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Tan cerca de la vida: amor y ficción

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Santiago Roncagliolo habla de su novela Tan cerca de la vida. La presentó en la Feria Ricardo Palma. Narra la historia de Max en Tokio, un thriller de amor y ciencia ficción.

Pedro Escribano.

Si de por sí, por una infancia alejada del terruño, y después los viajes, y con el sueño de ser escritor a riesgo propio, Santiago Roncagliolo se sentía un extranjero en Lima, ahora, en este retorno, halla una ciudad cambiada, como él dice, desconcertante: “Jaime Bayly es de izquierda y Alan García es de derecha”; le resulta un lugar alucinante, casi de ficción.

El escritor vino a presentar Tan cerca de la vida (Alfaguara), una novela situada en otra ciudad alucinante, Tokio, en donde la realidad se parece a la ciencia ficción.

–¿Max es una incursión del mundo occidental en la cultura japonesa?

–Max soy yo, y lo que he sido yo muchas veces en mi vida es un hombre solo en un hotel. En estas giras promocionales todo parece muy glamuroso porque sales en los periódicos, tienes una vida intensa, pero no; después de eso vuelves al hotel y lo único que te acompaña es el canal porno en el sentido de tener un cuerpo cerca. Y, mira, en la novela Max siempre anda buscando amor y solo puede conseguir sexo, y la mayor parte del tiempo ni siquiera eso.

–¿Tu viaje a Tokio fue un viaje de caza literaria?

–En realidad yo viajé a hacer algunos reportajes. No había previsto hacer una novela. En este caso, la novela me arrastró. Me hospedé en un hotel muy lujoso, de hecho era el hotel donde Eddy Murphy hizo una película de miedo. Llegué cuando allí se iba a iniciar una convención sobre inteligencia artificial. Allí nació un poco esta novela.

–¿Fue real la convención sobre inteligencia artificial?

–Sí. He convertido ese viaje en un thriller psicológico y en una historia de amor.

–La crítica habla de ciencia ficción, y mucho de lo que narras –como el que los empleados duermen en cápsulas– lo parece.
–Sí, y es pura realidad. No es ciencia ficción. Y es que ya vivimos eso que llamamos ciencia ficción. La ciencia ficción es realismo ahora. Allá la tecnología campea. Japón es un país particularmente moderno, tecnológico. Por ejemplo, mi celular no funcionaba, funcionan los 3D. Mi laptop, celular, quedaron obsoletos. El metro se paga con el celular. En la novela hay cierta atmósfera de ciencia ficción, pero todo lo que ocurre es real.

–Cuando llega Max, está LUCI. Ella era un robot...

–Me fascinaban esos robots porque cada vez están más hechos como gentes, tanto así que en la soledad que viví en Tokio me inquietaba preguntar si podían hacer una máquina que me quiera. Y me decía ‘si una máquina tuviera sentimientos no sería eso una persona’. Lo que ocurre no es que las máquinas quieran asemejarse a las personas, sino las personas quieren parecerse a las máquinas.

–¿La novela en el fondo devela la deshumanización?

–Seguro un poco. Es que todo está diseñado y preestablecido. Por ejemplo, cuando una prostituta hace un espectáculo, funcionalmente sabe qué debe hacer para que creas que ella te quiere, pero la verdad no sabes qué pasa en sus adentros. Es como una máquina. Pero lo mismo ocurre en el mundo laboral, sobre todo en las grandes empresas. Allí las personas son llamadas recursos humanos; están a la altura de las computadoras, puertas y ventanas.

–Cuando Max ingresa a la corporación y lo ascienden, me hizo recordar al personaje de “La insignia” de Julio R. Ribeyro.

–Sí, puede ser. Él ingresa a un mundo que no entiende, y tiene que actuar de manera funcional. Las cosas que hace se supone que son las cosas que tiene que hacer. Y está solo. Por eso me gustó que se enamore de Mai, porque para él las palabras ya no sirven para entender el mundo o para acercarse a otras personas. Como ella es muda, puede comunicarse solo mediante su cuerpo. Todas las escenas de sexo son, en realidad, su diálogo. El sexo es un lenguaje en el que no se puede mentir.

–¿Has propuesto, en ese sentido, un amor puro?

–Creo que eso es el amor… por lo menos el amor es el juguete que no te venden en las tiendas de pornoshop. El amor es el que te salva el pellejo cuando tu vida parece un thriller.

–Max descubre cadáveres que la corporación compra y con los cuales experimenta para perfeccionar sus máquinas…

–Es que la gente como persona es algo malo para la eficiencia empresarial.

–Max es hispano...

–No se sabe. ¿Por qué estás tan seguro de que sea hispano? Yo no sé en qué idioma está hablando todo el tiempo.

–Has dicho que Max eres tú.

–Ah, sí, pero tampoco yo trabajo en una empresa de inteligencia. Yo me invento cosas… (risas).

–¿No te has preocupado de que tu personaje tenga una pertenencia?

–Al contrario, quería que sea de cualquier sitio. Es cualquier persona que llega a un hotel, y cuando llegas a un hotel no eres nadie. Estás en una habitación en la que no hay ningún rasgo de tu personalidad. Es un no lugar. Cuando estuve en Tokio descubrí que ya había visitado Tokio en los libros y películas que había leído y visto.

Extranjero en Lima


–Has dicho que un hotel es un no lugar. ¿Lima es tu lugar?

–Me llevaron muy niño de aquí. Regresé al Perú como un extranjero, cuando era niño. Estuve fuera diez años. Además, me he tenido que adaptar siempre; ese es mi problema, incluso dentro de Lima. Nunca he sabido bien quién soy. Y eso hace que tú no sepas qué debes pensar, qué debes opinar. Pero eso para escribir es muy bueno, porque de eso se trata, de inventar gente nueva y cosas nuevas.

–Y otra vez vuelves a Lima.

–Sí, estoy totalmente desconcertado en Lima. Las cosas ya no son las mismas cuando me fui. Ahora vienen grupos de músicos jóvenes; en mi tiempo venían en sillas de rueda. Todo ha cambiado: Jaime Bayly es de izquierda y Alan García de derecha. Algo raro ha pasado, yo no entiendo nada. Este es un país eufórico y ahora España es un país muy deprimido. Cuando me fui era al revés.

–La realidad no es tan concreta, sino también imaginativa.

–Yo no creo mucho en la realidad. Creo que vivimos rodeados de muchas mentiras.

El lío misterioso con una dama

–Santiago, tú eres un caballero, pero has tenido un lío con una dama. Me refiero al caso de Memorias de una dama, novela retirada del mercado. ¿Admites el lío?

–Creo que todos los libros políticos que cuentan historias políticas terminan metiéndote en líos.

–Tú has dicho que ese libro es un misterio. Eso dice el novelista, pero ¿qué dice el periodista, que también lo eres?

–Lo increíble con esta historia es que nadie directamente involucrado ha dicho algo. Cuando haya una fuente directa que diga algo, yo hablaré.

–El asunto es que el periodismo no ha llegado allí.

–Ah, la historia es fascinante, el problema es que no te la puedo contar, pero si tú la cuentas yo no tengo ningún problema.

Alguien la contará alguna vez, pero no seré yo. Yo espero el día en que alguien cuente esa historia.

–¿Historia encriptada?

–Un libro con un misterio siempre es un libro fascinante. Los mejores libros son los que no se dejan leer.

–Vargas Llosa ficcionó sobre Julia Urquidi para La tía Julia y el escribidor y Urquidi le inició un juicio, que perdió. Acógete a ese precedente.

–(Santiago no responde). ¿Pero qué puede impedirle hablar: algún poder, conciencia, dinero, mafia? Un día se sabrá.

Perfil


El autor. Nació en Lima, 1975. Escritor, dramaturgo, guionista, traductor y periodista. Ganó el premio novela Alfaguara 2006 con Abril rojo. Otros libros: Pudor, Memorias de una dama.

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