En su mensaje del sábado último, el Presidente Humala dio a entender que el Proyecto Conga va de todas maneras. Pero, a la vez, afirmó que “El requisito indispensable para dar continuidad al proyecto será garantizar el agua para la atención de necesidades vitales y económicas de la población”.
Aquí hay, obviamente, una contradicción. Si Conga va de todas maneras, es porque ya se cumplieron todos los requisitos. Pero si todavía hay algo indispensable que cumplir previamente, entonces es prematuro decir si va o no va.
La contradicción es comprensible. Ollanta no puede eludir del todo las demandas contrapuestas de los dos polos del conflicto. Ha tratado de recuperar audiencia para su tesis de que la mina y el acceso de la población al agua sí son compatibles.
Los primeros interesados en ayudar al Presidente para que su planteamiento convenza tendrían que ser los propios dueños del consorcio Yanacocha. Sin embargo, lo que ha declarado Roque Benavides es un pinchazo al mensaje presidencial y, además, lo desaira.
En efecto, el argumento central del mensaje del Presidente fue que Yanacocha ya había aceptado implementar las recomendaciones del peritaje internacional y las condiciones que él puso en su mensaje del 20 de abril pasado.
De hecho, un día antes, el gerente de la empresa había anunciado precisamente que Yanacocha cumpliría esas recomendaciones y las condiciones que puso Ollanta. Entre ellas, la preservación de dos de las cuatro lagunas, Chica y Azul, que inicialmente el proyecto pensaba afectar junto con las lagunas El Perol y Mala.
Sin embargo, en una entrevista con La República, publicada el domingo, el Sr. Benavides señala que no se compromete a mantener las dos lagunas, pues “se pueden presentar mejores alternativas hidrológicas, … las dos lagunas van a estar en la zona de operación y es muy difícil controlar ese tipo de cosas”.
Preguntado si ese aún es un punto sujeto a negociación, Benavides responde enfático: “Acá no hay nada que negociar, acá lo que hay es un estudio de impacto ambiental aprobado por ley. ¡Aprobado! El Perú, la nación ha aprobado…”.
Más adelante, Benavides insiste en que “con nosotros no hay nada que dialogar”, pues el problema es sólo entre gobierno regional y gobierno nacional. Y cuando le preguntan si alguna vez conversó del tema con el Presidente, responde: “Si los funcionarios de la gerencia de Yanacocha han hablado o no, ese es otro tema. Yo no he tenido una conversación con el Presidente”.
Que no se haya negociado o dialogado nada es falso, pues los ofrecimientos últimos de Yanacocha resultaron de un público intercambio de informes, comunicados y mensajes entre ellos y el gobierno.
Pero lo dicho por el Sr Benavides muestra una rigidez y una soberbia que, además de desairar al Presidente, le complica la urgente necesidad que tiene, en este momento crítico, de reducir las dudas de los cajamarquinos: de que el gobierno puede garantizar que Yanacocha cumpla con sus compromisos.