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Martes 09 Febrero, 2010
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Enseñar en el Perú

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Por Luis Jaime Cisneros

A veces suelen convocarme a reflexionar sobre la vocación magisterial. Ya el tema de la ‘vocación’ comporta grave desafío. Y tratándose del carácter ‘magisterial’, de necesidad grave y urgente. Sobre todo, si anuncia la voluntad de encarar el problema desde sus raíces. ¿Dónde nace esa vocación? ¿Cómo se manifiesta? Y digo abiertamente vocación para evitar tropezar en palabras como interés, curiosidad. Precisamos las cosas: ¿por qué alguien se decide a admitir y encarar esta decisión?

Ahí arranca el asunto. Muchos casos comprueban que la falta de aptitudes para determinadas carreras profesionales ha decidido a muchas personas a ingresar en el magisterio. Pero al magisterio no se ingresa por la puerta falsa. Hay también quienes alegan razones para haber evitado esta profesión. Sus argumentos suelen variar entre numerables excusas: pagan mal, no hay una clara carrera de ascensos, y la antigüedad parece ser más importante que el trabajo intelectual: el mérito parece estar en la permanencia antes que en el trabajo realizado, la calidad no cuenta.

Pero existe un problema más grave para los enrolados: la evaluación no se entiende como un indispensable control técnico sobre el progreso que muestran los alumnos como reflejo de la enseñanza recibida; y eso es grave, porque no permite admitir que la carrera magisterial es precisamente una ‘carrera’ que implica continuidad en la marcha y progreso en los conocimientos. Como de eso depende la calidad en un alto porcentaje, el maestro debe comprender que para ascender (y asegurar el progreso económico) hay que progresar en la docencia (que documenta el progreso científico del alumnado).

Dicho así, parece muy sencillo, y nos sorprendemos de que haya dificultades para comprenderlo. Sin embargo, el diario trajín revela por lo menos varios obstáculos: a) el financiamiento es deficiente; b) no hay un criterio firme sobre en qué consiste (y cómo se prueba) la mejoría de la calidad; c) como no hay clara idea de lo que significa una política educativa, no puede haber firme apoyo político; d) no hay todavía conciencia clara de que el progreso (en estas materias) no se logra en 24 horas sino que implica una marcha gradual de los contenidos.

El magisterio es una carrera profesional que se vive con ardorosa pasión y decidido empuje. No es un empleo circunstancial que nos distrae. Maestro que no esté concentrado en lo suyo está desmintiendo la imagen magisterial. Si hablamos de una ‘carrera’ hay que admitir que estamos aludiendo a una continuidad, que supone etapas: ingreso, marcha (y ascensos progresivos en la marcha) y cúspide. Esos ascensos están relacionados con el esfuerzo docente y los logros estudiantiles, y no con la antigüedad en el magisterio. La antigüedad sólo es mérito cuando va felizmente asociada a la calidad del aprendizaje, fruto de una enseñanza calificada. Y para que los ascensos no estén librados a circunstancias ajenas a la vida laboral, la ley previsoramente ha fijado los periodos en que el Estado debe convocar a concursos, que deben ser preferentemente bianuales. Claro es que debemos entender que, tratándose de una carrera, los deméritos conllevan medidas explicables en todo sistema de evaluación.

Si existe, pues, una carrera magisterial, imprescindible es que nos preguntemos cuáles son los requisitos para acceder a ella.

¿Solo buena voluntad y entusiasmo? Por lo pronto, no basta haber terminado los estudios secundarios. Hay que tener conciencia clara de nuestra condición de país pluricultural. Desde el inicio debe quedar establecido que hay que merecer ser candidato a maestro. Un estudiante crecido en zonas costeras debe estar preparado para enfrentarse (si el destino así lo determina) a sus compatriotas del Ande o de la Selva. Debe, por tanto, estar vivamente interesado en compartir con ellos la vibración espiritual que los identifica como peruanos. Como peruanos del siglo XXI, necesitados de conocer las urgentes necesidades de los muchachos de estas generaciones nuevas para que la enseñanza pueda ofrecerles el camino correcto que conduce a la felicidad, la justicia y la verdad.

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fui profesor de una escuela parroquial en Lima durante anos. Ahora me dedico a otras cosas, entre otras razones, por la manera como se maltrata en general al magisterio en el Peru. todo lo que dice el sr. Cisneros esta my bien - tan bien que muchas de sus aseveraciones son demasiado idealisticas. Al profesor de escuela hay que pagarle bien. debe ser un gran profesional, por cierto, pero, como puede serlo con un sistema universitario tan malo? se han puesto a pensar que el problema comienza tambien con las deficiencias que tienen quienes forman a los profesores en universidades como La Catolica? Lo siento, pero es la cruda realidad. hay gente muy competente a todo nivel, pero hay demasiado mediocridad incluso en universidades como La Catolica.


Excelente artículo del maestro de generaciones Luís jaime Cisneros. No basta la antiguedad si ésta no está acompañada de la calidad académica y la investigación. Nuestra experiencia es universitaria que es donde se forman los maestros y que está en crisis mejorándola con voluntad política ayudaremos a mejorar los demàs niveles. El libro de Manuel Burga "la Reforma Silenciosa" es un buen diagnóstico y propuesta para ello. esperemos mejorar y el país también.


Soy la Lic. Yanet Lina Mori Chuqui de Gonzáles ,especialidad de matemática - física, quien en la evaluación de contrato 2009 sacó la nota calificatoria de 16.6, colocándome en EL OCTAVO PUESTO A NIVEL DE LA UGEL 01 Y EN EL QUINTO PUESTO A NIVEL DE MI ESPECIALIDAD, a duras penas logré ser ubicada recién en el mes de abril en una institución educativa, por la incompetencia y el mal manejo de la comisión de evaluación de la ugel 01, perdiendo mis haberes del mes de marzo, a pesar de haber sacado una buena nota y estar mis documentos en regla, cuando recién inician a pagarme después de 3 meses sin sueldo, recibo una R.D. de la ugel 01 argumentando mi destitución por la llegada de un docente a la plaza, yo laboro como docente contratada en vmt, hasta el presente ,a pesar de que se

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