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El Callao no tiene paz por guerra de pandillas, narcos y sicarios

Basta de violencia. Policía dio cuenta de Otro crimen mafioso. Es el tercer asesinato en menos de una semana. Carlos Gutiérrez Guzmán fue emboscado frente a su casa en venganza por cobros de cupos.

Óscar Chumpitaz C.

Delincuentes que escapan, armas y drogas por doquier, cobros de cupos, testigos que nunca aparecen o tienen miedo de hablar, conforman el ‘combo’ de asesinatos no resueltos o muertes sin culpables en el Callao.

Son muchas las familias que reclaman justicia para escapar justamente de esa palabra tan temida: impunidad.

Ayer, mientras unos 300 policías custodiaban las exequias de Jonathan Castillo Vildoso ‘Gordo Carrillo’, uno de los dos hampones muertos esta semana en una guerra de pandillas, otro joven era asesinado a tiros en lo que, al parecer, sería un ajuste de cuentas.

Marcados por la tragedia

Carlos Edwin Gutiérrez Guzmán (33) fue emboscado frente a su casa de la Mza. S, lote 20 de la Urb. 200 Millas, Callao.
El año pasado había sido asesinado su hermano Demetrio y hace tres semanas acribillaron de ocho balazos a Nelson, el hijo mayor del clan Gutiérrez Guzmán. Este último se debate entre la vida y la muerte.

Filomena Guzmán, madre de estos ‘obreros de construcción’ a quienes se acusa de cobrar cupos a empresarios, carga, entre tanto, con el peso de dos crímenes envueltos en mantos de misterios. “Ojalá que los asesinatos de mis hijos no se archiven ni prescriban”, manifiesta.

Deterioro de la seguridad

La ola asesinatos de los últimos días ha agudizado el temor existente sobre el deterioro de la seguridad en el Callao. En efecto, la sensibilidad ciudadana se ha visto conmovida por una sucesión de crímenes. El martes fue victimado César Flores Arotoma, miembro de la banda ‘Los Malditos de Castilla’.

Un día después integrantes de esta organización tomaron venganza. Acribillaron de 16 tiros a Jonathan Castillo Vildoso, quien conformaba el grupo de ‘Las Fieras de Atahualpa’.

Ambos bandos se disputan la hegemonía por las ventas de droga y el cobro de cupos en el Callao. Estas y otras muertes tienen todos los rasgos de los mafiosos ajustes de cuentas.

El fenómeno no es novedoso ya que ocurre desde hace varios años. En el primer puerto han aumentado los delitos, pero, sobre todo, el grado de violencia empleado en ellos. Esto ha costado la vida de civiles y también de policías.

Crímenes deterioran condiciones de vida, afirma psicólogo

El psicólogo y catedrático universitario Raúl Valdivia señala que estos crímenes deterioran las condiciones de vida del resto de la población, que vive en el temor y se ve obligada a modificar hábitos cotidianos, pierde libertad de movimientos y se enfrenta a la disyuntiva de destinar parte de sus ingresos a gastos de seguridad personal y familiar.

Valdivia sostiene que buena parte de las conductas delictivas son consecuencia del deterioro de los valores sociales y familiares provocado por el empobrecimiento, la falta de trabajo y la pérdida de expectativas de progreso basado en el esfuerzo personal. Es decir, no podrá esperarse una mejora en la seguridad hasta que no se revierta el retroceso social.

Muchos pobladores del Callao elogiaron los constantes operativos que se realizan desde el miércoles, pero pidieron que estos se ejecuten día y noche. “Hay niños que andan con armas. Tampoco es novedad ver a sicarios en moto”, dijo una vecina del lugar.

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