Augusto Álvarez Rodrich
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Apoyos ridículos para defenestrar al jefe de la Policía.
TUMBES.- El intento de bajarse al director general de la Policía es tan patéticamente obvio que lo más sorprendente y ridículo de lo sucedido es la reacción tan candelejona de algunos medios que han pedido inmediatamente su renuncia, con argumentos propios de señora conservadora y que coinciden con los que seguramente promueven los sectores delincuenciales detrás de esta movida.
Los videos muestran al general Miguel Hidalgo en un hostal con una mujer que no es su esposa. Los que filmaron –hay indicios de que lo hizo un equipo de la propia policía– y difundieron el material tienen la intencionalidad inequívoca de sacar de la dirección de la Policía a quien ha dirigido las investigaciones de los chuponeadores de Business Track y de la familia Sánchez Paredes, acusada por vinculación con el narcotráfico.
Me enteré de la noticia aquí en Tumbes, donde un participante del taller de periodismo que vine a dictar por invitación de la Universidad César Vallejo mencionó el caso del general Hidalgo justo cuando planteé que los medios no deben invadir la intimidad y la privacidad de las personas públicas salvo que esto fuera indispensable para demostrar un mal uso de recursos del erario o un tráfico de influencias indebidas.
Es obvio que eso no ha ocurrido en las revelaciones sobre el general Hidalgo, salvo para un medio que cree que este debe “asumir las consecuencias de sus actos” (¿sexuales?); que él debe “liderar con el ejemplo” a los policías; que él no puede ponerse en esos riesgos por su seguridad; que ese video demuestra que no posee una “conducta y moral intachable”; y que su visita al hostal lo inhabilita para ser “una persona de fiar”.
También, que Hidalgo ha violado un reglamento –establecido durante el paso nefasto de Mercedes Cabanillas por el Ministerio del Interior– que sanciona “las relaciones extramaritales que causen escándalo”, lo cual implicaría que una encamada no escandalosa sí estaría autorizada, aunque antes habría que identificar qué entienden por ‘escándalo’ algunos periodistas que, por graciosos, podrían postular a ‘El Otorongo’.
Lo que sí es relevante saber es quién hizo el seguimiento: ¿los chupes de BTR, los Sánchez Paredes, otros delincuentes, o policías molestos por decisiones que los perjudicaron y que usan los recursos de la institución para sus fines particulares?
El general Hidalgo y el mando policial debieran ser evaluados y eventualmente ratificados o despedidos por su desempeño al frente de una institución clave del país que sigue enfrentando severos problemas, pero no en función de con quién comparten sábanas.
Por lo demás, no dejaría de ser irónico que el presidente Alan García tuviera que firmar el cese de un policía por ‘practicar’ relaciones sexuales extramatrimoniales, ¿no?
