Las críticas al premier provienen de varios lados.
Sus defensores dicen que la ola creciente de críticas al premier Óscar Valdés solo es una venganza de los izquierdistas a los que él botó del gobierno, pero la verdad es que la marea alta proviene de varios lados.
Es obvio que los izquierdistas que acompañaron a Ollanta Humala desde el año 2006 quedaron con sangre en el ojo por las definiciones del gobierno y –aunque no lo reconozcan– por su incapacidad de acompañar al presidente en decisiones sensatas que no implican un alejamiento del objetivo crucial de la inclusión social. Por el contrario, apuntalan mucho mejor su posibilidad de concreción.
Estos izquierdistas le han puesto la puntería a Valdés por ser este una expresión parcial de las políticas definidas por el gobierno y, también, para dejar una puerta abierta y no pelearse con el presidente Humala a la espera de que este ‘recapacite’.
Pero esos izquierdistas no son los únicos que lo critican. Están, también, varios analistas que no son precisamente de esa izquierda tradicional y donde hay varios ‘derechistas’.
Estos creen –como este columnista– que el premier Valdés tiene una aproximación arrogante e ingenua a la política –como en Conga–; que carece de capacidad de diálogo; que le abre frentes innecesarios al gobierno; y que sus declaraciones significan una contradicción con principios que el presidente Humala defendió en la campaña y que no está dispuesto a abandonar, como la defensa de los derechos humanos o una distancia prudente frente al fujimorismo.
Pero izquierdistas y el grupo variopinto de analistas que va desde la centroizquierda hasta la derecha –la decente y democrática, no la DBA– no son los únicos que critican a Valdés.
También están dirigentes del gobierno que han discrepado con varias posiciones del premier, como la de su visión teatral de la CVR. Por ejemplo, el presidente del Congreso, Daniel Abugattás, o la vicepresidenta Marisol Espinoza, quien ha dicho: “Decirles a esas familias: ‘Oye, ¿sabes qué?, lo que tú haces es teatro’ no es solamente una falta de respeto al dolor de estas personas, sino a lo que ellas sufrieron y siguen sufriendo”.
Es claro que no le va bien al premier Valdés. Sin embargo, como ha señalado antes esta columna, la razón principal para mantenerlo en el cargo es que, simplemente, tres presidentes del consejo de ministros en solo siete meses de gobierno es, cómo decirlo, un poco rochoso ¿no?
Para no complicar más las cosas –las suyas y las del gobierno–, Valdés debiera esforzarse por dialogar mejor –como lo ha empezado a hacer en el último par de días, cuando se ha visto en riesgo– pero no solo con los que durante la campaña agraviaron a Humala, que es el sector con el que el premier parece sentirse más cómodo.
