Hace unos días, César Lévano recibió el premio Periodismo y Derechos Humanos, y si bien se trata de un galardón otorgado por las organizaciones que defienden los DDHH en nuestro país, sin duda expresa el reconocimiento y el afecto de todos los que aman la justicia, la dignidad, la honestidad y la cultura.
César Lévano encarna todos estos valores con entereza, sin asomo de presunción ni aspavientos. Lo ha hecho toda su vida, como una expresión natural de su personalidad. En un medio profesional en el que pululan los ejemplos del oportunismo, la falta de escrúpulos y la venalidad, en el que comunicadores y medios de comunicación venden su conciencia y su independencia como la cosa más natural, la trayectoria de César Lévano brilla como una excepción que rescata y ennoblece el oficio.
Se ha resaltado la contribución de César Lévano como profesional y como hombre identificado invariablemente con la lucha por la justicia. Por eso sufrió sin queja persecución y cárcel, que en su caso son otra razón de orgullo. En nuestros tiempos de individualismo exacerbado, esta clase de hombres capaces de sacrificarse por el ideal de una sociedad mejor son vistos como una especie rara y están cada vez más solos. Pero no importa, Lévano sigue su camino ejemplarmente, sin mella, a una edad en que ya todos estaremos jubilados y fatalmente vencidos.
Pero quiero resaltar especialmente la calidad de César Lévano como hombre culto. Como uno de los últimos representantes de la ilustración en nuestro periodismo y la vida ciudadana en general. Es una ironía, pero hoy, cuando la formación profesional es una regla sin excepciones y todos pasamos por innumerables postgrados y diplomados, somos cada vez menos cultos, más ignorantes. El saber práctico y excesivamente especializado, que hace a un lado las humanidades como si fueran un estorbo, nos hace miopes y por tanto profesionalmente incompetentes, pero no queremos darnos cuenta.
César Lévano es uno de nuestros últimos humanistas cotidianos. Un hombre sencillo, que no buscó riqueza pero sí se enriqueció de conocimiento. Que vive para la justicia y la cultura. Allí están sus crónicas y reportajes, sus contribuciones a la historia del movimiento obrero, sus poemas, sus canciones, su permanente animación de la vida cultural. Y todo ello logrado sin mucha escuela, con su propio y ejemplar esfuerzo autodidacta. Como los ilustrados obreros anarcosindicalistas de cuya estirpe desciende.
