Por Augusto Álvarez Rodrich
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Es fundamental romper la desconfianza.
El ambiente enrarecido por las muertes de Bagua y el endurecimiento del debate sobre este hecho deben ser enfrentados por el propio presidente Alan García, en su condición de principal responsable político del país, a través de un cambio de actitud que abandone la arrogancia y la falta de autocrítica.
Esa actitud se expresa en el comercial lanzado por el gobierno como respuesta post-mortem a la tragedia de Bagua, el cual es lamentable pues invita a una mayor violencia y denigra a la población amazónica. El spot es la versión publicitaria de la teoría presidencial del ‘perro del hortelano’.
Este se difunde en un contexto de enfrentamiento creciente entre peruanos donde, por si fuera poco todas las muertes de Bagua, se suman debates de callejón en el Congreso, periodistas que se creen el serenazgo del oficialismo para perseguir a colegas que no se matriculen en sus filas, o el envío de portátiles con búfalos a la embajada de Nicaragua, entre otras expresiones que no le hacen ningún bien al país. Asimismo, lo que está sucediendo puede afectar el clima requerido para atraer inversión privada. Para empezar, en estas circunstancias, es difícil que alguien se aventure a invertir en la selva.
La respuesta a un momento como este es el diálogo que rompa la desconfianza e identifique opciones con creatividad y espíritu constructivo. Hoy parece difícil pero se puede conseguir con algunos cambios en relación con lo que ahora ocurre.
Mientras el gobierno parece irreductible en la posición que ha contribuido al panorama que hoy tenemos, la solución que muchos sugieren ahora es un cambio del gabinete. Sin duda, caras nuevas siempre ayudan a reabrir el diálogo en mejores condiciones, pero no servirían de nada si el nuevo equipo tiene que seguir el mismo libreto que prendió la mecha en la selva.
Si el presidente insiste en el rollo de la invasión extranjera que se aprovecha de la ignorancia de nativos con vocación de terrorista, y continúa con su spot lamentable, los eventuales relevos en el gabinete no servirían de nada.
Algunos creen que cualquier retroceso del gobierno se interpretaría como expresión de debilidad que aprovecharían otros sectores con demandas. Otros creemos que un mensaje del propio jefe de Estado que invoque a la concordia nacional, y convoque a todas las partes, dejando de lado la arrogancia –empezando por la suya–, engrandecería la presidencia de García y ayudaría a construir un mejor entorno para los dos años que le quedan.
Y si la propia personalidad del presidente es un obstáculo para ese cambio de actitud, podría conseguirse un premier con el mandato y la libertad para hacer lo que su ego le impide pero el país le demanda.
