Este proyecto se debe hacer pero bien y no a la diabla.
Por: Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
El MEF está pagando el pato de la enorme presión para sacar adelante el proyecto de Olmos “de cualquier manera” y “pese a quien le pese” –como ha dicho el presidente Alan García– por su pachocha para tomar una decisión oportuna sobre una obra que es, para los lambayecanos, lo que el Maracaná es para los cariocas, pero incluso esa parsimonia lamentable no justifica que esta inversión se deba hacer a la diabla, lo que no implica seguir postergándola.
El proyecto tiene tres componentes: túnel de trasvase de aguas del río Huancabamba a la cuenca del río Olmos (ya en ejecución); construcción de centrales hidroeléctricas que utilizan las caídas de agua que genere el trasvase; e irrigación con las aguas trasvasadas a la cuenca de la zona.
El proyecto se planeó hace más de un siglo y su avance ha sido lento y frustrante. Durante el gobierno de Alejandro Toledo se dio el paso decisivo para la fase del túnel de trasvase, pero faltaba que el MEF –a través de Proinversión– tomara una decisión sobre las dos siguientes, lo cual se estuvo postergando.
Con dicho fin, contrató a la consultora Nippon Koei para que diseñe un esquema que fuera viable y asegurara que el componente de irrigación repague la ejecución de la garantía soberana por el trasvase Olmos. El MEF cree en este proyecto, pero debe tomarse el trabajo de ir a explicarlo a los lambayecanos.
En el camino, sin embargo, Odebrecht planteó una iniciativa privada –mecanismo previsto en la ley– pero con un esquema que al MEF le produce desconfianza porque, entre otros aspectos, abre opciones de renegociación futura que podrían hacer que, al final, la lavada salga más cara que la camisa al Estado.
A pesar de ello, se ha lanzado un tremendo lobby por el plan de la empresa brasileña. El premier Javier Velásquez Quesquén –chiclayano que sabe que aquí está su reelección perpetua en el Congreso– casi se ha vuelto un agitador de masas por esta alternativa, mientras que el Parlamento aprobó ayer una moción de respaldo al plan de Odebrecht en Olmos.
Y ya se sabe que cuando están en juego los intereses de empresas brasileñas en el Perú, el presidente García casi que se transforma en bailarín de sambódromo, mientras que la entusiasta y bullanguera ‘torcida’ periodística ya debe estar desplegando banderas.
A pesar de ese ‘sólido norte’, el MEF debe reaccionar reconociendo su grave error de no actuar a tiempo –defraudando así una legítima expectativa lambayecana–, y asegurando su compromiso inequívoco con el proyecto de Olmos para garantizar su concreción pero bien hecho, y no –como suelen decir cuando algo raro se cocina– “de cualquier manera” y “pese a quien le pese”.
