MVLl y los derechos humanos

Por Ronald Gamarra

El Premio Nobel entregado por primera vez a un peruano, nuestro escritor Mario Vargas Llosa, consagra universalmente una obra cuya prestancia artística ya estaba demostrada, pero también, inevitablemente, reconoce la trayectoria de una vida comprometida íntimamente con la causa de la libertad y la justicia.

Su contribución es ejemplar y comprende una defensa permanente de la democracia y la tolerancia; una oposición resuelta a todo régimen dictatorial y al militarismo, que impiden el desarrollo institucional de nuestras sociedades y las condenan al atraso; y junto con ello una perecedera y ejemplar defensa de las libertades frente a los abusos del poder. Desde su activismo adolescente contra la dictadura de Odría, Vargas Llosa no ha cesado de involucrarse en sucesivos esfuerzos y emprendimientos, dentro y fuera del Perú, que lo han enfrentado con las dictaduras y con poderosas corrientes políticas identificadas con el autoritarismo de izquierda o de derecha, que no cesan de difamarle.

No es extraño entonces que la derecha autoritaria se llame a escándalo por la defensa que MVLl hace de los DDHH como lo hizo, por ejemplo, con su oposición frontal al DL 1097, al que calificó como una triquiñuela jurídica para facilitar la impunidad de los violadores de DDHH; su gestión del Lugar de la Memoria, que sacó adelante cuando el gobierno había decidido descartarlo; su elogio del memorial El Ojo Que Llora; su apoyo a la CVR y a su informe final por citar solo algunos ejemplos.

Y por eso tampoco extraña que la izquierda autoritaria lo descalifique ocultando los hechos, como lo hace cuando se refiere a la disidencia de Vargas Llosa frente a la revolución cubana, sin detallar los hechos que dieron motivo a esa disidencia: como la persecución de los gays en Cuba, en los 60, a quienes la homofobia revolucionaria internaba en campos de prisioneros con autoridad militar (las infames UMAP: unidades militarizadas de apoyo a la producción), o la persecución de que fue víctima el poeta Heberto Padilla, considerado peligroso por el solo hecho de que sus poemas no se ajustaran a la línea oficial. Sometido a la prueba de tragarse sin chistar sapos como estos, MVLL hizo entonces lo correcto: elegir sus convicciones de conciencia antes que someterse a una férula política.

La revisión que luego Vargas Llosa hizo de sus ideas políticas –que no morales– es también otra demostración de rigor y transparencia en el camino de hallar la propia verdad, ejemplo que no dan la mayoría de autoritarios que se recicla de la noche a la mañana como demócratas sin explicar cómo ni por qué.

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Ronald Gamarra Ronald Gamarra

Ronald Álex Gamarra Herrera (Lima, 1958) Estudió la carrera de Derecho y curso la maestría de Derechos con mención en Ciencias Penales y Militar Penal en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Desempeñó, además, estudios de Desarrollo de Políticas de Defensa y Administración de Recursos en el Centro para Estudios Hemisféricos de Defensa en la Universidad Nacional de Defensa de Washington D.C, institución perteneciente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, así en el Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), organismo perteneciente al sistema interamericano de derechos humanos con sede en Santiago de Chile.
Durante el gobierno de Alejandro Toledo fue Procurador Adjunto Ad-hoc de la República del Perú. Dirigió las investigaciones sobre corrupción y violaciones a los derechos humanos ocurridos durante la dictadura de los años noventa, perpetradas por Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos y Hermoza Ríos.
En el periodo 2008-2010 desempeñó la labor de Secretario Ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. En el 2011 conformó el Equipo de Gobierno de Alejandro Toledo a la Presidencia de la República.
Actualmente, es catedrático de la facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y Director del Equipo de Incidencia en Derechos de IPRODES.