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Por Mirko Lauer
La reunión en el pueblo suizo de Davos es una vitrina anual del estado de ánimo del capital en el mundo y, como era previsible, este año el ambiente es lóbrego. De los primeros balances están surgiendo algunos conceptos de segunda generación sobre la crisis, que casi ningún programa o sección económica local cuenta.
La idea de una salida fácil o rápida de la crisis ha perdido todo su prestigio inicial. La reemplaza un ánimo más bien filosófico, como cuando Paul Krugman afirma que “las viejas certidumbres se han desvanecido y el sentido común ha demostrado estar equivocado”. La nueva idea frente a esto es que la cosa es mucho peor de lo que nadie imaginaba.
El concepto optimista ya no es la salida rápida, sino el lema de Davos 2009: “Construyendo el mundo de la post-crisis”. Pero a la vez el horizonte temporal de ese post se viene alargando, y dentro de ello relativizando. Por lo cual hay cada vez más reticencia a pensar el asunto en términos de uno, dos o tres años, y se empieza a hablar de una generación.
Por todo lo anterior los pronósticos que vienen de los gurúes más caracterizados del negocio financiero vienen perdiendo peso con cada hora que pasa. Ahora son los políticos, el grupo más grande de profesionales en este Davos, quienes sostienen cada vez más la manija, aunque cautamente se abstienen de emitir opiniones vinculantes.
¿Por qué los políticos? Porque la idea de la empresa privada como motor de la economía mundial se está evaporando, como afirma The Financial Times. La está contrapesando una nueva mirada sobre el Estado, el cual viene siendo usado para los salvatajes de emergencia, por la vía de las nacionalizaciones urgentes.
La tarea de estos gobernantes es adecuarse a que, 20 años después, el consenso en torno de la globalización y el libre comercio se está resquebrajando a toda velocidad. Lo cual es una antesala del proteccionismo, que es a su vez la antesala de probables guerras comerciales. Así, la post-crisis de la economía puede ser una crisis política, y hasta militar.
Los conflictos civiles asoman. La nueva unidad de medida de la crisis en el norte es el avance del desempleo, en términos de decenas de millones de personas. A ese ritmo pronto será un dato político en las calles, y en los escritorios de los expertos en seguridad. Las revueltas cuando subieron los alimentos fueron un botón de muestra.
Por último otra novedad de este Davos es que el flujo de capitales a los países en vías de desarrollo se está reduciendo a toda velocidad, pues esos recursos en parte están siendo utilizados para los planes de rescate en el norte. Sin duda esa reducción incluye menos compras al tercer mundo, y por supuesto a más bajos precios.
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