Por Diego García-Sayán
El “discurso de la Unión” no fue burocrático ni anodino. Por el contrario, dio elementos para compensar el escepticismo de quienes solo sienten decepción luego del primer año de Obama. El hecho es que el pesado fardo heredado de Bush, con un déficit sin precedentes, recesión galopante y un mundo en convulsión, la pintaban difícil hasta para un mago. Es cierto lo que Obama dijo: se ha evitado que la recesión se convierta en depresión. Y se han dado pasos para regular a futuro la impunidad y voracidad de los grandes bancos y del capital financiero, causantes de la actual crisis. Puntos a favor. Pero que se dan en un contexto político adverso derivado del impacto de la crisis en el empleo y de la polarización que promueve el ala dura de los republicanos, que permanecieron virtualmente congelados durante el discurso de Obama.
Como era de esperarse, AL estuvo ausente del discurso (salvo por una mención al paso a Colombia y Panamá). Y eso refleja la prioridad que la región tiene en el actual contexto: poca o ninguna. En la revista Foreign Affairs más reciente, Peter Hakim, del Diálogo Interamericano, plantea un crudo análisis de lo que para él es el primer año de Obama en relación a AL. Menciona varios temas para sustentar su decepción. Por ej., el manejo de la crisis en Honduras así como de la instalación de bases en Colombia.
Asimismo, la escasa atención al narcotráfico y a la violencia del crimen organizado. Destaca, también, las dificultades que el contexto de la crisis plantea para lograr avances en la legislación migratoria y en la consolidación de la llamada “agenda comercial”.
Todo eso es cierto. La política de EE.UU. hacia AL sigue siendo esencialmente la misma. Acaso con una diferencia importante, que es la de abrir un mayor juego al multilateralismo y a que los propios países de la región tienen responsabilidades que asumir. En ese orden de ideas creo que un buen ejemplo es el caso de Honduras. Si bien muchos podrían haber deseado y esperado una actitud más “firme” de los EE.UU., lo que Washington hizo, a fin de cuentas, no fue sino expresar la temperatura de una gran cantidad de países de la región.
Lo que creo se puede concluir luego de este primer año es que la autonomía que la región ha ido ganando –por méritos propios y porque los EE.UU. están en otra– no esta siendo utilizada. La fragmentación que reina es hacia donde tenemos que mirar y no hacia las debilidades –reales o supuestas– de Obama. Veamos, pues, esa enorme la viga en nuestro ojo.
