Por Carlos Reyna
Según Ipsos/Apoyo, el Congreso anterior, de conducción aprista, terminó su mandato con la desaprobación del 78% de los encuestados. Los apristas tuvieron una bancada de 36 congresistas. Ahora tienen cuatro.
El Congreso precedente, el del 2001–2006, dirigido por los toledistas, acabó con una cifra similar de desaprobación: 79 %. En aquel entonces, ellos tuvieron 45 congresistas. Para el 2006 solo alcanzaron a elegir a dos.
El elevado rechazo al Congreso, la facilidad con la que se desconecta de los ciudadanos, la volatilidad de sus bancadas, figuran entre los principales problemas, no solo de los Parlamentos, sino de la democracia tal como es hoy en el Perú
En su momento, este llega a ser un problema para los propios congresistas, especialmente para los que forman parte de las bancadas mayoritarias. Hacia el final de su mandato ya saben que es alta la probabilidad de que serán masivamente “guillotinados” si intentan la reelección.
Ha habido y siguen habiendo distintas respuestas a este problema de la enorme pérdida de legitimidad que padecen crónicamente los Congresos. Las más superficiales son aquellas que instalaron “oficinas descentralizadas” o dispusieron “viajes de representación” de los congresistas hacia sus regiones. No sirvieron de nada.
Una propuesta con pretensiones de mayor profundidad es la del restablecimiento del Senado. El supuesto es que este le daría más calidad a las leyes, pero nadie ha demostrado cómo ayudaría a resolver el problema de la conexión con los ciudadanos ni que ese problema sea uno de calidad de las leyes.
Más sólida es la propuesta de modificar la manera en que se elige el actual Congreso. Para comenzar, es absurdo que no sea requisito para los candidatos el que tengan residencia en las regiones. Luego deberían reducirse tanto el tamaño de las circunscripciones como el tiempo de mandato. Eso obligaría a los congresistas a una relación más cercana y asidua con sus electores.
Esto supone, claro, una reforma constitucional. Pero tengo la impresión de que sin ella, cosas como el próximo viaje de los 130 congresistas más 234 funcionarios a Ica, servirán al final de muy poco a lo invocado por Daniel Abugattás: recuperar el vínculo entre representantes y representados.
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