Martha Chávez y la “ingenuidad”

Por Carlos Castro

“No hay que ser ingenuos, ingenuos fueron los venezolanos”, dice Martha Chávez para defender su iracunda y rabiosa actitud durante la juramentación y discurso del presidente Ollanta Humala en el Congreso. La frase la ha reiterado cada vez que la han entrevistado. Mientras uno la escucha no puede dejar de recordar la época en la que formaba parte del poder del gobierno de Alberto Fujimori y su socio Vladimiro Montesinos.

Porque, claro, si de ingenuidad se trata, MCH y los fujimoristas más visibles, empezando por el ex dictador y Keiko, han asegurado que nunca supieron de los millones de dólares robados por Montesinos al Estado, ni de los crímenes cometidos por el grupo Colina. Si fuera lo último, MCH se comportó en esa época como la más “ingenua” cuando la corrupción pasaba por su lado y no hizo nada, menos denunciar a los culpables. Por el contrario, defendió a los responsables.

Pero sería cosa de locos suponer que Martha fue una “ingenua” en la época del fujimorismo. Nunca lo fue. Ahí están sus intervenciones públicas, la defensa que asumió de Montesinos cuando la oposición reclamó conocer cuánto ganaba el ex asesor o demandó esclarecer los crímenes de Colina. En el colmo de la prepotencia declararon el sueldo de VM como “secreto de Estado”.
Ni la denuncia que hizo el diario Liberación, conducido por César Hildebrandt, de los millones de dólares que tenía Montesinos la inmutó. Tampoco por supuesto los bárbaros crímenes de La Cantuta y Barrios Altos que, tal como quedó comprobado en el proceso a Fujimori, obedecieron a una política de Estado. Colina era parte de la estructura del poder que AF y VM tenían bajo su control.

MCH por supuesto no ha cambiado. Lo demostró en la campaña electoral cuando en una entrevista con la periodista Rosa María Palacios llamó lloronas a las madres de los estudiantes de La Cantuta. Al preguntarle por la matanza de Barrios Altos, y por el asesinato de un niño de apenas 8 años, a manos de los militares de Colina, respondió que hay también niños que ponen bombas.

Increíble, pero esa es MCH. La que no dudó en amenazar al presidente de la Suprema, César San Martín, advirtiéndole que deberá rendir cuentas por sentenciar a su líder. Si Keiko hubiera ganado, Martha Chávez estaría, en este momento, encabezando el juicio político-público contra San Martín y los miembros de la Sala que lo acompañaron en el proceso. No descansaría hasta defenestrarlos como lo hicieron con los miembros del TC que se opusieron a la reelección. No serían las únicas cabezas que hubiesen rodado.

Hoy ha sido alejada del Congreso por 120 días, pero volverá para protagonizar nuevos escándalos. Lo suyo es el protagonismo, el show. Robar cámaras, convertirse en la lideresa de su bancada para decirle a Keiko que se ha equivocado, que es ella quien debe ser la vocera, que no hay lugar para los fujimoristas “blandos”, que llegó la hora de los duros, los macheteros, los que, sin ninguna prueba, afirman cada día que el gobierno de Ollanta Humala acabará como el de Hugo Chávez, prolongándose más allá de los cinco años de su mandato y adueñándose del Estado.

No le bastará que el presidente reitere que no se apartará de su hoja de ruta. Lo suyo es la venganza. Ella, que clamaba que el fujimorismo no sería derrotado en las urnas, intentará, por todos los medios, boicotear cualquier acto del gobierno. Ha desenterrado su hacha y la llevará a cuestas. Y es que a fujimoristas como ella la democracia les apesta. Solo saben gobernar en dictadura.

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