“Siento que estamos viviendo lo del 90”, dice un poco exaltado al otro lado del teléfono un amigo vinculado desde su juventud a la izquierda. “Es una película que ya le he visto”, agrega para luego preguntarme qué está pasando. Es la misma pregunta que supongo se están formulando también los que, como el amigo que me llama, se entusiasmaron con la candidatura de Alberto Fujimori y ahora con la de Ollanta Humala. Fujimori –se ha contado hasta el cansancio– llegó como un político que supuestamente recogía algunas banderas de la izquierda.Y de hecho su equipo económico, comandado por Óscar Ugarteche, lo acompañó hasta la segunda vuelta, previa a su llegada a Palacio. Ya instalado en el poder tuvo en su gabinete a gente izquierdista, caso Fernando Sánchez Albavera, Gloria Helfer y Carlos Amat y León. No duraron mucho, al final AF escogió a Montesinos como su socio, a los militares como su núcleo operativo y a la derecha como su partido.
¿Estamos ad portas que con Humala ocurra un hecho político similar a lo que pasó con Fujimori en su primera etapa, antes del autogolpe del 92, como piensa nuestro amigo? Creo que no, por lo menos, por ahora no. Es, también, una de las preguntas que se formulan los cuadros políticos y técnicos de izquierda que forman parte del gobierno, y los que desde afuera los respaldan en forma militante o lo ven con simpatía y tienen la esperanza de que finalmente se concrete la “gran transformación prometida”. La interrogante surge por la abrupta salida del gobierno de Carlos Tapia, un viejo zorro político de izquierda que sorprendió a todos sus amigos el 2005 cuando se integró al Partido Nacionalista y se convirtió en uno de los principales promotores de la primera candidatura presidencial de Ollanta Humala.
Tapia –para responder a nuestro amigo–, según tenemos entendido, es el único político de izquierda que se aparta del régimen humalista. José de Echave, viceministro del Ambiente, cuyo rumor de renuncia recorrió las redacciones de los diarios en las últimas 48 horas y que se hizo más persistente al difundir Gustavo Gorriti de IDL-Reporteros las objeciones de ese ministerio al Estudio de Impacto Ambiental de Conga, se queda.
Tampoco hay movimientos de salida en los otros ministerios. ¿Por qué entonces la partida de Tapia? Tiene algunas explicaciones. Una de ellas es que desde la campaña electoral tuvo varios encontronazos con el coronel EP (r) Adrián Villafuerte, uno de los militares más cercanos a Humala y cuyo poder en el gobierno, según las investigaciones publicadas por Ángel Páez y Edmundo Cruz de La República, va en aumento. “Nunca se llevaron”, fue la respuesta de un amigo cercano a Tapia.
El otro personaje en escena es el argentino-brasileño Felipe Belisario Wermus o Luis Favre que recomendado por Lula a Ollanta, se convirtió rápidamente en el asesor de mayor influencia de OH, en especial en la segunda vuelta y que ahora, al igual que Villafuerte, aumenta su influencia en el círculo presidencial. Un conocido de ambos dice que en la pugna por quién estaba más cerca del poder (léase Ollanta Humala) ganaron Favre y Villafuerte. Por ello Tapia quedó fuera de todo cargo público que estuviera cercano al presidente.
Un tercer elemento que explica la salida de Tapia es su carácter, un apasionado en las cosas que cree, siempre impulsivo y, a veces, un “mandado”, dice otro de sus amigos. Alejado del poder, Tapia recaló como asesor de Salomón Lerner, presidente del Consejo de Ministros. Su personalidad lo llevó a confundir sus roles. Siguió actuando y declarando públicamente como si formara parte de la dirección política del PNP, como si fuera un cuadro político de Gana Perú, y no un funcionario público de la PCM, sujeto a reglas tradicionales en estos casos. Y en esa línea de acción chocó en la última oportunidad con la posición que Ollanta y Lerner han tomado sobre el proyecto minero Conga. Fue el final de su participación.
Tapia dice que su renuncia se la pidió el presidente a su premier. Es su palabra. Sin embargo existe también la versión de que fue Lerner el que, cansado de sus declaraciones, le solicitó su alejamiento. ¿Qué viene a continuación? ¿Salida de los cuadros de la izquierda? ¿Derechización del régimen humalista? ¿Cambio de ministros? Preguntas de un pronóstico reservado y cuyas respuestas están vinculadas también a lo que ocurra en las calles, a los conflictos sociales que puedan ir en aumento, a la política social que adopte Humala en los próximos meses: volver a las provincias que lo instalaron en el poder o ser copado por Villafuerte, Favre y compañía.
