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Martes 09 Febrero, 2010
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DETALLES DE NOTAS

Aproximaciones. El hombre que inventó el futuro

Por Álvaro Mejía.

Álvaro Mejía.

A inicios del siglo XX, mientras el anciano Julio Verne aún vivía, un joven ingeniero peruano, Pedro Paulet (1874-1945), diseñaba una nave espacial que es el primer antecedente del trasbordador Venture Star, de la NASA. Pese a ello, hoy es casi un desconocido.

Arequipa, 1884. Un niño enciende la mecha de un cohete casero, que despega. En una celda adjunta, un ratón hace de involuntario tripulante.

Lo había inspirado Julio Verne, quien proponía viajar en una bala de cañón. Pero Paulet lo superó en fantasía. De niño, intuyó que las naves necesitaban la energía de los cohetes para salir de la atmósfera terrestre.

"En mi ciudad natal, edificada con lava de un antiguo volcán vecino, no hay miedo a mayores incendios, por lo que los cohetes son la obligada diversión en todas las fiestas. Desde pequeño aprendí a confeccionarlos".

Los vecinos creían que era un chico inteligente, pero raro. Llegó a ser diplomático y recibió honores en varios partes del mundo pero, en su país, no pudo quitarse la fama de excéntrico.

En su vida se mezclan las certezas del científico, pero también la fantasía y los sueños visionarios. Inventó el motor a reacción en 1895, año en que nacía la fábrica de ilusiones del cine. Entonces estudiaba en La Sorbona de París y Verne estaba vivo. ¿Se conocieron? No tenemos evidencias.

Los planos de su nave, llamada Avión Torpedo, están firmados en Bélgica, en 1902, el mismo año en que George Méliès parodiaba las discusiones sobre viajes espaciales que habían popularizado los libros de Verne y H.G. Wells. En ellos, aportaba el ala delta, que los aviones comerciales y militares sólo adoptarían tras la Segunda Guerra Mundial.

Quiso construir su nave en el Perú. Pero, en 1903, los hermanos Wright apenas habían conseguido elevar un aeroplano. El de Paulet parecía más un proyecto de Méliès. Pero, tres décadas después, mientras la ciencia ficción empezó a tomarse en serio y Alemania comenzó a estudiar la cohetería espacial, libros alemanes incluían a Paulet como uno de los cuatro padres de la era espacial; junto a un alemán, un ruso y un norteamericano.

Se sabe que Henry Ford ofreció un millón de dólares para aplicar su motor en autos de carrera. Pero Paulet quería ir a la Luna. La Sociedad para los Vuelos Espaciales de Alemania le ofreció fabricar misiles de guerra, pero él no quiso. De ese grupo, salió Von Braun, quien hizo los misiles y luego el Apolo XI. ¿Qué hubiera pasado si Paulet aceptaba?

Se ha estudiado poco su obra pero, como anticipó Jorge Basadre: "Cuando se escriba la historia de las ciencias en el Perú a fines del siglo XIX y comienzos del XX, habrá que dedicar suma atención al ingeniero arequipeño Pedro E. Paulet. Al sostener y probar en 1895 el principio fundamental de que 'la propulsión vence a la atracción' apareció Paulet como el autor indiscutible de la retropropulsión".

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