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2009, la universidad otra vez

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Por Luis Jaime Cisneros

Iniciamos el año 2009 reviviendo nuestra vieja preocupación por la universidad; por el trabajo en el aula, por la investigación de profesores y estudiantes, por las tesis que los alumnos deben culminar. De alguna manera, repetiremos una antigua lección. Lo grave es que para mucha gente lo que ocurre en las instituciones universitarias no alcanza resonancia. La universidad no suele ser noticia científica ni académica. Los periódicos, cuando hablan de la vida universitaria, suelen hacerlo en las páginas policiales: protestas, huelgas. Una buena tesis no es noticia en el periódico, pero anunciar que el nivel académico de nuestras instituciones educativas es muy bajo sí reclama severas columnas en la prensa.

Y sin embargo, iniciamos el año renovando nuestra fe en la institución universitaria. Porque la universidad implica reflexión, curiosidad profunda y constante en el tiempo. Supone tolerancia para con las ideas ajenas. Exige aprender a escuchar, base imprescindible para que las propias ideas sean recibidas con esperable atención y puedan suscitar el necesario debate. Si no hay debate en la institución universitaria, no hay universidad. Si no hay tolerancia, no hay investigación posible. Para salvar a la universidad del escándalo hay que intensificar el trabajo silencioso de la cátedra y el laboratorio, hay que recrudecer el debate en los seminarios.

Cuando el alumno se inscribe en el verdadero ejercicio universitario y aprende a armonizar talento y voluntad, advierte, reconfortado, cómo va asumiendo realmente el compromiso académico y descubre, al mismo tiempo, cómo va asumiendo la responsabilidad política que a la institución universitaria corresponde. Porque el prestigio cultural de un país, la calidad de su responsabilidad científica se miden por la calidad de investigaciones y trabajos que profesores y estudiantes realizan a lo largo del trajín académico. Una sola universidad centrada en su tarea esencial puede sentar el prestigio intelectual de un pueblo antes que decenas de instituciones que prefieren la ostentación vanidosa de su nombre de “universidades”. Un buen método niega toda posibilidad de improvisar.

¿Cuál es el reto a que se ve convocada la institución universitaria en nuestra época? La gran preocupación actual es saber qué enseñar y cómo enseñarlo. Creciendo y renovándose como crece y se renueva hoy el conocimiento, está muy puesto en razón que hoy no podemos enseñar todo. Grave situación, que exige claridad de pensamiento y de conducta. Si hay una tarea a la que estamos hoy convocados los profesores es la de enseñar a aprender. Lo esencial tiene prioridad sobre lo accesorio. Lo accesorio muchas veces está mirando a la erudición memoriosa e ineficaz. No son los temas los que deben solicitar mayor atención. Son los métodos. Solamente una metodología activa tiene hoy la respuesta adecuada. Debemos enfatizar las ideas simples, priorizar la actividad espiritual, elegir las nociones de más amplia comprensión. Basta con seguir el aleccionador ejemplo de las Matemáticas. Sólo una metodología activa puede conducir al estudiante a triunfar de sí mismo. Cada día resulta más fácil mostrar al mundo las ideas simples y las ideas fundamentales. Nos es más fácil mostrar en qué medida tales ideas se hallan presentes en las más concretas y variadas situaciones.

No suele ser fácil al estudiante adecuarse a esta realidad de los estudios superiores. Su formación escolar no lo ayuda a saberse útil ni a reconocerse creador. La escuela lo ha acostumbrado a repetir y a conformarse. Ahora debe descubrir maneras científicas de comportamiento. Debe aprender a estudiar y, sobre todo, a trabajar científicamente en equipo. Debe adquirir conciencia de que por un solo camino se aprende a avanzar mejor que por varios caminos a la vez. Ahora deberá enfrentarse a una realidad a la que la escuela debió acostumbrarlo: el camino científico correcto está cruzado de avenidas y senderos que lo intercomunican con otras vías. En ese camino habrá obstáculos (que van necesariamente tipificando el sendero), y hay que aprender a descubrir cómo salvarlos. El método será la llave promisoria que le permitirá llegar hasta la gran plaza donde se juntan todas las ciencias. Ese día habrá comprobado que todos los caminos se juntan en la gran plaza del saber. Para que esa realidad no sea un triste espejismo, la universidad le habrá propuesto servirse del método.

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Luis Jaime Cisneros Luis Jaime Cisneros

Luis Jaime Cisneros Vizquerra (Lima, 1921) vivió en el exilio desde los cuatro con su familia en Argentina. Realizó sus estudios superiores en Filología y Medicina en la Universidad de Buenos Aires. A su regreso al Perú, haría un Doctorado en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Fue docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde fue maestro de futuros personajes destacados como Mario Vargas Llosa.
Desde 1948 fue docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde llegó a ser Decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de 1969 a 1971, en las áreas de filología, estilística y filosofía del lenguaje.
Era profesor visitante de las Universidad de Uruguay y Caracas (1965) y en las Universidades de Colonia (1967-1968) y Estrasburgo (1975-1976).
Participó en la fundación del Partido Demócrata Cristiano del Perú, en 1956. Miembro del Consejo Directivo de la ONG Transparencia. Fue Director del diario La Prensa (1976-1978); fundó y dirigió el periódico El Observador (1981-1983). En los últimos años se desempeñaba como director de la revista de lingüística y literatura Lexis.
Fue miembro de número y expresidente de la Academia Peruana de la Lengua, miembro correspondiente de la Real Academia Española, de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y de la Academia de Letras de Uruguay.
Falleció en Lima, a los 89 años de edad, el 20 de enero de 2011.