Por Ronald Gamarra
Más allá de lo que dijo, no dijo y lo que mencionó a medias, quiero quedarme, para empezar, con algo central del mensaje del nuevo presidente: no ha sido intolerante, no hubo sabor de revancha, no ha impuesto nada y, por el contrario, ha dejado abiertas todas las ventanas para las propuestas y para el diálogo. No es el presidente ladino que sólo estaba esperando llegar a 28 de julio para quitarse la careta y mostrarnos al estatista, al chavista, al extremista.
Menciones a los grupos económicos, tranquilizantes pero también significativas. Siendo un mensaje con altas y bajas, se ha notado un ánimo concertador. Así debe entenderse por ejemplo, la mención del tema de las mineras pero no el anuncio del impuesto a las sobreganancias (quiere decir que seguirá conversando), del gas del lote 88, el respeto de los tratados, la compatibilización de las actividades de extracción con la protección del medio ambiente. No está amenazando, está marcando la cancha para sentarse a conversar con los diferentes grupos de interés.
El presidente ha anunciado algunas líneas centrales, dejando el detalle del cómo al plan de gobierno que en algunas semanas su nuevo gabinete deberá presentar ante el Congreso. En los detalles es donde se esconde tanto el santo como el diablo, dicen, y es en los detalles donde puede hacerse la diferencia entre sólo buenas intenciones, meros gestos, y políticas que generen impacto real y traigan desarrollo.
Por eso estas líneas generales hay que tomarlas como lo que son, un mensaje político con cierta dosis programática, pero que se llenará de contenido pronto. Y en este sentido es muy valioso que este discurso inaugural haya puesto en el centro de su elaboración temas como los de inclusión social, derechos de la mujer y de los niños y niñas.
Es cierto que han sido temas desarticulados y que se extraña un discurso compacto referido a los diferentes planes que ya existen en favor de los DDHH, el modo en que deben funcionar en relación con el nuevo Plan Nacional de DDHH 2012-2016, cómo hacer para que se cumplan, cómo darle institucionalidad al tema por medio por ejemplo de un Viceministerio de DDHH. En fin, cómo damos el salto cualitativo y ético desde el chorreo, el crecimiento casi vegetativo, el racismo del “perro del hortelano”, y llegamos hasta una política pública que tenga al ser humano como centro.
Y ojo, esto no se logra solo fortaleciendo los programas sociales, siendo estos tan importantes. Esperamos que un enfoque de derechos pueda ser integrado mejor en toda la gestión pública. No se trata únicamente de socorrer a los más vulnerables y los más pobres con ayudas urgentes y solidarias, sino de progresivamente dignificar las condiciones y planes de vida de la gente de modo permanente y sostenible, mediante el fortalecimiento del acceso al empleo, condiciones laborales adecuadas, salarios racionales, regímenes laborales respetuosos de estándares, acceso a la salud, acceso a educación de calidad, acceso a la justicia, acceso al poder por la vía de la participación ciudadana (qué bien nombrados los procesos de presupuesto participativo y los espacios de coordinación locales).
Menciones, eso han sido. Como el combate a la corrupción. Cierto que acá también se señalaron medidas sueltas y básicamente de carácter represivo, algunas propuestas fundamentales (imprescriptibilidad, inhabilitación perpetua) y otras simplemente errores (trabajo obligatorio a los sentenciados por estos delitos). Pero lo que rescato es que parece que hay la voluntad de trabajar el tema y cumplir la promesa de campaña.
Si a esa voluntad política se le agrega la voluntad de escuchar, de recibir los aportes de todos los actores civiles y privados, podemos esperar que se pueda hacer real una política nacional anticorrupción. Una que de verdad funcione. Y que enlace el Plan Nacional Anticorrupción con un ente rector que lo implemente y que tenga los recursos y la autoridad para hacerlo; que la nueva legislación necesaria, articule a los diferentes sectores involucrados desde la Contraloría hasta el último policía pasando por el sistema de justicia y el debilitado sistema de procuradurías. Este gobierno puede aprovechar para planificar y dar en los primeros meses un gran shock de combate a la corrupción que legitime y devuelva la fe a los ciudadanos en sus autoridades.
Menciones, sí. Como las reparaciones individuales y colectivas a los afectados por la violencia política. Que no es lo mismo que decir “implementar las recomendaciones de la CVR”. Pero repitiendo, que muestran una voluntad que debe ser complementada. Que permite tener por lo menos cierta esperanza en que este tema puede también caminar.
Y ya que estamos en menciones, debo terminar señalando que es agradable ver a un político que se reafirma en sus propuestas de campaña, por lo menos en algunas centrales. Estamos tan acostumbrados a que los que llegan al poder mientan una vez puestos en el cargo, que estos modestos anuncios sostenidos parecen presentar a un personaje por lo menos coherente.
Pero han sido menciones. El presidente ha hablado hoy, con muchos guiños y mensajes entre líneas para varios sectores. No debemos caer en la ingenuidad de creerle sin más. Estas menciones podremos evaluarlas en un primer momento con la presentación del gabinete Lerner y luego, en los actos de gobierno mismo, en los primeros meses donde ya no habrá campaña ni discursos, sino negociaciones, discusiones y decisiones. Hasta eso, buena suerte.
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