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Reputación o narcisismos 2.0

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Por Augusto C. Ayesta

Todavía existen personas que consideran que las relaciones y situaciones que se desarrollan en Internet, es decir online, están separadas y tienen poco que ver con lo que sucede en el mundo físico u offline.

Sin embargo, en cualquier buscador podemos encontrar ejemplos que demuestran que la cosa no va así: despidos y nuevos trabajos, rupturas sentimentales, reencuentros con viejos amigos y relaciones pasadas, e incluso uno que otro suicidio y asesinatos se despliegan sobre estas plataformas sociales.

Esto se ha convertido en temas bastante recurrentes –más que anecdóticos- para medios digitales y tradicionales.
Y es que el mundo offline y el online integran dos planos del mundo real, aunque pareciera que la tendencia apunta a que cada vez más le prestemos atención a lo que sucede en la red frente a lo que ocurre fuera de ella. Al menos globalmente ya es así.

Tampoco tomemos a las redes sociales como algo tan nuevo; existen de forma natural desde que somos seres humanos, y están determinadas por los lazos que entablamos con otras personas o grupos de personas. Internet las ha potenciado y otorgado determinadas peculiaridades que las diferencian y sofistican, pero no desligan de su modelo más tradicional.

A diferencia de las redes sociales offline, donde negociamos la identidad -lo que somos- de manera presencial, en su versión online, la vamos a construir sobre la base de tres elementos: lo que digo yo mismo de mí, lo que dice el resto de mí y lo que los buscadores dicen de mí. Esto significa que el control de la reputación personal no está, necesariamente, centrada en uno mismo, sino que es co-construida por el resto de personas que pueden legitimar socialmente, o no, la identidad ideal comunicada inicialmente por uno.

Eric Schmidt, CEO de Google hasta hace algunos días, profetizó que algún día cualquier joven podrá cambiar su nombre de forma automática al llegar a la adultez, para poder escapar de todo su pasado almacenado en las páginas de medios sociales de sus amigos.

Tenebroso pero cierto. Saque la cuenta de cuánto pasado digital tiene usted si es mayor de 30 años y compárelo con el que tendrá en esa misma edad alguien que nació después 1990. Además, considere que la información en Internet no desaparece, por más que existan compañías que prometen dentro de sus servicios, “borrar” digitalmente el pasado licencioso de cualquier usuario.

Entonces, al igual que las empresas, comencemos a cuidar nuestra reputación online, que algún día nos abrirá o cerrará puertas. Aunque manida, nunca dejará de ser cierta y contundente aquella frase que sentencia que el valor principal de una empresa –y ahora persona- está en su marca –su nombre. Imagine a su próximo empleador “googleándolo” o entrando a sus perfiles sociales antes de contratarlo. Una foto o comentario inadecuado podría hacer la diferencia entre la calle y el empleo soñado.

Sin caer en paranoias ni narcisismos 2.0, eche un vistazo a la web y vea todo lo que la gente ya dijo acerca de usted. Si encontró algo que no le gustó, empiece a generar su propio contenido neutral o positivo que, con la legitimación del resto, mejorará su reputación online.

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Augusto Ayesta Augusto Ayesta

Augusto C. Ayesta Astorne estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL). Cuenta con una  especialización a nivel de postgrado en estrategias digitales en la gestión del marketing en la Universidad del Pacífico.
Es asesor en relaciones públicas y comunicación corporativa, relaciones con los medios y gestión de contenidos.
Se desempeña como docente en la Facultad de Diseño y Comunicación de ISIL.
Participa como conferencista invitado sobre Redes Sociales y Social Media.