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Fama - 10 / 06 / 2009

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Lengua filuda

Llega Relapse, la nueva placa de Eminem. Rapero suelta de nuevo toda su basura emocional. Disco plagado de alusiones a celebridades, a su madre y a los fármacos, es ya número uno en ventas en EEUU.

Los discos de Eminem suelen ser un bote de basura emocional disparado en ráfagas rimadas con insultos y mofas a quien se le cruce por la cabeza: celebridades, su ex esposa, su madre y, sobre todo, él mismo.

Relapse, su retorno discográfico cinco años después de Encore, no ha sido la excepción. La placa –número uno en ventas desde su salida en los Estados Unidos– llega la próxima semana a Lima, pero mucho ya se ha anticipado de las nuevas canciones de Marshall Mathers, de la mano nuevamente  de su mentor y guía Dr. Dre en la producción.

Eminem se encarga de diseccionar en su primer single, “We made you”, a celebridades tan o más caóticas, erráticas y podridas que él mismo, a la sazón, Britney Spears, Jessica Simpson o Amy Winehouse; al tiempo que despotrica contra shows como el inverosímil y ridículo “Rock of love”, el reality amoroso del cantante de Posion, Bret Michaels.

En “My Mom!”, el rapero aprovecha para echar la culpa a su madre de su superada adicción a los fármacos: “Mi mamá amaba el Valium y un montón de drogas. Por eso estoy en lo que estoy, porque soy mi mamá...  el Valium estaba en todo lo que comía... Ella sazonaba mi filete con eso”.

Y es que Mathers estuvo justamente por su consumo desmedido de esas sustancias. De hecho, como buen rapero, sus rimas en este disco están plagadas de marcas: Lunesta, Ambien, Vicodin, Valium, NyQuil, todas medicinas prescritas para anular su mente  y que lo tuvieron en un estado crítico.

Afortunadamente, no le hicieron perder el filo al componer, aun cuando el cuchillo siempre se dirige a su propio pecho, especialmente al revelar cómo escondía sus dependencias de su pequeña hija. Pero también dirige el arma blanca a Lindsay Lohan y de nuevo a Britney en “Same song and dance”, donde explicita su deseo de matarlas. En “Medicine ball” se burla hasta del desaparecido Christopher Reeve, solo para, al final del track,  imitar su voz reproducida por un aparato fonal y, con aquella impostación, señalar, de nuevo, su odio hacia sí mismo.

En definitiva, no es el mejor trabajo de Mathers –quizá precisamente a causa de flojos ritmos y melodías de Dre–, pero se trata de un buen regreso. Esperemos la segunda parte del disco, que llegaría en la segunda mitad del año.

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