
| Página 17 |
Los donadores repetitivos de sangre. Profesionales que trabajan en el Banco de Sangre del Seguro Social predican con el ejemplo y cada tres o cuatro meses estiran sus brazos para salvar vidas.
Consuelo Alonzo C.
Por trigésima quinta vez, Carlos Penalillo Pimentel (48) se tiende en una camilla del Hospital Edgardo Rebagliati, del Seguro Social y observa la aguja ingresar en su vena. Cuando la bolsa a su lado comienza a teñirse de rojo, un extraño rictus se esboza en su rostro. No de miedo. Tampoco de dolor. Su gesto es de satisfacción y de una inusual calma.
Pasados apenas diez minutos y con una vendita en el antebrazo, este tecnólogo médico dejó de ser un simple mortal y se convirtió, para los ojos de quienes estaban en esa sala, en un héroe. Sin capa ni espada o superpoderes, rescatará de una muerte segura a cuatro vidas. Y es que los 380 mililitros de glóbulos rojos y plasma que donó en silencio sirven para eso, para salvar vidas.
Así han sido los últimos 20 años de su vida. Cada tres, cuatro o seis meses ha estirado su brazo sin temor. En dos décadas al menos 140 personas tendrían mucho que agradecerle, aunque Carlos no busque los agradecimientos como premio.
“Con esta acción no solo ayudas a la gente, ayudas a tu alma. Salvas vidas. Hay mucha gente que viene de provincias necesitando sangre y aquí no tienen a ningún familiar. Para ellos son muchas de las donaciones”.
Carlos cuenta que su historia como donador repetitivo comenzó a escribirse cuando aún era estudiante. Una vecina suya tenía leucemia y urgía por una transfusión. Después de ese episodio comprendió lo importante que era dar unos minutos de su tiempo, y claro, un poquito de su sangre.
Pero no todos piensan como él. En su sendero ha tratado de invitar a su “club de superhéroes” a esos que se llaman “creyentes”, pero las excusas para no ayudar han sido miles. “Sólo donaré a mi familia”, “Si dono hoy no podré donar por los míos mañana”, fueron algunos de los pretextos. Pero aun así sigue intentando que la gente tome conciencia y done.
NUNCA ES TARDE
Uno que tomó conciencia con gran entusiasmo fue el Coordinador del Área de Donadores, Mario Paiva Castillo, pero no siempre fue así. En su vida como tecnólogo había visto mucha, mucha sangre y muchas más agujas. Pero por la suya sentía hasta repulsión. Y por las agujas atravesando su piel ni qué decir. Pero como para predicar hay que hacerlo con el ejemplo, tomó valor y decidió donar. “Lo reconozco, comencé tarde. Pero lo importante es comenzar y me he prometido llegar hasta los 55 años donando”, dice.
Mario ya ha donado cuatro veces (dos veces sangre y dos plasma) desde que comenzó y espera que sean muchas veces más. Ahora su predicamento es tal, que su hija de 19 años celebró la mayoría de edad dejando su aporte en el Banco de Sangre y su hijo de 18 desespera por tenderse en una camilla y estirar su brazo. Sabe que tendrá una oportunidad única: salvar tal vez a algún joven que como él tiene muchos sueños o quizás a un niño que apenas conoce el mundo.
Mario ya no recuerda el miedo de la primera vez. Tampoco tiene miedo ahora. Solo cree que si alguien le hubiera explicado –siendo estudiante– sobre la importancia de donar, lo habría hecho más temprano. “Los países que tienen grandes porcentajes de donación voluntaria tienen en el currículum escolar un tema sobre la donación de sangre. Lo mismo debería hacerse en nuestro país. Mis hijos han crecido escuchando sobre la donación, por eso han acudido. La educación es clave”.
EDUCAR Y SALVAR
Y gracias a que también se lo enseñaron, la médica asistente Ina Pérez (32) comenzó a donar cuando aún era internista en el hospital Dos de Mayo. “Asimilamos que era importante y fuimos (los internistas) a donar. La experiencia fue bonita, nos trataron bien y la persona que nos evaluó fue muy cálida”.
Desde esa vez, Ina ha entregado en tres oportunidades su sangre y una vez plaquetas mediante aféresis (extracción selectiva).
Pero, ¿cómo conseguir que más gente done? La pregunta le da vueltas en la cabeza desde hace mucho. Una solución sería que el centro hemodador se encuentre alejado del hospital para que la población no lo asocie con accidentes, cirugías, heridas o muerte.
Otra solución sería que los niños entiendan desde la casa que donar no hace daño, que no enferma, no mata. Todo lo contrario, que da vida, esperanzas, amor.
Solo así llegaremos a ser una mejor sociedad, con seres más solidarios que tengan la convicción de que el prójimo merece nuestra ayuda desinteresada. Donando uno realmente hace el bien, sin mirar a quien. ¿Cuándo empieza usted?
PRECISIONES
PRUEBAS. Las pruebas por las que pasa la sangre antes de ser entregadas a su receptor final son Hepatitis B, HIV, Core Hepatitis B, Core Hepatitis C, Sífilis, Chagas, HTLV, Antígeno de Superficie y el Antígeno P24.
GUARDADO. El paquete globular solo puede guardarse por 42 días a -4º. El plasma puede conservarse por un año a -50º, en un estado de criopreservación. Luego de ese lapso tiene que desecharse. Anímese y no espere. Done.
Cifras
12 meses tendrá que esperar para donar si se tatúa.
1% de los peruanos dona, la mayoría por reposición.
Riesgo para el donador es cero
Elizabeth Carrillo, jefa de la Gerencia de Diagnóstico y Tratamiento del Hospital Rebagliati, explicó que los temores por algún tipo de contagio al momento de donar no tienen fundamento, pues el set para extraer sangre (incluida la aguja) viene en un empaque sellado y es de un solo uso. “Es imposible reusarlo para extraer la sangre pues el líquido que impide la coagulación se gasta. Con esto quiero decir que el riesgo es cero”.
Indicó que por cada vez, una persona puede donar aproximadamente 380 mililitros de sangre, que en su mayoría (60%) es plasma y el resto (40%) son glóbulos rojos. Y esa cantidad, dijo, “se recupera tomando líquidos”.
También recalcó que la sangre que se dona, antes de ingresar al Banco, pasa por ocho pruebas para descartar cualquier infección. Incluso ya cuentan con el Antígeno P24 que reduce el período ventana a 14 días para el VIH.
Participe
Lea las Normas de Uso.
Enviar un comentario nuevo