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El vaso medio lleno

La historia no se congela. Las cosas evolucionan - o regresionan -, según se les mire, y no quedan entumecidas en el tiempo. Una visión objetiva de los procesos es indispensable para que las acciones o contribuciones de cada cual se den sobre datos de la realidad y no sobre visiones distorsionadas de la misma. En esa perspectiva, hay evoluciones importantes que se vienen produciendo en América Latina que es bueno detectar. Parte de esa evolución se vienen dando en el terreno de la democracia y los derechos humanos.



Este comentario es oportuno porque esta semana se ha conmemorado el 65º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Y porque en ese día, el martes 10 de diciembre, el premio sobre derechos humanos que las Naciones Unidas entregan cada cinco años fue recibido en solemne ceremonia en la sede de la ONU por la Suprema Corte de México, representada por su presidente Juan Silva Meza. Nunca una institución latinoamericana y jamás una institución pública del mundo había sido merecedora de tal distinción. ¿Han cambiado los criterios en la ONU? O, más bien, algo está cambiando en la realidad que hace que una institución del Estado pueda hoy recibir una distinción de este tipo.



 Hay, por cierto, quienes por miopía o intereses propios alimentan una lógica ahistórica. Que pretendiéndose “progresista” o “liberal” es, en realidad, profundamente reaccionaria.  Portadores de un discurso monocorde y repetitivo ven – y viven de - una realidad latinoamericana que pintan monocolor. Por lo que igual pueden emitir en el 2013, el 2003 o 1993 un “informe” sobre México, Perú o cualquier otro país. Porque, en esencia se repetirá un enfoque semejante y monocorde. Sólo hay que cambiar el nombre del país, las fechas y algunas cifras. La realidad, felizmente, no es monocolor. Ni está a la espera de que algún  personaje autopremunido de facultades policivas otorgue insolente nota “aprobatoria” o “desaprobatoria” sobre lo que ocurre en un país.



Estoy terminando a fin de año el segundo período que me fue confiado por los jueces como presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Luego de cuatro años en esta responsabilidad, he podido vivir de cerca - y día a día -una rica evolución que da cuenta que las cosas se mueven y que, contrario a los derrotistas estructurales, el vaso está medio lleno y no vacío. Por cierto que todo ocurre en un panorama de claroscuro. En el que muchos de los dramas y contradicciones de nuestras sociedades están “vivitos y coleando”. Pero se mueven algunas cosas, en la buena dirección y en varios planos.



Primero, uno crucial: la gente y el vigor de la demanda democrática. Cada vez más gente tiene conciencia de que puede recurrir a un espacio internacional si agotó su reclamo en el derecho interno. Asuntos que hace poco tiempo hubiera sido inimaginable que llegaran a un tribunal interamericano, han sido recibidos y resueltos, con solidez e independencia, en los últimos dos y tres años: discriminación por orientación sexual, inversión en tierras y territorios indígenas y consulta previa, acceso a información en manos del Estado, métodos de fertilización asistida, etc.



Segundo, que la jurisprudencia del tribunal interamericano sobre temas fundamentales se ha consolidado y desarrollado. Y encuentra, además, un terreno positivo de cumplimiento por los Estados concernidos: obligación de investigar graves violaciones a los derechos humanos, debido proceso y los derechos de los pueblos indígenas. O la jurisprudencia reiterada – y unánime – en firme protección de la libertad de expresión, pero en armonía y ponderación con el derecho a la honra y a la facultad de quienes se sintieran afectados de usar los medios judiciales disponibles para su defensa.



Se han dado algunas distorsiones interesadas acerca de un caso de libertad de expresión resuelto recientemente por la Corte. Contra ese discurso sesgado, hay que recordar que la Corte reiteró por unanimidad, en ese caso reciente sobre Argentina,  la tesis de que las personas afectadas en su derecho al honor pueden recurrir a los medios judiciales, incluidos los penales en determinadas circunstancias. Y que la Corte nunca ha establecido en su jurisprudencia que  el uso medios penales chocan, per se, con las normas internacionales.

Tercero, que la justicia interamericana dialoga. Con la gente y con las instituciones nacionales, especialmente las judiciales.  En lo que hemos llamado “diálogo jurisprudencial”, se impulsa una viva interacción entre lo que se hace en el tribunal interamericano, por un lado, y lo que hacen los tribunales nacionales, por el otro. El llamado “control de convencionalidad”, vale decir la construcción de las sentencias nacionales en armonía con los criterios contenidos en las sentencias de la Corte Interamericana, es una clara expresión de ello. Y en ese curso, la Suprema Corte de México ha sido especialmente clara y firme.



La distinción a ese alto tribunal interamericano la debemos interpretar como un reconocimiento a lo que muchos miles de personas el Latinoamérica vienen haciendo por afianzar nuestra democracia y los derechos de la gente. El panorama es multicolor y alentador. Realidad, pues, plural, rica y dinámica. Alejada, de la monocorde y estática que, felizmente, sólo existe en quienes, como el avestruz, no quieren o no pueden ver la realidad.

 

Hay 11 Comentarios
03 de enero de 2014 | 02 hrs
escribe:

Congratulaciones por su gestión tan progresista y por sus notables esfuerzos en estos cuatro años como presidente. La lucha por la afirmación de los derechos humanos es diaria en todos los paises de América, entonces que siga avanzando.
Saludos desde Brasil.

13 de diciembre de 2013 | 16 hrs
escribe:

Triste despedida. Y no podía ser de otra manera. Triste despedida y triste legado. ¡Pero no resople tanto resentimiento! No es culpa de los demás el que haya tenido un paso tan oscuro.

13 de diciembre de 2013 | 10 hrs
escribe:

Creo que es mejor decir salud!
Con ese vaso medio lleno para vaciarlo

12 de diciembre de 2013 | 21 hrs
escribe:

siga en su nube asi como su gran sueldo en la corte y sus viajes de turista
aqui en el peru todo esta mal la delincuencia la corrupcion y usted viajando y dandose la gran vida

12 de diciembre de 2013 | 11 hrs
escribe:

Como resolverá el autor el lío entre el vaticano y la PUCP? Pues al aceptar la corte una querella de un ente privado, viola sus principios, o no? Mucho cuidado con pontificar sobre claridades que hasta la camisa mas blanca se puede manchar.

12 de diciembre de 2013 | 10 hrs
escribe:

El Relator Anaya de las NNUU nos visita. Confiamos en su analisis.
El gobierno debe asumir sus inherentes compromisos al denominar a la Amazonia como "Maravilla Natural" y al firmar la Declaracion Universal de los derechos de los pueblos indigenas.
El pueblo Achuar logro que la petrolera Talisman desaloje el Lote 64, el gobierno debe respetar este territorio indigena.
Las petroleras son incompatible con la preservacion de la Amazonia y deben ser erradicadas, no hay otra solucion.

Fitzcarraldo

12 de diciembre de 2013 | 10 hrs
escribe:

Vividor. Arribista vividor.

12 de diciembre de 2013 | 09 hrs
escribe:

Felicitaciones por los avances conseguidos, pero todavía quedan rezagos de dictaduras en américa Latina que aun no se han resuelto.¿Por que los Organismos internacionales no se pronuncian sobre lo que ocurre en Venezuela y se hacen de la vista gorda? ¿Es que Maduro es un ejemplo de democrata consumado?

12 de diciembre de 2013 | 08 hrs
escribe:

Mientras que Ud. discurre en su cómoda nube sobre los DDHHs, aquí en Perú el ciudadano de a pie es víctima sin piedad del lúmpen delincuencial. Como quiera que Ud. no pertenece ontológicamente al planeta de la realidad del ciudadano común, es obvio que esto a Ud. no le mortifica, no olvide que la policia está atada de pies y manos, por leyes contemplativas que Ud. y sus pares alentarón en pro del delincuente. En China, Rusia y países árabes, la delincuencia no es objeto de contemplación

12 de diciembre de 2013 | 08 hrs
escribe:

Importante ver las cosas desde el punto de vista del vaso medio lleno. Es muy interesante la progresion del respeto de los derechos humanos en America Latina. Ojala que a algunas instituciones y medios periodisticos peruanos les sirva de leccion.

12 de diciembre de 2013 | 08 hrs
escribe:

Felicitaciones por trabajo tan extraordinario!

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Diego García Sayán Diego García Sayán

Abogado. Juez y ex-Presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanosy Director General de la Comisión Andina de Juristas. Asimismo es miembro de la Corte Permanente de Arbitraje con sede en La Haya.

Ha sido Ministro de Relaciones Exteriores del 2001 al 2002. Durante su gestión el Perú promovió, y América adoptó en Lima, la Carta Democrática Interamericana . Asimismo García-Sayán promovió un papel activo del Perú en la ratificación el 2001 del Estatuto de Roma para la creación de la Corte Penal Internacional .

También fue Ministro de Justicia en la transición democrática (2000-2001) durante la presidencia de Valentín Paniagua . Durante la transición democrática se impulso el proceso anticorrupción logrando el Perú recuperar en ese lapso más de 100 millones de dólares de los que se había apropiado la red de Fujimori y Montesinos. Se impulsó, asimismo, la  reconstrucción de un sistema de justicia que había sido desarticulado y maniatado durante el fujimorato. También, impulsó un amplio proceso de consultas a la sociedad y a las organizaciones políticas que llevó a la creación de la Comisión de la Verdad en junio del 2001. Fue antes congresista de la República luego del fallecimiento de Gustavo Mohme Llona .

En el ámbito internacional ha desempeñado diversas funciones. Entre otras ha representado a las Naciones Unidas en las negociaciones de paz en Guatemala y El Salvador en los 90. También fue el representante del Secretario General de las Naciones Unidas en la verificación de los acuerdos de paz en El Salvador. También ha sido el jefe de la Misión Electoral de la OEA en Guatemala en el 2007.

También es profesor universitario y autor de numerosos libros y ensayos sobre relaciones internacionales, Derecho Internacional y Derecho Constitucional.