Por Diego García-Sayán
Según el horóscopo chino en febrero se inicia el año del tigre. Que sigue al del búfalo que, a su vez, sucedió al de la rata (sí, el año del “faenón”). El del búfalo, símbolo de laboriosidad, seguridad y confianza (LR 2/1/09) tendría que haberse guiado por el lema del bóvido (“mejor que hablar, es hacer”) pero no lo ha sido tanto. El verbo le ganó a la acción en el año que terminó. Tampoco fue de mucha estabilidad que digamos. Para la revista The Economist, en el Perú la confrontación con los pueblos indígenas es el hecho más gravitante en el 2009 y “da una pista de la violencia por venir”
Los astrólogos chinos le atribuyen a los tigres la turbulencia. Los cinco años del tigre de la segunda mitad del siglo pasado (1950, 1962, 1974, 1986 y 1998) lo fueron, en el Perú y el mundo. En 1950, con la guerra en Corea, estalló con fuerza la guerra fría. En 1962, la guerra fría se calentó y el mundo casi llegó a la confrontación nuclear por la crisis de los misiles en Cuba. Así como el Watergate se tumbó a Nixon en 1974, la venta secreta de armas a Irán por Reagan remeció en 1986 al ex actor de Hollywood. La voracidad de Mónica Lewinksky jaqueó a Clinton en otro año del tigre (1998). A cuidarse, pues.
¿Y en el Perú? Si en 1950 la dictadura cleptócrata de Odría consiguió su prórroga con una farsa de elección, el golpe de Estado contra Manuel Prado en 1962 y la muerte de Javier Heraud marcaron este otro año felino. Cuando en 1974 la convulsión del movimiento campesino remecía los Andes en Andahuaylas, entraba el gobierno de Velasco Alvarado a su etapa final en medio del primer desfile de tanques soviéticos en Sudamérica, con Raúl Castro presente en la parada militar y la simultánea expropiación de los diarios. Doce años después, los sucesos en los penales (Lurigancho y, especialmente, El Frontón) marcaron con particular violencia 1986. En 1998 la corrupción –que trajo abajo al régimen más cleptócrata del siglo– operó a todo vapor y con grosera impunidad: en la “salita” del SIN y en transferencias bancarias millonarias a Luxemburgo, Suiza y EE.UU. Como decía Mao, “un gran desorden bajo los cielos”.
El tigre, pues, no ha sido normalmente sinónimo de sosiego sino de conflicto. ¿Curso fatal para el 2010? Por cierto que no. Los astrólogos aconsejan especial prudencia en las decisiones importantes. Lo que, traducido al arte de gobernar, debería significar promover el diálogo, la participación y la concertación poniendo de lado la arrogancia. La catástrofe, pues, no debería ser inevitable. Pero como en las circunstancias turbulentas del pasado, dependerá de cómo se comporten los actores y si deciden –o no– echarle leña a la hoguera. Crucemos los dedos.
