“Al presidente no le corresponde hablar de temas familiares sino más bien de temas de Estado”, declaró el fin de semana el presidente Humala, buscando zanjar el escándalo suscitado por el cuestionado traslado de su hermano Antauro a un penal en la escuela militar de Chorrillos y por los privilegios que tenía en Piedras Gordas. “Hoy -agregó el primer mandatario, intentando redondear su idea- tengo responsabilidad con 30 millones de peruanos”.
Es correcto que el Jefe del Estado no convierta sus “asuntos familiares” en noticia. Pero el caso Antauro es distinto. Por varias razones. Cada vez se hace más evidente que el traslado del líder etnocacerista al penal Virgen de la Merced fue decisión del presidente de la República, aun cuando el ministro de Justicia y el jefe del INPE lo nieguen. Hoy parece quedar claro también que el penal en la escuela militar de Chorrillos fue acondicionado especialmente para recibir al hermano del primer mandatario.
El informe de inteligencia al que aluden las autoridades para sustentar el traslado es tan secreto que ni la fiscalía ha podido verlo. En los documentos enviados por el Ministerio de Justicia a la Defensoría tampoco figura y solo se acompaña un reporte de “inteligencia” del INPE en el que se indica la posibilidad de riesgo para AH por el ingreso de dos subversivos capturados con “Artemio”.
Otras razones. Antauro se convirtió en Piedras Gordas, tras la asunción de Ollanta al poder, en un recluso con privilegios: tenía laptop, acceso a internet, refrigeradora, oficina propia y era custodiado por funcionarios del INPE. Hasta Piedras Gordas llegaban a visitarlo representantes de mineras, ex militares, nacionalistas, políticos. Un trabajador de penales confirmó que todas estas gollerías las tenía con anuencia del jefe del INPE. Fue también el único recluso que recibió navidad y año nuevo en el hospital militar, lejos de la cárcel, en donde recibió la visita de su nueva pareja sentimental.
Antauro no es cualquier preso. Encabezó el “Andahuaylazo” en el 2005 que terminó con la vida de cuatro policías. Por este criminal hecho fue condenado a 19 años de prisión por los delitos de homicidio, secuestro agravado y tenencia ilegal de armas.
El presidente debe recordar, además, cuando dice que no habla de “temas familiares”, que en una entrevista con una cadena internacional de noticias, en los tiempos en que era candidato, señaló que Antauro se quedaba en Piedras Gordas y que él no haría nada para cambiar. Hoy, a unos meses de cumplir su primer año de mandato, ha faltado a su compromiso, por lo menos en este caso.
El presidente Humala tiene muchas razones para hablar del tema Antauro, pero los antecedentes indican que no lo hará aun cuando le siga costando algunos puntos más en su aprobación como gobernante. Tomó la misma actitud cuando se destapó el caso del viaje de Alexis Humala a Moscú, en donde éste se entrevistó con las autoridades rusas, en representación del gobierno peruano, una representatividad que nadie le había otorgado. Mientras tanto, Isaac Humala espera. Tal vez confía, como ha dicho, que su hijo presidente si bien “no puede hacer justicia a todos los peruanos, por lo menos puede hacer justicia con su hermano Antauro”. Claro que justicia significa para él la amnistía, olvidando que Antauro es un reo y tiene una sentencia por cumplir.
