¿Y dónde está el Presidente?

Por Carlos Castro

Cuarenta y tres días después que el conflicto de Puno se extendiera por las provincias de esa región y 48 horas más tarde que seis personas, entre manifestantes y pobladores, perdieran la vida como producto de la violencia desatada en ese departamento, el presidente Alan García se pronunció para afirmar que las protestas no son contra su gobierno sino que buscan “presionar al presidente Ollanta Humala” porque sus organizadores “creen que es momento de adueñarse de una parte del poder en el cambio de gobierno”. Es de suponer que el mandatario saliente tendrá la misma percepción de los conflictos suscitados en Huancayo y Huancavelica que dejaron en este último lugar tres nuevas víctimas de la violencia social.

Peculiar forma del primer mandatario de pasar la pelota de los conflictos a su sucesor, olvidando que hace unos meses, cuando el Jurado Electoral le recordó que no podía promocionar sus obras en la campaña electoral, respondió que gobernará “hasta el último minuto de mi mandato”. Según parece cuando el Presidente hablaba de gobernar hasta el 28 de julio se refería a la inauguración de las obras públicas que tiene en su agenda: Cristo del Pacífico, tren eléctrico, Estadio Nacional, Teatro Nacional, entre otras, y no a resolver los problemas sociales que son su “regalo” a Ollanta Humala.

García dice sentirse orgulloso de haber mantenido el crecimiento del país, pero los conflictos que le deja a OH son peor que una bomba de tiempo. De los 80 que encontró cuando asumió su mandato la cifra se ha elevado a 230, según reporte de la Defensoría del Pueblo. Y de ellos 159 están activos y 71 en estado latente, con un saldo hasta hoy de 88 muertos. Aquí algunos de los conflictos que encontrará Ollanta tan pronto se instale en Palacio: Bagua y los pueblos amazónicos con su demanda de la Ley de Consulta Previa; Doe Run que lleva más de dos años paralizada; Majes- Siguas II que enfrenta a los pueblos de Arequipa y Cusco; Proyecto de la Hidroeléctrica de Inambari que es rechazado por Puno, Cusco y Madre de Dios; minería informal en Madre de Dios, cuya erradicación fue suspendida tras la muerte de dos mineros; Tía María en Arequipa, también suspendida después que las protestas dejaran 4 muertos; Islay en Arequipa; lo de la minera Buenaventura en Oyón, paralizada tras 4 muertes.

OH ha reiterado que apelará al diálogo para enfrentar el conflicto. Ante el panorama, tendrá que actuar de inmediato y no como ha ocurrido a lo largo de este gobierno, que primero rechaza los reclamos, sataniza a los manifestantes, pero después tras la protesta, el bloqueo de carreteras y el saldo de varias víctimas, termina por derogar sus decretos. Es lo que acaba de suceder en Puno, Huancayo y Huancavelica. Esperemos que los actores del gobierno que se instala este 28 de julio, en medio de una gran expectativa y esperanza de cambio, no cometan los mismos errores.

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