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SMO, demagogia antijóvenes

Por Ronald Gamarra

Ante la inseguridad ciudadana, el problema de las pandillas juveniles y las carencias no atendidas de adolescentes y jóvenes, los fujimoristas han planteado insistentemente en esta campaña electoral restablecer el servicio militar obligatorio. Sin alternativas serias, quieren aparecer “drásticos” ante el electorado con propuestas como ésta (la pena de muerte es otra muestra), sin importarles atropellar normas y derechos.

Las FFAA no son una institución pedagógica; tampoco una correccional ni mucho menos una cárcel donde deba depositarse a gente en problemas con la ley. La formación de los jóvenes, su eventual reeducación y resocialización, no tienen nada que ver con el SMO; se trata de asuntos totalmente distintos. Una cosa es formar jóvenes y resocializarlos cuando han infringido la ley y otra, muy distinta, atender las necesidades de la defensa nacional. Lo primero requiere un enfoque educativo-pedagógico; lo segundo, una determinada preparación técnico-profesional.

El problema del pandillaje juvenil es esencialmente un problema de marginalización por falta de espacios y oportunidades para el desarrollo personal. Hay que tomar conciencia de la necesidad de invertir en los jóvenes y adolescentes, creándoles espacios y abriéndoles oportunidades. Los municipios, por ejemplo, deberían invertir no solo en “obras”, sino sobre todo en los jóvenes de su localidad, pero no lo hacen.

La conducta irregular de jóvenes y adolescentes es un problema de la sociedad, que debe ser afrontado y resuelto por ella y dentro de ella. El quid del problema consiste en encaminar a jóvenes marginalizados, que desarrollan un potencial de violencia, para hacer de ellos personas socialmente integradas con responsabilidades y derechos. Está demostrado que la conducta irregular de los adolescentes se afronta mejor con medidas educativas y sanciones que no incluyan la privación de libertad, la cual debe reservarse para casos especialmente graves, poco numerosos como prueban las estadísticas.

La PNP, el MP y el PJ están comenzando, aún con timidez, a explorar estas alternativas. El Ministerio Público tiene un programa piloto de justicia juvenil que aplica medidas educativas y sanciones como el trabajo comunitario. Este es el camino a seguir. Regiones y municipios deben jugar un rol fundamental, promoviendo redes de apoyo a la socialización efectiva de los jóvenes, en lugar de aislarlos demagógicamente en un cuartel para olvidarse de ellos.

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Ronald Gamarra Ronald Gamarra

Ronald Álex Gamarra Herrera (Lima, 1958) Estudió la carrera de Derecho y curso la maestría de Derechos con mención en Ciencias Penales y Militar Penal en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Desempeñó, además, estudios de Desarrollo de Políticas de Defensa y Administración de Recursos en el Centro para Estudios Hemisféricos de Defensa en la Universidad Nacional de Defensa de Washington D.C, institución perteneciente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, así en el Centro de Estudios de Justicia de las Américas (CEJA), organismo perteneciente al sistema interamericano de derechos humanos con sede en Santiago de Chile.
Durante el gobierno de Alejandro Toledo fue Procurador Adjunto Ad-hoc de la República del Perú. Dirigió las investigaciones sobre corrupción y violaciones a los derechos humanos ocurridos durante la dictadura de los años noventa, perpetradas por Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos y Hermoza Ríos.
En el periodo 2008-2010 desempeñó la labor de Secretario Ejecutivo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. En el 2011 conformó el Equipo de Gobierno de Alejandro Toledo a la Presidencia de la República.
Actualmente, es catedrático de la facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y Director del Equipo de Incidencia en Derechos de IPRODES.