraron igual que unos peruanos. Con mucho entusiasmo. Esa era la actitud de las decenas de turistas que se acercaron a la avenida Brasil. “Es la primera vez que disfruto de esta fiesta del Perú. Esto no lo he vivido en mi país”, respondió la sonriente Julia Apple, ciudadana estadounidense. “Me gusta todo de la cultura peruana”, explicó Valeria Sabouri, de Canadá. Faltando unos minutos para las 2 de la tarde, se terminó el desfile y empezó otro: el de los trabajadores de limpieza pública. Las calles habían quedado muy sucias.



Claves


A las 11:30 am. Empezó el desfile aéreo con el vuelo de 7 aviones de la Fuerza Aérea.

A la 1:00 pm. Sobre el cielo gris de Lima, siguió el sobrevuelo de ocho helicópteros.

1:10 pm. Ocho helicópteros más deleitaron a los presentes, quienes festejaron con aplausos y gritos alusivos a la patria.

A la 1:30 Pm. Se activó el retumbar de los tanques.

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