Por Carlos Castro
El jueves 30, a primera hora, en una radio local, el Apra lanzó un nuevo ataque contra Alejandro Toledo. El encargado de hacerlo fue el congresista PAP José Vargas. Más tarde, en conferencia de prensa en el Congreso, ratificó su denuncia, esta vez agitando algunos papeles. En concreto, dijo que César Almeyda, exasesor del candidato presidencial de PP, posee dos cuentas, una en el Citibank en Londres y la otra en el banco LGT de Vaduz, en el principado de Liechtensten–, de las cuales –aseguró– se derivan los fondos de la “millonaria” campaña.
La información, sin embargo, tuvo sus matices. Si por la mañana, en una radio, Vargas lucía seguro de su denuncia, por la tarde se encargó de aclarar que él no había dicho que las cuentas correspondían a Almeyda. “¿Y entonces qué broma es esta?”, se preguntó un periodista. Si no son de Almeyda, como asegura Vargas, de quién son, si es que realmente existen. El congresista estableció tres frentes de su acusación: una comisión en el Congreso, otra investigación en el MP y que la Procuraduría del Estado entre en acción.
Es evidente que el Apra-Palacio ha iniciado una campaña de debilitamiento de la candidatura de AT que hasta ahora se mantiene en los primeros lugares. Es una rivalidad que viene desde los tiempos en que el líder de PP estaba instalado en Palacio. Rivalidad que el expresidente se ha encargado de avivar, en los últimos años, con sus dardos contra García cada vez que llegaba a Lima, sin ser aún candidato.
Un amigo que conoce a ambos líderes dice que el encono nació cuando Toledo –en su situación de gobernante– le prometió a García, en una reunión privada, que el caso de El Frontón se manejaría en los canales judiciales y no sería activado por el Estado.
Pero poco después del encuentro el régimen toledista designó, a través de Fernando Olivera, ministro de Justicia, a Julio Quintanilla procurador del Estado para el caso de El Frontón ante la CIDH. Quintanilla se encargó de convertir a AGP en el blanco de sus denuncias.
Tiempo después, García –ya reinstalado en el poder– devolvió el golpe y designó al procurador José Ríos para que investigue el quinquenio de Toledo. Le entregó recursos y un equipo de profesionales. Al final Ríos, personaje vinculado a militares montesinistas y acusado de plagio, naufragó en su encargo.
La denuncia de Vargas solo es el preámbulo de lo que viene en una campaña presidencial que todo indica será corta, dura y violenta. Un anticipo fue la reciente campaña municipal de Lima en la que audios y conversaciones privadas comenzaron a filtrarse a los medios. Y en eso algunos miembros del aparato aprista son tan buenos como los fujimoristas. El exembajador de EEUU en el Perú James Curtis Struble lo sabía. Por ello no dudó en calificar al Apra, en su despacho en el Pentágono, según documento en Wikileaks, como “la más eficaz maquinaria política del Perú”.
Algunos dirigentes apristas están convencidos de que Toledo no llegará a la segunda vuelta. Lo cual me recuerda la seguridad con la que hablaban los seguidores de Kouri cuando se referían a Lourdes. “Van a ver lo que tenemos de ella”, decían. Y ya sabemos lo que ocurrió: apareció el famoso audio divulgado por Bayly, que dinamitó la campaña de la candidata del PPC.
Hasta ahora las denuncias de los “compañeros” en contra de AT no han tenido efecto: la candidatura del líder de PP sigue viento en popa, por lo que se escucha en reuniones y dicen los taxistas, primeros encuestadores en el país. Pero la guerra está declarada y Toledo no solo tendrá que cuidarse de sus propios deslices en campaña, como lo acaba de demostrar con su estadía en Punta Sal (ver revista Domingo) sino de sus viejos amigos del Apra.
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