Jaloneo entre La Gran Transformación y La Hoja de Ruta.
Entre un sector ‘derechoso’ que hoy lo mira con algún entusiasmo, y un sector ‘izquierdoso’ que siente que lo está perdiendo y le pide ‘definiciones’, el presidente Ollanta Humala ha ingresado al tramo complejo de su gobierno en el que debe escoger con quién va a gobernar.
Para alguien que se siente más cómodo en el comentario ambiguo que en la definición rotunda, las últimas semanas han sido claves en su proceso de decisiones (e indecisiones).
Minas Conga fue el factor que aceleró el debate en Palacio en el sentido de sostener que el proyecto ‘va’ aunque con condiciones que aseguren beneficios para la población y el cuidado del ambiente. Pero la minería es solo la punta del iceberg del gran paquete definitorio que enfrenta el presidente.
Varias reuniones de alto nivel como las de Honolulu en el marco de APEC, de la V Cumbre Empresarial China-América Latina celebrada en Lima, y las sostenidas ayer por el presidente Humala con los jefes del BID y de la CAF, son el telón de fondo de las decisiones que está tomando el presidente.
Las reacciones distintas de intelectuales de ambos lados de la mesa permiten interpretar la disyuntiva que enfrenta hoy el presidente. Jaime de Althaus cree que el anuncio minero de Humala es una expresión de que está “recuperando el liderazgo” y que “debería ser el punto de partida para restablecer el principio de autoridad”.
Nelson Manrique considera, en cambio, que el presidente Humala está frente a un dilema histórico ante el cual tiene que definirse entre los compromisos de la campaña y un rumbo neoliberal que implicaría traicionar a su base social.
‘La Gran Transformación’ de diciembre de 2010 le sirvió a Humala para ganar la primera vuelta, y ‘La Hoja de Ruta’ de junio de 2011 le dio el triunfo en la segunda vuelta. El problema es que, entre ambos planes, hay diferencias relevantes que ahora deben ser articuladas en un programa coherente y que debe ser, además, aceptado por dos sectores que miran al presidente con gran desconfianza: el empresarial y el regional/sindical.
La solución no es elegir por uno u otro, sino integrar, articular, agregar, alrededor de una plataforma que concrete, en la práctica, el ansiado crecimiento con inclusión social, y que obtenga confianza y credibilidad de los dos sectores que hoy jalonean al presidente.
Parece que hay un Ollanta para cada gusto, o que cada persona ha construido su propio Ollanta según su expectativa particular. El riesgo es que ninguno le dé el tiempo suficiente para lograr dicho acuerdo y acaben reventando la escena por cualquiera de los dos extremos. No queda otra que hacer política.
