En entrevista publicada el lunes en El Comercio, el ministro de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalzi, hace declaraciones demasiado a favor de uno de los lados del conflicto Conga, el minero.
Es tanta la inclinación del ministro hacia ese lado que terminó diciendo frases de la propaganda de los gremios mineros. Y como suele pasar con la propaganda, o se exagera o se miente.
“Somos un país minero desde los inicios de nuestra historia”, dice Herrera. Bueno, eso podría ser verdad solo si nuestra historia comenzara con la Colonia, pero no es así.
Ahora mismo eso de que somos un país minero podría ser cierto solo en parte. Es decir, solo si vemos el peso del sector en las exportaciones, en las inversiones, en las divisas y en los impuestos a la renta. O sea, si vemos su rol como enganche con el mercado mundial y como aportante al Estado.
Pero podríamos no ser un país minero si nos fijamos en su escasa generación de empleo, en su pobre articulación al resto de la economía y en su poco peso en el producto bruto interno. Es decir, para decirlo amablemente, en su débil impacto integrador en la sociedad.
También ha dicho el ministro que “Dios le dio a Cajamarca tierras hermosas para la agricultura y la ganadería, pero debajo de estas hay una riqueza mayor que son los minerales”.
Aun cuando al corto plazo pueden deslumbrar los montos de la gran inversión minera y las cuentas sobre exportaciones, canon e impuestos, siempre cabe preguntarse ¿y cuánto durará esa “riqueza”?
Un proyecto de gran minería rara vez dura más de 25 años. En cambio la agricultura puede durar todo lo que dure el agua sobre la tierra, genera más trabajo y articula más. Entonces, ¿dónde hay más riqueza encerrada?
Y como dice Juan Aste Daffós, del aporte en impuestos o donaciones que hace la gran minería deberían descontarse las pérdidas por efecto de exoneraciones tributarias, los impactos ambientales y los costos sociales ocasionados por los desplazamientos de comunidades o por los conflictos sobrevinientes.
De modo que también podría decirse: “Debajo de Cajamarca hay minerales, pero sobre estos hay riquezas mayores, como la agricultura y sus tierras hermosas”.
Pero el ministro anda demasiado sesgado para un cargo que demanda algo de imparcialidad.
