Por Carlos Castro
Once días separan a Ollanta Humala de la fecha en que asumirá la responsabilidad de conducir el país. Lo hará en un contexto distinto al del 5 de junio cuando fue elegido sucesor de Alan García. El caso Alexis Humala lo ha mostrado como un presidente electo que ante situaciones incómodas prefiere huir y no enfrentar a la prensa. ¿Por qué esa actitud evasiva? Solo él tiene la respuesta. Alexis ha asumido la responsabilidad del viaje a Moscú, y si nos atenemos a la información recogida del entorno más cercano del presidente electo, OH no lo sabía. Démosle el beneficio de la duda y confiemos en que, efectivamente, fue una mandada de su hermano, una “metida de pata”, como ha dicho AH en una entrevista exclusiva con La República.
Mirando hacia adelante, Ollanta enfrenta el reto de marcar, desde el 28 de julio, la diferencia, en la forma y en el fondo, con el gobierno de Alan García. Ello significa recuperar la confianza perdida en estos días. Su primer mensaje tiene que ser el de un mandatario que no mantendrá silencio ante cualquier acto de corrupción que se presente en su administración, aun cuando el responsable o los responsables sean personas de su máxima confianza o familiares que crean que llegar al poder es para servirse del Estado. El deslinde es más necesario que nunca porque el efecto Alexis sigue presente en la memoria de los peruanos.
En ese escenario –el de recuperar la confianza– es fundamental el equipo de ministros que lo acompañará. Colocar en el gabinete a un personaje comprometido con hechos dolosos o con un pasado oscuro sería fatal para el impulso que requiere en sus primeros cien días. Los millones de peruanos, y en especial los más pobres, que apostaron por su mensaje de cambio, esperan que el 28 de julio lance las primeras medidas de su programa de inclusión social y que estas acciones se cumplan y no queden, como ha sucedido con otros gobernantes que llegaron a Palacio, solo en anuncios. Ollanta deberá actuar de inmediato para retomar el crecimiento y sacar al país de la desaceleración económica que le deja García. Los cuadros mostrados por los técnicos de Gana Perú, tomados de las cifras oficiales, muestran una brusca caída del PBI en los últimos meses y la contracción de sectores como los de la construcción y las manufacturas.
En ese paquete de lanzamiento no pueden estar ausentes temas fundamentales de su programa, como el gas para los peruanos y el impuesto a las sobreganancias mineras. En lo primero está la negociación con el consorcio de Camisea –que este gobierno ha tirado al trasto– y en lo segundo las empresas mineras se han echado para atrás. En la campaña electoral aceptaron este tributo –porque lo propuso hasta su candidata– pero ahora dicen lo contrario. Veremos si Ollanta está en la capacidad de mostrar que finalmente hay un Estado fuerte que se hace respetar, por más presión mediática que levante la Sociedad de Minería y Petróleo con el apoyo de los medios que le son afines y que son los mismos que hicieron campaña por la hija del ex dictador. Los mineros siguen sin entender el mensaje de las elecciones y pretenden mantener su política del óbolo con otro nombre entregado en el actual gobierno y que es un ripio frente a los miles de millones de utilidades que han obtenido en estos años.
Ollanta no debe olvidar su mensaje a las provincias, porque son los pueblos alejados de Lima los que le dieron el triunfo. Muchas de esas regiones enfrentan conflictos sociales, y los dirigentes están a la espera de que se instale en Palacio para empezar a tocarle las puertas. Al nuevo presidente le espera una agenda pesada que va desde la indignación de los militares y policías con el proyecto de García hasta la tregua de un mes otorgada por los aimaras. Su liderazgo indudablemente será sometido a prueba en forma continua.
Al frente tendrá a los perdedores del 5 de junio que intentarán arrinconarlo para que sus iniciativas fracasen. Ellos buscarán llegar, como ahora pretenden con Susana Villarán, hasta a pedir su revocatoria. Para esto tienen sus millones y la prensa que les sirvió en la campaña electoral. Hasta el próximo domingo.
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