El presidente Humala dio un buen primer paso cuando anunció la formación de un Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana encabezado por él mismo.
Para un país con una delincuencia que incluso ha desbordado al control policial en algunas regiones del norte o del centro, era una buena señal que el presidente decidiera intervenir directamente en la supervisión del tema.
Ese primer paso permitió que el gobierno no sufriera mayor desgaste al poner a militares en retiro al frente de Interior y Defensa, cuando su ofrecimiento de campaña había sido el de colocar a civiles en esos sectores.
Sin embargo, desde entonces la posición del gobierno respecto a la seguridad ciudadana y al sector Interior ha sufrido un cierto deterioro.
De hecho, esa posición se debilita con esa cena del vicepresidente Chehade, un hermano suyo y un allegado más con tres altos generales de la Policía Nacional. Algo no ha estado bien en eso y es posible que haya sido la búsqueda de favores recíprocos desde los dos lados de la mesa.
Ya venía recibiendo críticas el pase al retiro de 30 generales de la policía. A algunas voces enteradas les pareció excesiva por sacrificar a buenos oficiales junto con malos. La cena aludida ya dio más munición a más de un crítico.
Sin embargo lo que, al final, podría restar más fuerza a las políticas de seguridad ciudadana del gobierno, y a su actual ministro, es que continúe sin dejar en claro en qué consisten las reformas que se van a realizar en la policía o en Interior.
La necesidad de contener la marea criminal obliga a evaluar no solamente a las personas sino a las instituciones con las que se pretende contenerla, máxime si no han tenido mayor éxito hasta ahora y muchos piensan que son parte del problema y no de la solución.
Cabe preguntarse, por ejemplo, si debe continuar un esquema de policía nacional única, centralizada al extremo y con espíritu militarizado, con un solo mando que debe hacerse cargo de todos los recursos y funciones en materia de orden público e interno.
O de si no ha llegado la hora de desconcentrar, especializar y descentralizar algunas de esas funciones en aras de una mayor efectividad en la lucha contra el crimen y la corrupción. Sería interesante saber qué piensa el ministro a este respecto.
