Por Carlos Reyna
En los años 80 solía haber mucha opinión desatinada sobre el terrorismo que asomaba. La hubo en todas las corrientes políticas, de derecha, centro o izquierda.
En los propios mandos militares hubo ideas disparatadas. Hubo generales que aseguraron que podían terminar con los senderistas en menos de un año, o hasta en 24 horas.
No faltó un ministro de Guerra, que hacia mediados de 1984 afirmó que Sendero venía desde el exterior pues “el comunismo internacional está en todas partes y es financiado por el narcotráfico y la pornografía”.
Para ser justo, también hubo militares algo más realistas. Uno de ellos, el general Adrián Huamán Centeno dijo por ese mismo momento: “la solución no es militar”. Aludió al hambre secular de los pueblos ayacuchanos. Incómodo, el gobierno de don Fernando Belaunde lo destituyó.
Expresiones como estas, y muchas otras más respecto al terrorismo, hechas por personajes de los 80, están consignadas en un antiguo libro, Violencia política en el Perú 1980 -1988, que hicimos en DESCO en 1989, un equipo conducido por mi buen amigo Tokihiro Kudó.
Recordé esos viejos dichos ahora que la congresista Lourdes Alcorta declaró a El Comercio del domingo sobre el presunto retorno del terror senderista. Aparte de pedir el regreso de los jueces sin rostro y las cadenas perpetuas, Alcorta dice algo curioso sobre los terroristas.
Para ella, los terroristas son de un tipo especial de personas: los que “no tienen nada que perder”. Por eso serían tan osados e inclementes, a diferencia de los jueces o del común de peruanos.
La fría tesis de Alcorta sobre los senderistas es muy parecida a la que Abimael Guzmán quería que asumieran sobre sí mismos. Sus vidas eran nada. No tenían nada que perder. Solo tenían valor con el Partido y con las acciones armadas.
Pero esa tesis era y es falsa. Ese senderista preso, cuyas confesiones llevaron hasta la casa de Abimael, no quiso perder del resto de su vida ni de su libertad. Tampoco, tantos otros que se arrepintieron en el camino. Sí tenían algo o mucho que perder.
En parte son muy diferentes y en parte son como todos. Quienes comprendieron esto de los senderistas tuvieron mayor capacidad para derrotarlos que los que, desde su desconcierto, solo ven demonios extraños e indescifrables.
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