Por Augusto C. Ayesta
Luego que Estados Unidos de Norteamérica no ratificara su adhesión al Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático, la organización ambientalista Greenpeace utilizó por primera vez en 2002 el término ciberactivismo para referirse a una estrategia para su campaña de sensibilización sobre el problema ambiental, que tenía la particularidad de desarrollarse sobre Internet (sitios web y cadenas de correos electrónicos, principalmente) con el fin de crear una comunidad global en contra de la destrucción ambiental, eliminar las barreras geográficas y darle poder (empowerment) a los individuos para generar cambios.
A mediados de 2007, apenas dos años después de la creación de Youtube, miles de civiles y monjes budistas salían a las calles de Birmania (Myanmar) para protestar en contra del régimen antidemocrático gobernante. En ese contexto y con una prensa oficialista que ocultaba la situación ante los medios mundiales, muchos ciudadanos comenzaron a producir y compartir textos y vídeos sobre los maltratos ejercidos por la junta militar, que terminó cortando el acceso a Internet para evitar la propagación de estos contenidos.
De otro lado, en 2009 se gestó la primera “Revolución Twitter” en Moldavia, un pequeño país de la ex Unión Soviética afectado por un régimen comunista y posiblemente fraudulento. Esta vez, las protestas se organizaron por jóvenes estudiantes que, usando redes sociales, Twitter y mensajes de texto desde sus teléfonos celulares, lograron convocar en un solo día a más de 20 mil personas.
Ese mismo año, además de reprimir a los medios de comunicación tradicionales, Irán bloqueó y redujo la velocidad de conexión a Internet para evitar la organización de marchas y protestas en contra de supuestas elecciones fraudulentas. Los celulares y mensajes de texto también tuvieron un papel importante en esta gesta.
Más cerca, en Venezuela (el país con más smartphones Blackberry del mundo), es frecuente encontrar dentro de las redes sociales diversas causas a favor, sobre todo, de la libertad de expresión. Un buen ejemplo es la protesta originada en Twitter contra la Ley de Responsabilidad Social de Radio, Televisión y Medios Electrónicos, que pretendía regular los contenidos de estos medios y que se convirtió en su momento en el tema discutido en Twitter a través de del canal “#SOSinternetVE”.
Y en Egipto ha pasado lo mismo, marchas y protestas que buscan acabar con el régimen autocrático de 30 años en manos de Mubarack han sido coordinadas desde teléfonos celulares y redes sociales como Facebook y Twitter. Y a pesar de que el gobierno ha bloqueado la conexión a Internet, restringido el servicio telefónico en determinadas zonas y cerrado la cadena de televisión árabe Al Jazeera, periodistas y ciudadanos se la siguen ingeniando para continuar difundiendo información sobre lo que sucede allí.
Los ejemplos podrían continuar, pero más allá de definir o no lo que se viene desarrollando globalmente como ciberactivismo, los ciudadanos del mundo están cada vez más tomando consciencia de que pueden organizarse contra cualquier injusticia o violación de las libertades desde Internet y trasladarlas hacia el mundo offline.
Y es que estas manifestaciones han encontrado en las plataformas sociales y teléfonos celulares, los cimientos para un tipo de accionar colectivo que se viene dando desde hace casi 10 años y que diariamente se consolida gracias al poder del ciudadano común y los medios digitales, a pesar de cualquier tipo de censura o bloqueo por parte de un gobierno antidemocrático.
