Especiales
Loading

Motivos inconfesados

Por Alonso Núñez del Prado

En mi impresión y creo que en la de buena parte del Perú, en especial de quienes hemos tenido la suerte de estudiar allí, la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) es la mejor del país y por mucho. Habrá, por supuesto, un grupo de gente que no esté de acuerdo, pero me temo que son en buena parte los intolerantes, que no están dispuestos a que en las universidades existan posiciones que no les agradan. He oído a algunas personas criticar que en la PUCP haya muchos profesores de izquierda, lo que puede ser cierto, pero los hay también de derecha y de centro, lo que le da esa cualidad de universalidad que es parte constitutiva de la palabra ‘universidad’ y que complementa la existencia de casi todas las especialidades (incluso de las no rentables).

El período universitario en la vida de una persona es en muchos casos el del inicio de contacto con la realidad, con el Perú que hasta ese entonces desconocía y que en la PUCP se da, porque se puede encontrar estudiantes de todos los niveles y orígenes. Hay, sin embargo, en estos sectarios, el temor de que los jóvenes sean ‘contaminados’ con ideas con las que no comulgan, como si no estuvieran en posibilidad de decidir por sí solos. Estos dogmáticos creen que a las personas no hay que permitirles escoger porque de repente eligen lo que a ellos no les gusta. Se parecen a la Inquisición y a quienes no hace mucho sostenían que no había que educar al pueblo, porque podía resultar rebelándose. Es la típica visión de los que creen ser dueños de la verdad y que no están dispuestos al respeto a las ideas que difieran de las suyas.

La pregunta es ¿qué puede pretenderse al tratar de que un representante del arzobispado sea parte de la Junta que administre los bienes de la PUCP. ¿Ha habido en algún momento alguna duda de la transparencia y forma en que esto se ha hecho y se hace? La respuesta a esta pregunta resultó tan obvia que el propio cardenal Vargas Alzamora decidió poner fin a la intervención, porque no había razones para mantenerla. Pero muchos años después se intenta regresar con la disculpa de que lo acordado en 1994 no era la voluntad de José de la Riva Agüero. Y toda la discusión se ha llevado al plano jurídico, que el PJ tendrá que resolver, de acuerdo o no con el pronunciamiento del TC, habida cuenta que hubo un voto disidente debidamente sustentado. Mas es a todas luces evidente que los motivos inconfesados no son el cumplimiento de la voluntad del testador, sino la pretendida injerencia de un grupo de fundamentalistas en la PUCP. Sólo cabe preguntarse ¿en qué convertirían la PUCP estas gentes? Y la respuesta estoy seguro que no necesito decirla.

Comentar esta noticia

Enviar un comentario nuevo