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Ecuador, protesta indígena

Por: Carlos Reyna

Un acuerdo entre el gobierno del Ecuador y la organización indígena CONAIE acaba de enfriar un conflicto que podía agravarse hasta niveles impredecibles. Algunos, como el sacerdote ecuatoriano Juan de la Cruz , que ejerce en zona shuar, llegaron a temer que ocurriera algo así como un Bagua ecuatoriano.

En este problema ecuatoriano hay cosas muy parecidas al conflicto entre AIDESEP y el gobierno de Alan García. Los detonantes han sido una ley de aguas y otra de minería, ambas rechazadas por los indígenas y otros sectores. La CONAIE se pasó meses pidiendo su derogatoria sin recibir mayor atención hasta que convocó a un “levantamiento” desde el 26 de septiembre pasado, con paros y bloqueo de carreteras.

Frente a ello Rafael Correa se negó a dialogar y puso como condición que se suspenda la medida de lucha. Pero el 30 de septiembre un choque entre policías e indígenas shuar dejó como saldo un indígena muerto por bala. El presidente Correa, ante la creciente protesta, ahora sí quiso dialogar, pero a la vez sostuvo que la muerte se produjo por perdigones disparados por los mismos indígenas y echó la culpa por el suceso a las radios locales.

El acuerdo logrado anteayer lunes, y que ha permitido aplacar las iras, no es sobre los temas de fondo. Consiste más bien en el compromiso de institucionalizar el diálogo permanente Gobierno – CONAIE , que deberá encarar en lo inmediato temas como la educación bilingüe, la propia ley de aguas, y, el tema, más complejo aún, de la ley de minería.

Entre los impugnadores de la ley de minería ecuatoriana están el movimiento indígena, municipios de las zonas mineras o petroleras, ecologistas y personas como Alberto Acosta, ex ministro de Energía y Minas y ex presidente de la Asamblea que redactó la actual Constitución. La ley, señalan, infringe mandatos constitucionales en términos de consulta previa, territorialidad indígena, protección ambiental y cautela del interés nacional.

A diferencia del Perú, allá rige una Carta Magna que señala tales mandatos de manera muy firme. A semejanza del Perú, el choque entre Correa y los indígenas respecto a la cuestión petrolera y minera puede tener un costo político muy alto para el Presidente. Algunos hablan del fin de su llamada revolución ciudadana.

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