
SINESIO LÓPEZ, DE AVENTURAS, COMPROMISOS Y FIDELIDADES • Es director de la Biblioteca Nacional desde el 2001. Gabriel Gargurevich. Cada vez que lo hacía se sentía culpable, pero no lo podía evitar. Sobre todo cuando regresaba de las vacaciones. Era en esa etapa en que aprovechaba las oportunidades que se le presentaban en su pueblo, en la sierra de Morropón, al norte de Piura. Nuevamente vería las caras de los curas, la cruz en el comedor principal y la culpa se apoderaría de él, a sus 15 años. Así que tendría que confesarse, “porque eso había que hacer luego de pecar”. Si el pequeño Sinesio decidió entrar al seminario Santo Domingo Sabio, en la ciudad de Piura, a los 10 años, fue porque no tenía opción. No porque fuese un niño piadoso que al llegar a la adolescencia quitaría de su afiebrado imaginario, propio de la edad, todo lo que tenga que ver con chicas. “En el seminario me preparaban para ser sacerdote, pero fue durante esos años que yo empiezo a tener mis primeras relaciones sexuales”, confiesa ahora Sinesio, a sus 63 años, revelando que su sed de conocimiento fue poderosa desde niño. A lomo de mula “O te quedas en el campo o te vas a un seminario católico”, le dijo su padre, apenas cumplió los 10 años. Sinesio era el tercero de 12 hermanos y lamentablemente su padre ya no tenía plata para mandarlo a estudiar secundaria como a los dos mayores, y hacerlo en el seminario le resultaba mucho más barato. Sinesio, que había nacido en 1942 en una hacienda casi feudal, en un pueblo donde existía una escuela primaria para unos cuantos, donde no había autos y donde cada vez que le caía un libro en las manos era motivo de fiesta, no lo pensó dos veces, empacó, se despidió de su familia y se fue en lomo de mula a la ciudad de Piura. Luego de un día de viaje lo esperaban los curas salesianos, la mayoría italianos o españoles, para “compensar todas las privaciones que tuve en la niñez, en cuanto desarrollo y disciplina intelectual”. “Comer es un acto animal que hay que humanizar”, decían los salesianos y hacían turnarse a los alumnos para leer mientras almorzaban. Formación católica “Leíamos literatura inofensiva pero enriquecedora como Walter Scott y Emilio Salgari”, cuenta Sinesio para luego añadir que “también aprendí italiano de los discursos de Mussolini que nos hacían leer. Al margen de ser fascista, era un orador magistral”, recuerda. Cuando cumplió los 16 años, Sinesio se encontraba fortalecido física (era un excelente futbolista) e intelectualmente “aunque en esa estructura militar, pensándolo bien, uno se va limitando por las restricciones, sobre todo en cuanto al contenido de los libros”. Sin embargo, el rollo católico y de crecimiento personal, continuó. Así que viajó a Lima a estudiar filosofía en la escuela de Santo Toribio. El asunto duró tres años más, hasta que empezó a incursionar en lecturas más avezadas como las que le ofrecía el existencialismo de Sartre. Además, en el terreno emocional se encontraba un tanto inquieto ya que había conocido a una chica de la que se enamoró “de verdad” y que terminó por minar toda aspiración sacerdotal. Ya lo había decidido, cumpliría su más grande anhelo: entraría a la Universidad Mayor de San Marcos. En 1963, estudiar sociología en esa casa de estudios era lidiar con un hueso duro de roer, era sumergirse en un ambiente en permanente ebullición. Apenas pisó San Marcos, Sinesio López se ganó un lugar especial entre los alumnos y se hizo de la dirigencia estudiantil. Cuenta que entre sus mayores hazañas estuvo el hecho de haber logrado que toda la plana de docentes de la facultad de Sociología se vaya. “No estábamos conformes con el nivel académico, así que exigimos una reforma donde las marchas y los plantones no estaban exentos de la lucha. Hicimos alianzas con algunas autoridades universitarias y conseguimos el cambio”, cuenta orgulloso, mientras se recuerda con barba y un tanto melenudo. Cuando terminó la universidad en el año 1968, un amigo suyo le dijo para trabajar en la Oficina de Desarrollo de los Pueblos Jóvenes en el gobierno del general Velasco. Pero renunció al poco tiempo, luego de que su jefe le dijera: “Seguramente usted está pensando en crear. No se olvide de que el único que crea aquí es Dios. Los hombres compaginan”. Aquello fue demasiado para Sinesio que ya se había casado, tenido una hija, divorciado y ya estaba con las maletas hechas para irse a París a estudiar un doctorado y “conocer a intelectuales de prestigio”. En el periodismo En 1975 ya había regresado a Lima y se encontraba enseñando en la Católica y San Marcos. Esto fue hasta 1981 que decide fundar, junto a otros dirigentes de izquierda, el Diario de Marka. Los años que siguieron estuvieron marcados por un espíritu contestatario, agresivo, “donde expresábamos la ira de la sociedad y no su propuesta”. Amenazas constantes de Sendero Luminoso y las FFAA, además de la crisis económica, llevaron al diario a su debacle. En 1986 vuelve a la docencia universitaria en su alma máter, hasta el 2001 que es convocado por el gobierno de Toledo para dirigir la Biblioteca Nacional, tarea en la que sobrevive a cuatro ministros de Educación. | ||||||||||||||||
|
Participe
Lea las Normas de Uso.