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Martes 09 Febrero, 2010
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¿Ha dicho usted identidad?

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Por Hugo Neira

Hay un concepto que corre calles plazas y plazuelas. Que invade cenáculos culturales, estrados políticos y la intimidad de los peruanos, como asunto capital. Y puede que lo sea más que la pobreza. Ese problema es el de la identidad. En algunos casos, se presenta como dilema atroz. ¿Realmente, tenemos una crisis de identidad?

El otro día, en el curso de una visita a Arequipa con ocasión de la Feria Internacional del Libro, a la salida de mi conferencia, me esperaba un grupo de jóvenes. Al filo de la medianoche, nos quedamos conversando un buen rato. Uno de esos jóvenes me expuso sus dudas. Estoy trabajando una posible tesis sobre Confucio, me dice. Pero, prosigue el joven, últimamente me ha interesado Mahoma. Medio pasmado, atino a decirle, ¿pero bueno, donde está el problema? “Tengo una crisis de identidad. No sé por cuál decidirme”.

Un hindú, el economista Amartya Sen (lo cito por lo conocido que es), premio Nobel de Economía de 1998, explica el concepto antropológico de la identidad cultural. “Una misma persona puede ser mujer, ciudadano americano, originario del Caribe, de ascendencia africana, cristiano, liberal, vegetariano, heterosexual”. Esto me sirve para decir que hay tres maneras de aproximarse al tema de la identidad. La identidad es individual, y, si alguien se confunde, se cree por ejemplo otra persona, tenemos que llamar a un psicólogo. En los asilos de alienados no falta alguien que se cree Napoleón y a menudo, Jesús de Nazaret. Ahora bien, cuando se trata de identificación a un grupo familiar, clánico, religioso o lingüístico, hablamos de identidad cultural. Esta es inmensamente variada, como lo señala Amartya Sen.

Se está definiendo la identidad como una esencia. Algo secreto, profundo, inamovible. Una suerte de segundo Machu Picchu escondido. Lo de la esencia de la peruanidad, me mata. ¿Será el seviche? ¿Será la polca, el pasacalle, el huaino o el vals? Y los torturados espíritus entran a la búsqueda de la esencia nacional. Pero eso no es ya antropología, ni historia, sino un retorno pimpante a la filosofía rancia de otras edades. La esencia, la substancia, Dios mío. Lo que tenemos es historia, y en ella, flujo, variabilidad, fisión y fusión. Somos un país de mestizaje, pero no del viejo sentido, hijo de español e india, es decir, como Garcilaso. Somos país mestizo, pero también lo son Brasil, México. Y si se examinan de cerca, todas las naciones del mundo.

Pero, se precisa de naciones. Y de  Estado, y “en forma”, como decía Basadre. Es decir quien albergue los derechos de los ciudadanos a sus opciones grupales. En este pasaje del nivel de lo cultural a lo nacional, nos atracamos. Un americano no tiene por lo general ese problema. No lo tiene después de decenios de lucha por obtener derechos cívicos. Pero América se fundó sobre un pacto de pluralidad de religiones. Y se ha continuado. Así, se puede ser de origen europeo, asiático, ser ítalo-americano, black o hispano como dicen, y no es un trastorno. Los “otros”, tienen que aceptarlo. Puede optar, en efecto, por ser protestante, católico o miembro de una de esas estrambóticas iglesias que se inventan cada día, de la religión de Osiris, siempre y cuando no molesten al vecindario. La sacrosanta palabra no es qué es identidad sino, sea la que fuera, que sea respetada porque es un derecho ciudadano. Al estudiante arequipeño le recomendé que para tener identidad nacional debía conocer a nuestros autores. Desde Garcilaso a Vallejo, Scorza, Vargas Llosa. Pasando por Palma, Basadre, etc. No hay que optar en Perú por una idea de identidad cultural única porque eso es excluir a las otras. Pero tener orgullo nacional es posible si se visita la “Casa de la Literatura”. Ahí están nuestras glorias. Y eso, el buen decir, es identidad peruana.

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La "Casa de la Literatura" burla típicamente aprista que, para mayor sarcasmo, estará en la estación Desamparados, no solo es innecesaria sino que debiera ser recusada por las autoridades de la lectura y los libros en el Perú que, lastimosamente, según la ausencia de políticas serias de lectura y bibliotecas en el país demuestran, no existen, ¿o si, señor Director de la Biblioteca Nacional del Perú? ¿podría, pro favor, hablarnos un poco de las políticas que su gestión propone? Porque ya se sabe que la educación es fundamental para la construcción de las identidades culturales, y nada más útil para la educación ciudadana, que un buen sistema de bibliotecas públicas en un país...
Saludos,

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